Licencia para laboratorio de Semar debilita a civiles: expertos
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Licencia para que la Marina opere laboratorio farmacológico debilita más a Cofepris y Aduanas, advierten especialistas 

El aval para que marinos tengan un laboratorio que pueda revisar sustancias que ingresan al país es otro ejemplo del desplazamiento de instancias civiles en favor de militares, señalan especialistas en seguridad.
Cuartoscuro
27 de octubre, 2022
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La Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) entregó licencia sanitaria al Laboratorio de Farmacología y Toxicología de la Secretaría de Marina (Semar). Con ello, esta institución militar podrá hacer análisis de productos y sustancias en los puertos y las aduanas del país, lo que debilita a la propia Cofepris y a otras instituciones civiles, advierten especialistas.

En un laboratorio como el de la Semar es donde se mide la calidad del agua; también se puede evaluar la calidad de los alimentos, por ejemplo, cuando hay una queja en un restaurante u hotel donde comió gente y después se enfermó, explica Miguel Ángel Toscano, extitular de la Cofepris. 

“Se toman las muestras de agua, de alimentos, de bebidas, y ahí se llevan para hacer los estudios y tener los resultados que se llaman de control analítico”, expone. 

Además, en una instancia así se pueden hacer análisis de medicamentos e identificación de productos raros o sospechosos

“En las aduanas más importantes del país, por ejemplo, Cofepris tiene oficinas porque se reciben toneladas de productos no terminados, de materias primas, que llegan en forma de polvos blancos, desde harina, azúcar, ingredientes para medicamentos, para alimentos, y normalmente Cofepris coadyuva junto con Senasica (Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria) y Aduanas para hacer la identificación”, describe Toscano. 

Lo que levanta focos rojos de esta licencia, dice el excomisionado, es para qué se va a ocupar. “¿(Se usará) para que Marina tenga el control de todo lo que entra y sale del país, y entonces ya no se necesita de Aduanas, de Cofepris ni de Senasica?”, cuestiona. 

El comunicado conjunto de la Cofepris y la Semar en el que se anunció la licencia al laboratorio de la Marina señala que es un proyecto único e innovador por la diversidad de áreas en las que colaborará, como el cumplimiento de las atribuciones asignadas a la institución en materia de seguridad. 

Respecto del trabajo que se lleva actualmente en Aduanas y las Administraciones del Sistema Portuario Nacional (Asiponas), el comunicado señala que la Semar estará en posibilidad de realizar los análisis correspondientes de las sustancias de origen ilícito, “dando con esto mayor peso en materia legal sobre productos incautados”.

Instituciones desplazadas 

Raúl Benitez Manaut, profesor investigador de la UNAM y especialista en seguridad nacional, defensa y relaciones cívico-militares, señala que esta licencia otorgada al laboratorio de la Semar es otro ejemplo de cómo las instituciones militares van desplazando a las civiles

“Este gobierno ha utilizado el argumento de la corrupción, de la ineficacia o de la burocracia para desplazar a las instituciones civiles; lo mismo pasó en el caso de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes y las Aduanas del país (de las que ahora tienen el control la Sedena y la Semar)”, dice Benitez Manaut. 

En efecto, las autoridades han acusado que en la Cofepris, en Aduanas y en otras instituciones como el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) había corrupción y han justificado con esto la injerencia de la Marina. 

Durante la conferencia de prensa matutina del 7 de junio pasado, frente al presidente Andrés Manuel López Obrador, el titular de Cofepris, Alejandro Svarch, expuso los mecanismos de corrupción que —aseguró— permearon por más de 20 años dentro de la institución, así como las acciones implementadas para combatirlos.

El funcionario destacó el apoyo del secretario de Salud, Jorge Alcocer, y de la Semar, quienes dijo que colaboraron para desmantelar estos mecanismos. 

El titular de la Cofepris dio a conocer antiguas prácticas en las que, según su recuento, predominaban intereses particulares, mal manejo administrativo, discrecionalidad en procesos y gestores o coyotes, quienes impactaban en el ingreso, la asignación y la evaluación de trámites, a la vez que extorsionaban a las empresas.

Ante este argumento de la corrupción, dice Benitez Manaut, lo que están haciendo las autoridades, en vez de fortalecer a las instancias civiles, es delegar misiones no militares de gestión pública en la Sedena y la Semar, “y eso es lo que se llama un proceso de ampliación de la militarización a temas civiles y de debilitamiento de otras instituciones”.

