Personas indígenas con discapacidad exigen inclusión, no becas
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Punto Seis, AC

Personas indígenas con discapacidad exigen inclusión: “AMLO se olvidó de nosotros y nos anuló de sus políticas”

Desde Oaxaca, quienes conforman el Centro de Formación Integral Ayuujk urgen al gobierno federal a entender la discapacidad con amplitud y a diseñar políticas públicas en la materia, que vayan más allá de la entrega de apoyos.
Punto Seis, AC
19 de septiembre, 2022
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Juventino Jiménez, de 43 años, es un maestro indígena Ayuujk con discapacidad visual originario de Santa María Tlahuitoltepec, un pueblito situado en las faldas del cerro sagrado de Cempoaltépetl, una de las montañas más altas de Oaxaca.

Ahí, en “Tlahui”, como se refiere con cariño a su comunidad mixe, el maestro lleva 11 años formando parte del Centro de Formación Integral Ayuujk, junto a otras 25 personas indígenas, además de padres de familia. 

En todo ese tiempo, Juventino, que también es presidente de la organización civil Punto Seis —en referencia al sistema Braille—, dice que en el centro han atendido a más de 300 personas de la comunidad y de múltiples rancherías de los alrededores, con diferentes tipos de discapacidad.

“Al centro vienen hombres, mujeres y niños con discapacidades que van de la psíquica, sensorial e intelectual, hasta otras como la visual. Y son en su mayoría campesinos de escasos recursos que cuidan ganado y que, incluso, se atreven a utilizar un arado para trabajar la tierra. Son compañeros y compañeras que forman parte de la comunidad, pero que, a veces, tienen temor a mostrarse porque no quieren ser señalados”, explica. 

Por ello, uno de los talleres más populares que se imparte en el centro es el de fotografía, con el que se busca que las personas indígenas con discapacidad capturen y retraten su vida diaria. Por ejemplo, hay fotos de mujeres indígenas con discapacidad visual que hacen tortillas a mano o de mujeres con Síndrome de Down que trabajan en el campo y en su casa. 

“Queremos que la gente vea todo lo que hacemos las personas indígenas con discapacidad —apunta el maestro—. Y queremos mostrarlo desde un enfoque muy distinto al de la lástima o el asistencialismo”. 

Sin embargo, la operación del centro, que es la única alternativa a unas autoridades que no llegan a la comunidad o que lo hacen con dificultad, es cada vez más compleja: los recursos son escasos y cada vez más difíciles de conseguir, y ni siquiera la puesta en marcha de otros proyectos como una envasadora de mezcal artesanal ha sido suficiente para garantizar su operación. 

Por ello, la beca de 2 mil 800 pesos bimestrales que ofrece el gobierno federal es prácticamente la única alternativa que les queda a muchas personas que asisten al centro. No obstante, el maestro Juventino dice que no todas la reciben, y que estas becas, que se limitan a la entrega de dinero, no sirven para capacitarse o acceder a un trabajo, educación o salud, ni para favorecer la plena inclusión en una sociedad que continúa discriminándolas.  

“Yo creo que las pensiones de discapacidad son un acierto, algo que los anteriores gobiernos no hicieron”, opina. “Sin embargo, soy enfático al señalar que una beca no puede ser la única política nacional, pues existen muchos trayectos que recorrer para que todas las personas con discapacidad seamos escuchadas”. 

Maestro Juventino

FOTO: Punto Seis, AC

“Necesitamos políticas públicas más que una beca”

Entre 2019 y septiembre de 2021, la Secretaría de Bienestar, dependencia que tiene a su cargo la entrega y operación de las becas a personas con discapacidad, gastó 36 mil 800 millones de pesos, de los que algo más de 10 mil millones se ejercieron solo en el primer semestre de 2021. 

Sin embargo, en esos tres años de operación el alcance de la beca fue corto. Y lo ha sido desde el planteamiento mismo del programa, que no es de carácter universal: en el país hay casi 21 millones de personas que tienen alguna discapacidad, de las cuales 6 millones 179 mil tienen discapacidad permanente, según datos del censo de población 2020 del INEGI. No obstante, tal como documentó Animal Político en un reportaje en septiembre de 2021, el programa social solo tenía como meta llegar a 1 millón de beneficiarios, es decir, apenas a 16% de ese universo. 

