Niñez trabajadora: comercio, tercera actividad más común en espacio público
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Marcela Nochebuena

El comercio es la tercera actividad más frecuente para la niñez trabajadora en el espacio público; ONG impulsa puntos fijos

El trabajo infantil se define como cualquier trabajo que priva a las niñas y niños de su potencial y de su dignidad; es perjudicial para su desarrollo físico y psicológico e interfiere con su escolarización y desarrollo.
Marcela Nochebuena
Por Marcela Nochebuena
10 de octubre, 2022
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Kaori tiene 11 años. Es hija de Beatriz Lerdo, quien trabaja como comerciante en el paradero de Indios Verdes en la ciudad de México

Desde hace unos meses ha encontrado inspiración en las educadoras que le han enseñado que, como niña, tiene derecho a no tener que trabajar. De grande quiere ser como una de ellas, Angélica, quien dirigía un centro comunitario en la colonia Morelos y falleció hace unos meses. 

Situaciones como esta y la falta de visibilización del trabajo infantil dieron origen al proyecto de Ednica, el cual pretende la disminución de la participación laboral de niñas, niños y adolescentes en el espacio público, cuyos principales puntos de vinculación son paraderos, cruceros y corredores de comercio en vía pública. 

De acuerdo con Ednica, no existen datos específicos, programas e información detallada sobre cuántos niños y niñas lo hacen en la ciudad de México.

En su estudio La infancia cuenta en México. Trabajo infantil 2021, la Red por los derechos de la infancia (REDIM) señala que en México 4 de cada 10 personas de 5 a 17 años que trabajan aportan algún ingreso al hogar, mientras que 1 de cada 4 niñas, niños y adolescentes que trabajan lo hacen porque su hogar necesita ayuda. 

En tanto, la más reciente Encuesta Nacional de Trabajo Infantil (ENTI, 2019) revela que el trabajo como comerciantes, empleados en ventas y agentes de ventas ocupa el tercer lugar de las ocupaciones no permitidas para las 3 de cada 30 personas de entre 5 y 17 años que trabajan.

Ednica subraya que en la Ciudad de México, es difícil tener un diagnóstico y estadística clara sobre la niñez trabajadora, por la falta de interés de las autoridades.

A esto se suman las limitaciones en la continuidad de las acciones de gobierno: 

“No tenemos datos, no tenemos un programa; se hace con cierta periodicidad un conteo o censo de personas que habitan en la calle, pero no información sobre cuántas niñas y niños trabajan en el espacio público (aunque no vivan en él). En principio, hay que reconocer la problemática, hacer un diagnóstico pertinente, porque sí podemos suponer que, por ejemplo, en Iztapalapa, haya una gran cantidad, pero no tenemos los recursos o medios para hacer un sondeo, una revisión”, asegura Bertha Bocanegra, directora de procesos educativos y ejercicio de derechos de Ednica.

Además, cuando se trata de otras zonas como las alcaldías Gustavo A. Madero, Tláhuac o Milpa Alta, persiste una idea romántica de lo rural y no se toma en cuenta. 

A esto se suman los modelos de intervención de las instancias gubernamentales, pues no existen programas específicos, pero cuando se desarrollan estrategias, se enfocan en la distribución de recursos, que no son suficientes y no alcanzan para resolver la problemática.

“Tendría que haber una visión muchísimo más amplia de la resolución de los problemas sociales, no solo a través de estos mecanismos. Hay que hacer un análisis mucho más profundo de la problemática, estudiarla, analizarla, conocerla, para que se establezcan políticas que permitan que todas estas personas puedan vivir conforme a derecho”, añade Bocanegra. 

¿Qué es el trabajo infantil?

El trabajo infantil se define como cualquier trabajo que priva a las niñas y niños de su potencial y de su dignidad; es perjudicial para su desarrollo físico y psicológico e interfiere con su escolarización y desarrollo. Además, niega posibilidades de asistir a la escuela regularmente y desarrollar todas las habilidades escolares, o incluso les obliga a que abandonen sus estudios en etapas prematuras.