Esto es como lo que se hizo al dar control a la Semar en el AICM, agrega el académico

En esto coincide Cristina Rosas, profesora de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM y especialista en seguridad nacional, seguridad y salud. “Con esto, de lo que estamos hablando es de debilitar más a la Cofepris, porque era un órgano autónomo regulador, que ahora depende de la Subsecretaría de Salud y ahora además Marina tiene influencia en sus atribuciones”, dice. 

La especialista señala que la Marina no tendría por qué estar administrando Aduanas. “El argumento que dio el presidente para entregar las aduanas a la Secretaría de Marina es que había corrupción, y sí, la había, pero entonces lo que se debió hacer es investigar, castigar a los corruptos, hacer una purga y listo, pero lo que vemos es una creciente militarización de la vida nacional”, alerta. 

Lo mismo opina Benitez Manaut: “Si hay corrupción en Cofepris o en aduanas, que se haga pública la investigación, que los culpables se vayan a la cárcel y entonces justificadamente que entre Semar, pero solo de forma temporal, mientras se hace la limpia, no tiene por qué asumir funciones que no le corresponden de forma permanente”. 

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Qué es 'woke' y por qué este término ha generado una batalla cultural y política en EU

Ser o estar "woke" es considerado una insignia de honor para una gran parte de la población y un insulto para la otra parte. Te contamos por qué ha ahondado la polarización entre demócratas y republicanos en la antesala de los comicios de medio periodo en noviembre en EU.
5 de noviembre, 2022
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“Desperté”. Ese es el significado literal de la palabra “woke”, el pasado de “wake”, que significa despertar.

Pero el término es mucho más complejo y ser o estar woke en slang o jerga estadounidense puede hacer ver con qué posturas políticas estás más alineado.

El uso de woke surgió dentro de la comunidad negra de Estados Unidos y originalmente quería decir estar alerta a la injusticia racial.

“La persona que mucha gente considera que lo acuñó fue William Melvin Kelley”, le dijo a la BBC Elijah Watson, editor de noticias y cultura del sitio web de música estadounidense Okayplayer y autor de una serie de artículos llamados “El origen de woke”.

“En 1962 publicó un ensayo en el New York Times titulado If You’re Woke, You Dig It (‘Si estás despierto, lo entiendes’)”, relató.

El término resurgió en la última década con el movimiento Black Lives Matter, que nació en rechazo a la brutalidad policial hacia personas afrodescendientes.

Pero esta vez su uso se difundió más allá de la comunidad negra y empezó a ser utilizado para significar algo más amplio.

En 2017, el diccionario Oxford agregó esta nueva acepción de “woke”, definiéndolo como: “Estar consciente de temas sociales y políticos, en especial el racismo“.

Suena como algo positivo, ¿verdad?

Pues depende de a quién se le pregunte. Porque, así como hay gente que se autodefine con mucho orgullo como una persona “woke”, que está alerta a la discriminación y la injusticia, hay muchos otros que utilizan el adjetivo como un insulto.

El propio diccionario Oxford hace la distinción. Debajo de la definición, agrega lo siguiente:

“Esta palabra a menudo se usa con desaprobación por parte de personas que piensan que otras personas se molestan con demasiada facilidad por estos temas, o hablan demasiado sobre ellos de una manera que no cambia nada”.

O como apunta el diccionario Merriam-Webster, se usa con desaprobación para referirse a alguien políticamente liberal (como en asuntos de justicia racial y social) especialmente de una manera que se considera irrazonable o extrema.

"Se despierto, vota", dice este cartel.

Getty Images

Es decir, que mientras que para algunos ser “woke” es tener conciencia social y racial, y cuestionar los paradigmas y las normas opresoras impuestas históricamente por la sociedad, para otros describe a hipócritas que se creen moralmente superiores y quieren imponer sus ideas progresistas sobre el resto.

Los críticos de la cultura “woke” cuestionan, sobre todo, los métodos coercitivos que utilizan algunos “policías de la palabra” -así los definen- contra quienes dicen cosas o cometen actos que ellos perciben como misóginos, homofóbicos o racistas.

En particular ha generado mucho malestar el uso de un método conocido como la “cancelación“: un boicot social y profesional, que suele realizarse a través de las redes sociales, contra individuos que actuaron o dijeron algo que para ellos es intolerable.