Para 2023, el proyecto de presupuesto solicitó algo más de 24 mil millones de pesos, 14% al alza en comparación con este año, en términos reales. Pero, aun así, muchas personas con discapacidad continúan fuera de las ayudas. 

Soralla Procopio López, mujer indígena mixe de 27 años con debilidad visual, lleva cuatro años sin éxito intentando acceder a la beca. Los Servidores de la Nación, que son los voluntarios de la Secretaría de Bienestar que van por las poblaciones analizando los casos y recibiendo la documentación, no consideran que forme parte del grupo al que va dirigido el apoyo, que son niños, niñas, adolescentes y jóvenes de cero a 29 años, y personas de 30 años y hasta un día antes de cumplir 65 que habiten en municipios y localidades indígenas o afromexicanas, o en municipios con alto o muy alto grado de marginación. 

“Como trabajo en una radio comunitaria, me dicen que cómo es posible que sea débil visual si puedo ocupar una computadora o puedo moverme. Ellos creen que una persona con discapacidad no puede hacer absolutamente nada”, critica la mujer, que denuncia que los servidores no reciben capacitación sobre los múltiples tipos de discapacidad que existen. “No saben qué es la discapacidad”

Soralla ha recurrido a un abogado para tratar de conseguir que le den la ayuda por medio de un amparo ante un juez, aunque en entrevista lamenta que es demasiado el esfuerzo y el desgaste por una beca “que es mínima y que no te resuelve prácticamente nada”. 

“Se necesitan políticas públicas que generen fuentes de empleo para las personas con discapacidad. Eso lo necesitamos mucho más que unos 2 mil 800 pesos cada dos meses que no te alcanzan para casi nada”, pide la mujer. 

“Necesitamos que seamos tomados en cuenta. Porque, ¿quieres estudiar? Pues no puedes hacerlo porque tienes discapacidad y nadie te ayuda. ¿Quieres un trabajo digno? Tampoco puedes hacerlo porque tienes discapacidad”. 

Y a todo esto, apunta Soralla, hay que sumarle la fuerte discriminación que continúa existiendo en contra de las personas con discapacidad, especialmente en los contextos rurales e indígenas. 

“En la comunidad hay mucha discriminación. La discapacidad está muy mal vista, sobre todo por los propios familiares que tienen el estereotipo de que alguien con discapacidad es una persona ‘malita’ que no puede hacer nada, y que lo mejor es que no lo saquen de casa”, explica la mujer. 

Carta a AMLO

Ante esta situación, Juventino dice que es imperativo que las autoridades de los tres niveles de gobierno implementen políticas públicas “transversales” que atiendan la discapacidad desde un enfoque que vaya mucho más allá que el médico o de salud. “Se necesita que sea atendido por las secretarías de Educación, de Bienestar, del Trabajo, de Salud… Es decir, se necesita una respuesta integral y transversal para tener garantizados todos los derechos de las personas con discapacidad”.  

Para explicarle esto al presidente Andrés Manuel López Obrador, el maestro indígena fue el pasado 14 de septiembre a Palacio Nacional a dejarle una carta, en la que si bien le reconoce el interés en tratar de apoyar a un grupo históricamente olvidado y discriminado, también le recuerda que continúan viviendo “una frustrante realidad” de “discriminación, exclusión, marginación, sumado a una educación que no tiene nada de incluyente”.

“En 2018 me sentí muy feliz, como si yo hubiera llegado a la presidencia, pues sentí que al fin llegaba ese momento donde las personas con discapacidad disfrutaríamos de la ‘cuarta transformación’”, expuso el maestro en su carta. 

Pero usted se olvidó de nosotros, nos anuló de sus políticas públicas medulares: educación, salud, trabajo y una verdadera inclusión social”, criticó, y dijo estar cansado de que desde la sociedad y los gobiernos se les vea “como enfermos que no servimos para nada”. 