“Eso conlleva una serie de riesgos vinculados con violencias. Aquí también podemos ver una mirada específica con perspectiva de género donde las niñas y las adolescentes están mucho más expuestas a violencia sexual, consumo de sustancias psicoactivas a una muy temprana edad y a la normalización del trabajo infantil, donde todo su proyecto de vida está determinado por las condiciones que se generan en el trabajo y no se puede hablar de un proyecto alineado a los derechos humanos”, explica Patricia Secunza, directora de Ednica. 

Uno de los aspectos más difíciles para Ednica es romper con la normalización del trabajo infantil como “ayuda” que requieren las familias. 

En el paradero de Indios Verdes, muchos hijos de comerciantes trabajan con ellos. Antes, según sus mamás, solían ayudarles a vender, pero al menos desde las intervenciones que hace Ednica –dos veces por semana– han aprendido que no trabajar es uno de sus derechos.

Aprendiendo sobre sus derechos

Los miércoles por la tarde, afuera del mercado, las educadoras atraen y concentran a niñas y niños que, de otro modo, estarían con sus padres trabajando. Ahí hacen diferentes actividades, les enseñan sobre sus derechos y los ayudan a perfeccionar conocimientos y habilidades escolares. 

Beatriz, de 34 años y mamá de Kaori, cuenta que ahora le es más fácil hablar de sus condiciones de vida y de sus emociones; ella también ha recibido acompañamiento psicológico como parte de la intervención de la organización. Su puesto tiene que funcionar todos los días con una hija que estudia por las mañanas, Kaori, y uno de 13 años que estudia por las tardes. 

Todos los días, Beatriz instala su puesto, luego recoge a la más pequeña de la escuela, le da de comer y después lleva a su hijo de 13 años a la secundaria. Ahora Kaori se queda en las inmediaciones del paradero haciendo su tarea y dándole prioridad a sus estudios. Cuando acaba el día, la familia regresa a su casa que está ubicada cerca del Reclusorio Norte.

Beatriz vio a las educadoras en las actividades que organizan con la niñez trabajadora del paradero por las tardes, y quiso que su hija fuera parte de ellas. Beatriz recuerda que ella creció de una manera diferente, trabajando siempre; es el “proceso” natural para muchas familias de comerciantes. 

La madre de Kaori lleva 15 años con su puesto de Indios Verdes, pero empezó a trabajar desde muy niña en Puebla. Su mamá se dedicaba a la alfarería y por ende le enseño para que después ella fuese a venderlo a otras partes. 

Ahora, los hijos de Beatriz solo le ayudan a poner el puesto y de vez en cuando a dar información cuando les preguntan por algún producto, pero la prioridad es que sigan estudiando.

Las intervenciones de Ednica han ayudado a sus hijos a reforzar los aprendizajes que adquieren en la escuela, pero también a prevenir sobre valores, emociones, uso de drogas y de tecnología, sobre todo cuando esta puede ser el gancho de cuentas falsas para hacerles daño. También han aprendido sobre la colectividad. Beatriz espera que sus condiciones de vida sean diferentes, no porque el comercio sea malo, sino porque desea un lugar mejor para su familia. Kaori ya tiene la visión de estudiar una carrera para volverse educadora.

Un largo camino para salir del trabajo en calle

Jessica también viene de una familia de comerciantes donde la regla era trabajar desde niña. Ahora lleva 30 años en el paradero de Indios Verdes. Sabe que sus hijos no necesariamente tienen que seguir el mismo camino. Incluso, tiene una mejor orientación para observarlos y darse cuenta de qué les está sucediendo o si pueden estar acercándose a las adicciones u otras conductas nocivas. Sobre todo con sus hijas, que están muy cerca de la adolescencia. 

Lucero tiene 10 años y Estrella 9. Las dos estudian el cuarto y quinto de primaria.

“A ellas no las dejo a cargo del puesto; hacen la tarea, tienen tiempo de jugar, de ver la televisión, no les inculco que sean comerciantes”, dice tras relatar que, en su caso, desde que iba al kinder su mamá la llevaba al corredor de comercio, aprendió el movimiento y se fue acoplando. 

Jessica pudo estudiar hasta la preparatoria y desde que tiene uso de razón ha estado en el puesto, pero ahora quiere algo diferente para sus hijas. Además, la intervención de Ednica también le ha ayudado a que ellas tengan más claro el manejo de temas como la menstruación y el abuso sexual.

Lucero, desde la carpa de actividades con las educadoras, cuenta que una vez las vio y le preguntó a su mamá si se podía acercar; desde entonces participa. 

