A una semana de intoxicaciones en Chiapas, aún sin respuestas
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FOTOS: Mariana Morales

A una semana de intoxicaciones en Chiapas, jóvenes aún sufren temblores y ansiedad; la fiscalía, todavía sin respuestas

Hasta ahora, autoridades tienen registro de 116 casos de intoxicaciones en escuelas de Bochil y Tapachula. Familias de Bochil relatan que han atendido a sus adolescentes en hospitales y en casa, sin que las autoridades les hayan explicado el origen de la situación.
FOTOS: Mariana Morales
Por Mariana Morales y Siboney Flores
14 de octubre, 2022
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“Mi hermana está en la casa y no se puede parar. Se golpea (con las manos) y el doctor dice que no tienen nada”. Alba, una mujer bajita y morena, describe así los síntomas que aún padece su hermana, luego de que hace una semana ella y otras decenas de estudiantes de la secundaria Juana de Asbaje, en Bochil, Chiapas, resultaran intoxicados.

Pese al tiempo transcurrido y a las pruebas practicadas hasta ahora, las autoridades locales aún no brindan respuestas claras sobre lo sucedido, mientras las familias de los jóvenes afectados exigen explicaciones y expresan preocupación.

Acerca de su hermana, Alba detalla: “Tiene dolor, le ponen diazepam por vía intravenosa, es lo único que la calma”. 

Pero la joven no es la única que aún sufre malestares a una semana de la intoxicación. Lourdes, la madre de otro de los estudiantes afectados, cuenta que su hijo “sigue con taquicardia, dolor de cabeza, agitación, malestar estomacal, vómito y en dos ocasiones le sangró la nariz”. 

Otra madre de familia cuenta a Animal Político que su hija “se torció” y se empezó a arañar, por lo que la familia la trasladó a un hospital del IMSS, donde únicamente le dieron un tranquilizante.

“Ya salió del hospital, pero ahorita que llegó la señora (una mujer cuya hija dio positivo a cocaína) me está diciendo que tienen los mismos síntomas”, señala. 

El primer caso de intoxicación se dio a conocer el pasado viernes 7 de octubre. El IMSS reportó entonces que 57 adolescentes se habían visto afectados. Días después, se informó que tres de ellos se intoxicaron con cocaína y que las autoridades realizaban pruebas al resto.

Olaf Gómez Hernández, fiscal general de Chiapas, informó este jueves que en total hay 116 alumnos intoxicados en diferentes escuelas de los municipios de Bochil y Tapachula. El funcionario reconoció que aún no se sabe qué causó el problema y no hay línea de investigación.

Lee más: En Chiapas, van 116 alumnos intoxicados; fiscalía descarta que hayan ingerido droga pero desconoce qué ocurrió

Otro de los habitantes consultados cuenta que, a pesar que su sobrino está en casa y no en un hospital, no se la pasa bien. “Él dice que ahorita le duele mucho la cabeza, la espalda, el estómago y todavía tiembla como cuando tienes esa enfermedad de tic”, dice.  

Exterior de la secundaria Juana de Asbaje.

“Si no es cocaína, ¿entonces qué es?”

Liliana, una joven bajita, delgada y de cabello negro, señala que una psicóloga del hospital del IMSS dijo que su hermana que también resultó intoxicada padece una crisis de ansiedad. “Ella quedó con traumas, por eso no puede escuchar nada porque nuevamente su cuerpo empieza a alterarse”, expone.

“Cuando mi hermana recuerda ese día, dice que siente que su cabeza le da vueltas y vueltas, hay cosas que no se acuerda muy bien; por eso, la psicóloga dijo que no podía dar declaración porque no está en buen estado”.

En este contexto, los familiares de los menores denuncian que las autoridades no les dan explicación sobre por qué continúan estos síntomas y tampoco de qué fue lo que pasó.  

En su búsqueda de respuestas, tres de las familias afectadas pudieron costear un examen toxicológico en un laboratorio particular y los resultados fueron positivos a cocaína. 

A raíz de esto, la Fiscalía General de Chiapas realizó pruebas a dos de estos jóvenes y aseguró que sus resultados eran negativos. También hizo otras 54 pruebas, de las cuales 48 salieron negativas y seis positivas a benzodiacepina. El fiscal Gómez Hernández dijo que esto fue “posiblemente por los tratamientos que han recibido los adolescentes en los hospitales que los han atendido”.

Los padres de familia dudan de esa información, pues denuncian que las autoridades nunca les entregaron alguna evidencia de las pruebas

Ante la incógnita que azota a Bochil, un municipio de más 37 mil habitantes ubicado al norte de Chiapas, dos madres propusieron solicitar pruebas sanguíneas a los jóvenes, pero en laboratorios privados ubicados fuera de la localidad. 