  
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Ayman al Zawahiri: cómo la CIA encontró y mató al sucesor de Bin Laden en Afganistán

Luego de estar prófugo por más de 20 años, el hombre falleció en un ataque con drones.
2 de agosto, 2022
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Cuando el año pasado Estados Unidos se retiró apresuradamente de Afganistán, el presidente Joe Biden prometió no permitir que el nuevo régimen de los talibanes hiciera del país un refugio seguro para los terroristas.

Esto dejó claro que, para la administración de Biden, la prolongada guerra contra el terrorismo no se acercaba a su fin.

Casi un año después, los principales asesores de seguridad del presidente le sugirieron que agentes de inteligencia podrían haber localizado al líder de al Qaeda, Ayman al Zawahiri, en Afganistán.

Un objetivo de alto valor

En sesiones informativas, autoridades del gobierno indicaron a la prensa que creían que Al Zawahiri había regresado a Afganistán el año pasado, tras producirse el colapso del gobierno respaldado por Occidente.

Los espías estadounidenses prestaban especial atención a Afganistán desde la retirada de sus tropas, en busca de señales de que los líderes de al Qaeda estuvieran regresando poco a poco al país, declaró un asesor de Biden.

Ayman al-Zawahiri. Junio de 2011

AFP
Aún no es claro qué ocurrió con el cuerpo de Al Zawahiri luego del ataque.

Al Zawahiri se habría instalado con su esposa e hija en un gran complejo con altos muros protectores en el centro de Kabul.

El barrio que escogió, un área relativamente próspera llamada Choorpur, había acogido embajadas y viviendas de diplomáticos extranjeros bajo la anterior administración.

Ahora, la mayoría de los altos funcionarios talibanes viven en las lujosas instalaciones de esa zona.

A principios de abril, autoridades de la CIA comunicaron algo importante a los asesores de Biden y luego al propio presidente: habían identificado una red que apoyaba al líder de al Qaeda y su familia, según varias fuentes de inteligencia.

Los espías estudiaron patrones de comportamiento de los residentes de la casa, incluidos los particulares gestos de una mujer que los espías identificaron como la esposa de Al Zawahiri.

Los funcionarios aseguraron haber reconocido su uso de las “habilidades” terroristas al intentar evitar el acceso de personas a la vivienda de seguridad de su esposo en Kabul.

Observaron que, desde que llegó a la casa, Al Zawahiri nunca abandonó las instalaciones y tenía el hábito de asomarse, de vez en cuando y por cortos periodos, a un balcón frente a los muros de la propiedad.

Lee: El día que mataron a Osama Bin Laden

Cómo se planeó la operación

Para Biden, la oportunidad de matar a uno de los hombres más buscados por Estados Unidos entrañaba muchos riesgos.

Al Zawahiri vivía en un barrio residencial densamente poblado.

Probablemente Biden tenía presente no repetir ciertos errores, como el ataque con aviones no tripulados que mató accidentalmente a 10 inocentes en Kabul entre ellos un trabajador humanitario y siete niños en los últimos días de la presencia estadounidense en Afganistán.

Mapa de donde se cree ocurrió el ataque

En mayo y junio, el líder estadounidense se centró en la guerra en Ucrania y en impulsar una legislación histórica sobre el control de armas y el cambio climático.

Pero, en secreto, un grupo “muy pequeño y selecto” de altos funcionarios de inteligencia preparaba varias opciones para mostrárselas.

Biden había encargado a los agentes de inteligencia asegurarse que en el ataque no murieran civiles, incluyendo la familia de Al Zawahiri y funcionarios talibanes.

El 1 de julio, el presidente estadounidense reunió a altos funcionarios, entre ellos el director de la CIA, William Burns, y la directora de inteligencia nacional, Avril Haines, para una sesión informativa.

Biden evaluó junto a sus asesores un modelo a escala de la vivienda de Al Zawahiri que los agentes de inteligencia habían construido y llevado a la Casa Blanca.

“Se centró particularmente en garantizar que se tomaran todas las medidas necesarias para garantizar que la operación minimizara ese riesgo”, declaró un asesor principal.

Biden pidió información sobre la estructura del edificio y, en particular, sobre cómo recibiría el impacto de un proyectil, antes de volar a Camp David para un receso de fin de semana.