“Vemos los derechos de las niñas y los niños, las adicciones, aprendemos matemáticas, lo que tenemos que hacer los niños para ya no trabajar… Bueno, yo no he trabajado, pero le he ayudado a mi mamá en su puesto de aquí; ahora hago mi tarea y solo cuando está revisando la de mi hermana, yo le ayudo”, dice Lucero.

“Un niño o una niña tiene que trabajar en calle por condiciones de exclusión, de marginación y de pobreza, que justamente si observamos quiénes son las niñas y los niños trabajadores, no solamente en la Ciudad de México, sino en todo en todo el país, no está solo, porque siempre se cree que están trabajando solos y que hay detrás una red de trata, de explotación o que la familia está explotando al niño o la niña y está sacando provecho de ese recurso; más bien tiene que ver con una profunda exclusión, una profunda pobreza, con grupos que históricamente han sido marginados”, sostiene Secunza.

Las expertas señalan que hay una estrecha relación entre la feminización de la pobreza y cuidados y el trabajo infantil, pues muchas veces son las mamás quienes trabajan en el espacio público y al mismo tiempo, no hay una red de cuidados que garantice que las infancias permanezcan seguras.

La única alternativa es que las mamás lleven a sus hijos a trabajar a la calle en distintos espacios como el mercado, el puesto o la esquina porque no hay condiciones para que el niño o la niña estén cuidados. 

Por otro lado, los grupos con distinto origen étnico, añade, son donde se registran más altos niveles de pobreza y el único recurso que tienen es migrar a la ciudad a zonas con un alto índice de marginación, donde las niñas y los niños también están trabajando. 

A partir de ello, precisa Secunza, hay una fuerte discriminación y estigma hacia las familias, y se les juzga, particularmente a las mujeres, sin ver que es una problemática estructural en donde las familias tampoco tienen sus derechos garantizados.

¿Cómo funciona el modelo?

Romper esos ciclos generacionales de trabajo infantil, desde una visión que no estigmatice a las familias, requiere una intervención que puede prolongarse por años. 

En el caso del programa que impulsa Ednica, se trata de un mínimo de ocho. El trabajo de las educadoras cada lunes y miércoles es apenas el comienzo de un ciclo que atraviesa varias etapas pero inicia en puntos fijos.

Lo primero que se hace es detectar los lugares donde se concentra la niñez trabajadora en calle: avenidas y cruceros muy transitados con importante presencia de vehículos, centros de abasto, mercados, corredores con alta actividad comercial o terminales del transporte público.

“Ahí vamos a encontrar niños y niñas que están trabajando en la venta de golosinas, o están con sus mamás en puestos semifijos; algunas veces puede ser que no se tenga el puesto, pero la mamá ya tiene un lugar dentro de la calle o está deambulando en una cuadra. Tenemos a los niños y niñas que ya tienen directamente su mercancía, que tienen una movilidad por la ciudad impresionante, y quienes están acompañando primordialmente a sus madres”, describe Secunza.

Otros niños y niñas apoyan en ciertas tareas a sus madres y padres, o solamente están acompañándolos porque son muy pequeños y no hay nadie que se haga cargo. En esas ocasiones, Ednica los considera como niños en riesgo de trabajar. 

Una vez que se identifican estas zonas, la organización verifica que se puedan establecer puntos de encuentro permanentes con un número importante de infancias. Cuando se trabaja en cruceros o en compañía de limpiaparabrisas existe una movilidad muy fuerte, por lo que es difícil garantizar el proceso educativo.  

“Ni las familias, ni los niños ni las niñas se conciben como trabajadores. Las familias con quienes trabajamos también fueron trabajadores en su niñez, y en ese sentido hay una normalización respecto del trabajo infantil. Uno de los elementos más importantes de nuestro programa es que las familias,  niños y niñas, se asuman como trabajadores del espacio público, porque la mayoría de las veces van a decir ‘yo no trabajo, yo le ayudo a mi mamá’, pero no existe esta concepción”, afirma Secunza.

A partir de ahí se inicia el trabajo de la ludoteca móvil, como la del paradero de Indios Verdes. 

Bertha Bocanegra detalla que el modelo contempla cuatro fases: la primera es el vínculo y confianza, la segunda es desarrollo de habilidades, la tercera preparación para la vida independiente, y la última, el seguimiento. Después de esto se da el egreso.