Aseguran que los establecimientos clínicos de Bochil se han negado a atender sus casos. “Quizás los han intimidado”, dice una de ellas.

“Ni en el hospital saben qué hacer; si no es cocaína, ¿entonces qué es? Lo que queremos es un pueblo sin drogas”, afirma Lucía, otra mujer, quien lamenta que su hijo sigue muy débil y triste. 

Padres de familia reclaman y exigen respuestas.

Autoridades realizan pruebas sin mostrar los resultados

La hermana de Liliana ha sido internada tres veces en el hospital del IMSS. Se le han hecho dos pruebas, una sanguínea y otra de orina. La primera fue un día después de haber ingresado al lugar, la siguiente fue al cuarto día de los hechos. Pero en ambos casos, afirma que no tiene evidencia del resultado.

El señor Luis dice que a su nieto las autoridades le hicieron por separado dos pruebas de orina tras ingresar al hospital, pero de ninguna le mostraron si dio positivo o negativo a drogas. A decir de los doctores, salió negativo.

A una semana de los hechos, Alicia, otra madre de familia, asegura que después de cinco días de la intoxicación llevó a su hijo a que le practicaran una prueba de detección de drogas en un laboratorio particular de Tuxtla Gutiérrez, capital del estado. Ahí, el resultado fue positivo. 

“Mientras —dice el señor Luis—, a mi nietecito que está en casa le damos dos veces al día jugo de limón y una Coca-Cola para que se vaya recuperando de las ganas de vomitar, que por ratos le dan, pues las autoridades no nos han dicho qué fue lo que pasó”. 

Como él, decenas de madres, padres y familiares todavía esperan respuestas y sienten angustia por los malestares que aún padecen sus adolescentes.

El presidente Andrés Manuel López Obrador informó, este viernes, que mandó hacer una investigación “a fondo”, a cargo de la secretaría de Seguridad, Rosa Icela Rodríguez, sobre la intoxicación de estudiantes en Chiapas y que también se reunirá hoy con el gobernador del estado, Rutilio Escandón, porque aún no se tiene un diagnóstico de lo que sucedió.

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Cómo es la pobreza en el multimillonario Qatar, uno de los países más ricos del mundo

En este pequeño estado, con algunos de los residentes más pudientes del mundo, se habla poco de la pobreza y los extranjeros que la padecen.
30 de noviembre, 2022
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Ver pobreza y hablar sobre ella no es asunto fácil en Qatar.

Algunos de los que acceden a hablar al respecto eligen con cuidado sus palabras porque es un tema “complicado con el que hay que protegerse porque las autoridades intentan controlar”, le dice a BBC Mundo un taxista pakistaní que prefiere mantenerse bajo anonimato.

Qatar, uno de los países más ricos del mundo, no está libre de pobreza. Y si no se habla lo suficiente de ella es también por lo oculta a la vista que puede resultar.

Parte de los extranjeros que la experimentan viven en barrios aislados y peor comunicados, lejos de las zonas frecuentadas por turistas y aficionados.

Gracias principalmente al dinero del gas y el petróleo, Qatar cuenta con un producto interno bruto de US$180.000 millones que ha atraído a cientos de miles de migrantes para poder invertir en construcciones enormes en el desierto.

Qatar tiene alrededor de tres millones de habitantes. De ese total, solo 350.000 (un 10% de la población) son qataríes. El resto son extranjeros. Qataríes y expatriados occidentales cuentan con altos salarios y grandes beneficios sociales.

Según las estadísticas oficiales, Qatar eliminó virtualmente la pobreza, aunque hay otra realidad distinta para muchos migrantes del sudeste asiático.

“Muchos de los que vienen de países como India, Nepal, Bangladesh o Pakistán no tienen cualificación y apenas hablan inglés. Aunque aquí tienen mejores estándares de vida que en sus países de origen, una parte importante vive con lo justo, bajo salario mínimo y compartiendo una habitación de seis para mandar dinero a sus países”, cuenta el taxista pakistaní.

Logo de la Copa del Mundo con la vista de rascacielos de Doha al fondo.

Reuters
Las condiciones de los trabajadores de la construcción en Qatar ha sido un tema controvertido, aunque el país insiste en sus avances para mejorar la vida de esos trabajadores.

Tratamiento desigual

En un país donde qataríes y expatriados occidentales pueden ganar varias decenas de miles de dólares al año más beneficios, muchos empleados sin cualificar no tienen mayor paga asegurada que la del salario mínimo mensual, apenas US$275.

Qatar se convirtió en 2020 en el primer país árabe en abolir en efecto el controvertido sistema kafala (patrocinio en árabe) y el segundo en establecer un salario mínimo para todos los trabajadores independientemente de su nacionalidad después de Kuwait.

Cuando el kafala estaba vigente, si un empleado cambiaba de trabajo sin autorización, por ejemplo, podía enfrentar cargos penales, arresto y deportación.