Para las personas “woke”, se trata de una forma de protesta no violenta que permite empoderar a grupos históricamente marginalizados de la sociedad y corregir comportamientos, sobre todo de los sectores más privilegiados, que hasta ahora eran parte del stato quo y persistían sin castigo ni cambio.

Pero para los críticos es corrección política llevada al extremo, que atenta contra la libertad de expresión y “los valores tradicionales estadounidenses”.

Batalla política

Lo que empezó como un choque cultural se fue transformando en un enfrentamiento político.

El término “woke” se convirtió en sinónimo de políticas de izquierda o liberales que abogan por cosas como la equidad racial y social, el feminismo, el movimiento LGBT, el uso de pronombres de género neutro, el multiculturalismo, el uso de vacunas, el activismo ecológico y el derecho a abortar.

Políticas con las que se asocia el Partido Demócrata del presidente Joe Biden, así como también al ala más liberal que incluye políticos como Bernie Sanders o la congresista Alexandria Ocasio-Cortez.

En contraposición, el ala más extrema del Partido Republicano, liderada por el expresidente Donald Trump, considera que estas políticas representan no solo una amenaza a los “valores de familia” sino incluso a la misma democracia, a la que se quiere “reemplazar con una tiranía woke”.

Donald Trump y Joe Biden durante un debate antes de las elecciones de 2020

Reuters
El expresidente republicano Donald Trump encabeza las críticas a la “cultura woke”, con la que se asocia al actual mandatario, Joe Biden.

En 2020, Trump centró uno de los ejes de su campaña de reelección en combatir a estos llamados “woke lefties” (izquierdistas despiertos) quienes -aseguró- practican un “fascismo de extrema izquierda”.

El entonces mandatario señaló que con su “cultura de la cancelación” estaban “expulsando a la gente de sus trabajos, avergonzando a los disidentes y exigiendo la sumisión total de cualquiera que no esté de acuerdo”.

Es la definición misma de totalitarismo“, acusó el líder republicano.

Para los demócratas el autoritario es Trump, cosa que -según ellos- quedó demostrado cuando se rehusó a dejar el poder tras su derrota electoral y sus simpatizantes irrumpieron en el Capitolio.

Lejos de saldar el debate, los primeros dos años de gobierno de Biden han ahondado la polarización entre estos dos sectores.

Según el Pew Research Center, “los demócratas y los republicanos están más alejados ideológicamente hoy que en cualquier otro momento de los últimos 50 años”.

Y una encuesta realizada en septiembre por el canal CBS mostró que casi la mitad de los miembros de ambos partidos ven al otro no como un opositor político sino como un “enemigo”.

Las “midterms”

Las diferencias ideológicas se han vuelto a poner de manifiesto en la antesala de los próximos comicios legislativos del 8 de noviembre, conocidos como las “midterms” o elecciones de mitad de período.

Durante la campaña electoral, muchos partidarios de Trump han vuelto a advertir sobre los supuestos peligros que conlleva el llamado “wokeismo” demócrata.

“Puedes perder tu trabajo. Puedes ser rechazado en la plaza del pueblo de América en las redes sociales. Te pueden perseguir por la calle. Te pueden tirar cosas. Puedes ser agredido físicamente (como le ocurrió al escritor) Salman Rushdie. Te pueden apuñalar en la maldita garganta si no le caes bien”, alertó recientemente en Fox News la comentarista política conservadora Tammy Bruce.

Donald Trump en la última Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC) en febrero de 2022, con un cartel atrás que dice: "Despierto, no woke".

Getty Images
Trump en la última Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC), en la que se denunció la “cultura woke”.

Muchos demócratas desmerecen este tipo de afirmaciones, señalando que es retórica alarmista que busca ganar votos.

“Cada elección, inventan un nuevo cuco en lugar de tratar de resolver problemas y mejorar la vida de las personas”, criticó en declaraciones a CBS News el demócrata Charlie Crist, quien se postula para la gobernación de Florida en noviembre.

El rival de Crist es el actual gobernador Ron DeSantis, favorito para ganar y un posible candidato presidencial en 2024. Es uno de los republicanos que más hace hincapié en los supuestos peligros del “woke culture” de sus rivales.

En sus discursos suele repetir que “woke es la nueva religión de la izquierda“.

Dado este contexto, algunos demócratas, en especial los más moderados, han advertido que el llamado “wokeismo” está perjudicando a su partido, dándoles a los republicanos armas para atacarlos.

“El wokeness es un problema y todos lo saben”, le dijo al sitio Vox el famoso consultor político demócrata James Carville, quien lideró la exitosa campaña presidencial de Bill Clinton en los años 90.