“Este modelo de interacción es muy ambicioso, pero también implica que se va a desarrollar en un periodo largo. Nuestras experiencias nos han permitido constatar que esta etapa de estas cuatro fases se desarrolla en un tiempo mínimo de 8 años, pero hay casos más prolongados, hasta 15 años, dependiendo también de la edad en la que se establece el primer contacto”, asegura Bocanegra. 

 

Xóchitl también trabaja en el paradero de Indios Verdes ella tiene un bebé de nueve meses en brazos y para ella su vida siempre ha sido el comercio. Su hijo Iker estudia el segundo grado de primaria y las intervenciones le han servido para complementar sus conocimientos. Su tercera hija, Magali, tiene 11 años.

Xóchitl empezó a trabajar a los 8 años de edad, es hija de una mamá soltera, tenía tres hermanos y vivían en la calle. 

“La necesidad y el hambre eran más fuertes”, pero ahora está convencida de que sus hijos tienen otras posibilidades. 

“Hemos aprendido que él (Iker) no debe hacer trabajo infantil. Antes sí me ayudaba, pero ahora ya con todo esto, nos han enseñado que no; él agarraba sus cajas de chicles y se iba a vender, pero después ya empiezas a ver que son otros sus derechos”, concluye.

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La renuncia de Liz Truss: las claves que llevaron al fin del gobierno más corto en la historia de Reino Unido

Tras 45 días en el poder, el gobierno británico de Liz Truss ha caído; se convierte en el que menos ha durado en la historia del país.
20 de octubre, 2022
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Tras haber sustituido a Boris Johnson como primera ministra hace apenas un mes y medio, Liz Truss acaba de renunciar al cargo.

El caos, la molestia y la indignación en el país eran tales que algunos medios estaban cuestionando si Truss duraría más que una lechuga, mientras que otros hacían polémicas comparaciones con Italia, afirmando que su país se parece cada vez más políticamente a su vecino del sur, recordado por sus constante inestabilidad política.

Simon Hoare, diputado del partido conservador liderado por Truss, advirtió la mañana de este jueves que la primera ministra tenía “12 horas” para salvar su trabajo.

Crispin Blunt, otro parlamentario conservador, juzgó la posición de la primera ministra como “totalmente insostenible“, en un momento en el que un número creciente de parlamentarios afirmaban que a Liz Truss se le había acabado el tiempo.

Y tenían razón. Un par de horas después, Truss anunció su salida y pasó a la historia como la que menos tiempo ha durado al mando de la segunda economía de Europa.

Se trata de una crisis sin precedentes en la historia política británica que comenzó poco después de que Truss asumiera el cargo y se acentuó la semana pasada, cuando despidió a su ministro de Finanzas, Kwasi Kwarteng, tras cambiar de opinión sobre un polémico programa económico que causó tumulto en los mercados financieros e hizo que la libra esterlina se hundiera a un mínimo de 37 años frente al dólar.

Muchos de sus seguidores se sentían defraudados, pues se trataba de un programa que, según afirmó durante la campaña electoral, impulsaría la estancada economía del país.

Y, para aumentar el drama, su ministra del Interior renunció este miércoles por incumplir el código ministerial al enviar un documento oficial desde su correo personal.

En su carta de renuncia, Suella Braverman expresó “preocupación” por el rumbo que estaba tomando el gobierno y criticó que se habían “incumplido promesas clave” a los votantes.

Liz Truss entra a Downing St con su esposo después de renunciar

Reuters
Liz Truss entra a Downing Street con su esposo después de renunciar.

El líder de la oposición, el laborista Keir Starmer, ha exigido que se organicen elecciones generales, pero Truss anunció que su partido llevaría a cabo una votación para elegir a un nuevo líder conservador.

Según analistas, se puede decir que esta última crisis pone en evidencia que la estabilidad política que por muchos años caracterizó a Reino Unido es cosa del pasado.

En este artículo te explicamos las claves para entender el caos que acabó con el recién nombrado gobierno de Liz Truss.

Su radical apuesta para revivir la economía

Desde su primer día en el cargo, el gobierno de Liz Truss se enfrentó a varios desafíos, como la guerra en Ucrania, la amenaza de una secesión de Escocia, una grave crisis energética y una inflación galopante que afecta cada vez más el bolsillo de millones de británicos.