En las semanas siguientes, los funcionarios se reunieron en la sala de crisis de la Casa Blanca, un centro de comando similar a un búnker bajo el edificio pensado para que el presidente controle situaciones límite dentro y fuera del país.

Planearon metódicamente la operación, tratando de anticipar cualquier pregunta que pudiera hacer el presidente.

En paralelo, un reducido equipo de abogados se reunió para evaluar la legalidad del ataque y concluyó que Al Zawahiri era un objetivo legítimo por “su papel de liderazgo continuo en al Qaeda, y su participación y apoyo operativo para los ataques del grupo”.

El 25 de julio, tras convocar a su equipo por última vez y pedir la opinión de sus principales asesores, Biden autorizó el ataque.

Inquietud entre los talibanes

A las 6:18 hora local, dos misiles Hellfire disparados por un dron alcanzaron el balcón de la casa de Al Zawahiri, matando al líder de al Qaeda. Los miembros de su familia resultaron ilesos, informaron autoridades de inteligencia.

Las ventanas de la casa parecían destruidas, pero sorprendentemente no se observaban más daños.

Muchos analistas creen que se utilizó una versión poco conocida del misil Hellfire, sin ojiva explosiva.

El cohete que se usó en el ataque

Esta variante llamada AGM-114R9X posee seis cuchillas que se despliegan en la superficie del misil a medida que se acerca al objetivo.

La energía cinética provocada por la velocidad de esta arma es lo que causa la destrucción, ya que hace trizas todo lo que alcanza y minimiza los daños colaterales.

A miles de kilómetros de distancia, en Washington, el presidente fue informado del éxito de la operación.

El domingo, el Ministerio del Interior talibán comunicó al medio local Tolo que un cohete había impactado en una vivienda vacía sin causar víctimas. No aportó detalles adicionales en ese momento.

Sin embargo, poco después la administración Biden anunció que combatientes de la red Haqqani, un ala ultraviolenta de los talibanes, habían sacado a la familia de Al Zawahiri del lugar y tratado de encubrir su presencia.

Cuando un periodista de la BBC acudió la mañana del lunes a la vivienda, un cordón del talibán lo detuvo, apuntándole con rifles e insistiendo en que “no había nada que ver”.

La supuesta locación del ataque con drones

BBC
Este es el supuesto sitio en el que se mató a Al Zawahiri.

Funcionarios estadounidenses afirmaron que “múltiples” fuentes de inteligencia habían confirmado la muerte de Al Zawahiri, pero enfatizaron que no hay personal estadounidense sobre el terreno en Kabul.

Se negaron a dar más detalles sobre cómo fue posible confirmar el éxito del ataque.

El cuerpo

Las agencias de inteligencia preservan con celo las identidades de sus espías. James Clapper, exdirector de inteligencia nacional durante la presidencia de Barack Obama, explicó a BBC que los exaliados de EU en Kabul pueden haber proporcionado alguna información.

No está claro qué ocurrió con el cuerpo de Al Zawahiri tras el ataque.

Según fuentes de la administración Biden, las autoridades de Estados Unidos no trataron de recuperar los restos de Al Zawahiri, a diferencia de la operación en la que se dio muerte a Osama Bin Laden.

En aquella ocasión, las fuerzas especiales recuperaron el cuerpo de Bin Laden para confirmar su identidad antes de lanzarlo al mar para evitar que su tumba se convirtiera en un santuario para los islamistas.

Mientras Biden transmitía la noticia al mundo desde la Casa Blanca, los líderes talibanes condenaron enérgicamente la incursión de Estados Unidos en su territorio.

Pero en sus comentarios no mencionaron a Al Zawahiri.

Ahora toca preguntarse hasta qué punto los altos líderes talibanes sabían de la presencia de Al Zawahiri en Kabul y qué ayuda le podrían haber estado brindando.

Un afgano que vive en la zona aseguró a BBC que los combatientes talibanes habían estado vigilando la calle y que la presencia de “residentes no afganos” era un secreto a voces entre los vecinos.

Es probable que esta hipótesis plantee algunas preguntas incómodas para los líderes talibanes.

Informes adicionales sobre el sistema Hellfire de Chris Partridge.


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