Los empleadores a veces confiscaban el pasaporte de sus empleados, forzándolos en la práctica a permanecer de forma indefinida en el país.

Muchos migrantes también debían pagar una tasa de contratación a sus reclutadores de entre US$500 y US$3.500 antes de abandonar sus países.

Para ello, la mayoría tuvo que recurrir a préstamos con intereses que les dejó en posiciones vulnerables.

Como parte de su regulación en materia de derechos laborales, Qatar también promulgó una ley que permitía a los trabajadores que habían completado sus contratos cambiar de trabajo libremente e impuso multas a las empresas que confiscaban pasaportes a empleados.

Trabajadores en el estadio de Al Bayt en Qatar.

AFP via Getty Images
De acuerdo a la OIT, Qatar subestima el número de trabajadores muertos en la construcción de estadios.

Pero a pesar de los progresos, organizaciones como Human Rights Watch (HRW) insisten en que “los trabajadores migrantes aún dependen de sus empleadores para facilitar la entrada, la residencia y el empleo en el país, lo que significa que los empleadores son responsables de solicitar, renovar y cancelar sus permisos de residencia y trabajo”.

“Los trabajadores pueden quedarse sin documentos por causas ajenas a ellos cuando los empleadores no cumplen con dichos procesos, y son ellos, no sus empleadores, quienes sufren las consecuencias”, dice este informe de HRW de 2020.

El año pasado, HRW señaló que los trabajadores extranjeros todavía sufren “deducciones salariales punitivas e ilegales” y enfrentan “meses de salarios impagos por largas horas de trabajo agotador”.

Y según Amnistía Internacional, las empresas aún presionan a los trabajadores para evitar que cambien de trabajo.

Un portavoz del gobierno de Qatar le dijo a la BBC que las reformas implementadas por el país están mejorando las condiciones laborales para la mayoría de los trabajadores extranjeros.

“Se ha logrado un progreso significativo para garantizar que las reformas se implementen de manera efectiva”, dijo el vocero.

“El número de empresas que incumplen las reglas seguirá disminuyendo a medida que se implementen las medidas de cumplimiento”, aseguró.

Copa del Mundo

Qatar construyó siete estadios para el Mundial, además de un nuevo aeropuerto, metro, calles y alojamientos.

La sede de la final, el Estadio Lusail, se encuentra en la ciudad del mismo nombre que prácticamente fue construida en los últimos cinco años.

Según el gobierno de Qatar, 30.000 trabajadores extranjeros fueron contratados para construir los estadios. La mayoría vinieron de Bangladesh, India, Nepal y Filipinas.

La cifra sobre el número de esos migrantes que murieron durante la preparación del Mundial es tema polémico y divisorio.

Funeral en Nepal de un trabajador fallecido en la construcción de estadios en Qatar.

BBC
Funeral en Nepal de un trabajador fallecido en la construcción de estadios en Qatar.

Basándose en informaciones de las embajadas en Qatar, el periódico británico The Guardian reportó que 6.500 trabajadores de India, Pakistán, Nepal, Bangladesh y Sri Lanka murieron en Qatar desde 2010, cuando se le otorgó la sede del Mundial.

Pero Qatar condena tal cifra como engañosa e imprecisa, porque no todas esas muertes registradas son de trabajadores de proyectos vinculados a la Copa del Mundo y muchos pudieron haber muerto de vejez u otras causas naturales.

Qatar dice que en sus registros entre 2014 y 2020 hubo 37 muertes de trabajadores de la construcción de estadios y que solo la causa de tres de ellos estaba “relacionada al trabajo”.

Pero la Organización Internacional de Trabajo (OIT) dice que ese número no muestra toda la realidad, ya que Qatar no cuenta como vinculadas al trabajo las muertes por ataques cardíacos o insuficiencia respiratoria, síntomas comunes de insolación y cargas pesadas bajo altas temperaturas.

Según la OIT, 50 trabajadores extranjeros murieron y más de 500 resultaron gravemente heridos solo en 2021, mientras que otros 37.600 sufrieron lesiones leves a moderadas.

El servicio árabe de la BBC también ha reunido evidencia de que el gobierno de Qatar subestima las muertes entre los trabajadores extranjeros.

Tras la presión internacional por el trato a los trabajadores de los estadios y como parte de sus medidas de mejora, Qatar construyó Labour City (la ciudad del trabajo), un campo para acoger a muchos de estos migrantes.

Pero dicha instalación, para la que se destinaron cientos de millones de dólares, está fuertemente restringida para la prensa aquí en Qatar y ha sido criticada por su localización, en las afueras de Doha y lejos del lujo que aparece en las pantallas de televisión durante la cita mundialista.

*Reporte adicional de José Carlos Cueto, enviado especial de BBC News Mundo a Qatar.

Qatar 2022

BBC

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