En una situación ya delicada, el gobierno de Truss optó por anunciar un controvertido paquete económico que, según ella, impulsaría la economía del país.

El plan incluía eliminar la tasa del 45% del impuesto sobre la renta que pagan las personas que ganan más de 150 mil libras esterlinas al año (168 mil dólares).

La reducción del impuesto sobre la renta para los más ricos habría representado un ahorro fiscal de casi 3 mil 400 dólares anuales para una persona con un sueldo de 200 mil libras al año (224 mil dólares).

Truss además anunció un recorte de la tasa básica del impuesto sobre la renta del 20% al 19% y la también polémica eliminación del tope de los incentivos o bonificaciones salariales de los banqueros, que a veces pueden superar el millón de dólares.

Rishi Sunak

Reuters
Rishi Sunak es el favorito de los corredores de apuestas para reemplazar a Truss.

Pero el paquete fiscal provocó días de turbulencias en los mercados financieros e hizo que la libra cayera frente al dólar a mínimos históricos.

Liz Truss echó a su ministro de Economía y anuló la mayoría de las medidas que había anunciado.

Vernon Bogdanor, politólogo e historiador del King’s College de Londres, asegura que la crisis actual fue en parte culpa de la influencia del ala más a la derecha del partido conservador que apoya el Brexit y que prometía convertir a Londres en la “Singapur en el Támesis”.

“Afirmaron que los recortes de impuestos estimularían el crecimiento y crearían una Gran Bretaña pionera del libre comercio global: una Singapur en el Támesis“, dice a BBC Mundo.

“En cambio, los recortes de impuestos financiados con dinero prestado asustaron a los mercados. En lugar de una Singapur en el Támesis, estamos viendo lo que un comentarista describió como Caracas en el Támesis. En consecuencia, la primera ministra perdió su autoridad”, agrega el politólogo británico.

En una entrevista reciente con BBC, Truss confesó sus errores, pero se mantuvo firme en que lideraría a su partido en las próximas elecciones.

Pérdida de aliados y credibilidad

En su discurso de renuncia frente al 10 de Downing Street, su residencia como primera ministra, Truss reconoció que no pudo “cumplir el mandato por el que fui elegida” por los miembros del Partido Conservador.

Tras darle marcha atrás a su plan de crecimiento, comenzó a recibir críticas de parte de sus propios aliados parlamentarios.

Liz Truss afuera de 10 Downing Street, Londres.

PA Media
Liz Truss anunció su renuncia después de que varios parlamentarios conservadores le pidieran que se fuera.

El despido de Kwarteng, antiguo ministro de Economía, y la renuncia este miércoles de su ministra del Interior, Suella Braverman, la dejaron aún más aislada.

Tan aislada que Truss tuvo que recurrir a exrivales, como Grant Shapps y Jeremy Hunt, para llenar los puestos vacantes.

Ya para el mediodía de este jueves, más de una docena de conservadores le habían pedido que renunciara.

Luego de su renuncia, Truss permanecerá en el cargo hasta que se anuncie su reemplazo, tras un concurso de liderazgo que se espera que tenga lugar la próxima semana.


Análisis de Chris Mason, editor político de BBC

Es asombroso. Hace solo tres meses y medio, estábamos en el mismo lugar anunciando la renuncia del primer ministro anterior, Boris Johnson.

Aquí estamos, apenas 100 días después, y su sucesora, Liz Truss, recorre el mismo camino y pronuncia un conjunto de palabras de forma muy similar.

Y el caos se profundizará. En los próximos días surgirá otro primer ministro.

Los diputados conservadores esperan poder sacar un nombre de sus filas para evitar una competencia entre miembros del Partido Conservador, lo cual tomaría varios meses reemplazar al líder del país.

El próximo primer ministro, si logran encontrar a alguien que pueda unir al partido, se enfrentará a la gran pregunta sobre si es legítimo o no.

Pero debemos recordar, constitucionalmente, hablamos de una democracia parlamentaria y si un nuevo primer ministro puede obtener una mayoría en la Cámara de los Comunes, tiene el derecho constitucional de servir hasta que legalmente se lleven a cabo las próximas elecciones generales.


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