Según Carville, el problema son algunas de las propuestas más extremas que alienan a los sectores conservadores de la sociedad y son usados por los trumpistas para asustar al electorado.

Como ejemplo citó la iniciativa para “desfinanciar a la policía” y utilizar esos fondos para programas de ayuda comunitaria, una idea que surgió tras el asesinato de George Floyd en 2020 y que busca poner fin al problema del llamado “racismo sistémico en las fuerzas de seguridad”.

Aunque muchos demócratas -incluido el presidente Biden- se expresaron en contra de esta idea, algunos la apoyaron, llevando a varios candidatos republicanos a asociar a todo el partido con la propuesta, que es impopular entre gran parte de la población.

Obama y AOC

La “cultura woke” también ha generado críticas internas dentro del liderazgo del Partido Demócrata.

Uno de los detractores más famosos -y más vocales- es el expresidente Barack Obama (2009-2017).

Barack Obama

EPA-EFE
El expresidente Barack Obama advirtió que juzgar a otros por sus errores no es constructivo.

En 2019, en la antesala de la carrera para definir quién sería el candidato o la candidata demócrata en los comicios presidenciales del año siguiente, Obama criticó que el foco -en especial entre los más jóvenes- se estuviera poniendo en cuán “woke” era esa persona.

Sus palabras llegaron luego de que un número de posibles candidatos demócratas se vieran forzados a pedir disculpas públicas por cosas que habían dicho en el pasado.

“Tengo la sensación de que ciertos jóvenes en las redes sociales creen que la forma de generar el cambio es juzgar lo más posible a otras personas”, afirmó durante un encuentro anual de la Fundación Obama.

“Si tuiteo o publico un hashtag sobre cómo no hiciste algo bien o usaste el verbo incorrecto, entonces puedo sentarme y sentirme bastante bien conmigo mismo porque ‘¿viste lo woke que fui? ¡Te pesqué!‘”.

“Basta”, dijo. “Si todo lo que haces es tirar piedras, probablemente no llegues muy lejos”.

“El mundo es desordenado”, aleccionó. “Hay ambigüedades. Las personas que hacen cosas realmente buenas tienen defectos“.

Sin embargo, la legisladora más joven del Partido Demócrata (y de toda la Cámara de Representantes), la carismática Alexandria Ocasio-Cortez, salió a la defensa del “wokeismo”.

AOC -como es conocida- señaló que si al partido le va mal en las próximas elecciones es porque el Congreso no ha logrado aprobar legislación sobre el derecho a votar, una de las causas insignia de los activistas “woke”.

Alexandria Ocasio-Cortez

EPA
Los demócratas más jóvenes -como la legisladora Alexandria Ocasio-Cortez (AOC)- son los que más fomentan la “cultura woke”.

“‘Woke’ es un término que los expertos ahora usan como un eufemismo despectivo de los derechos civiles y la justicia“, publicó en su cuenta de Twitter en noviembre de 2021.

“Inventar un problema ‘woke’ tiene como resultado poner los derechos civiles y de voto en un segundo plano”, advirtió.

“En un año en el que las legislaturas estatales están planeando mayorías republicanas y supresión de votantes, eso es peligroso”.

“Capitalismo woke”

Los debates sobre el “wokeismo” no solo dominan la agenda política y cultural estadounidense. También han permeado el mundo empresarial.

Algunas compañías se han encontrado en el ojo de la tormenta por adoptar cambios que son interpretados -para bien o para mal- como “woke”.

Un caso conocido es el de Gillette, que generó controversia en 2019 con una publicidad llamada “Lo mejor que pueden ser los hombres”, en el que se criticaba comportamientos masculinos “tóxicos” como el bullying, el acoso sexual y el sexismo.

Aunque fue aplaudido por muchos, también se convirtió en su momento en uno de los videos con mayor número de pulgares para abajo en You Tube, y provocó un boicot contra la fabricante de rasuradoras.

El golpe económico que sufrió Procter & Gamble, dueña de la compañía, llevó a la creación de un meme que se ha popularizado entre la derecha: Get woke, go broke (“Hazte woke, quiebra”).

En los últimos tiempos, la empresa que más ha recibido elogios y críticas por ser considerada “woke” es Disney.

Imagen de una persona vestida del ratón Mickey con un letrero a favor de Ron DeSantis

Getty Images
Disney podría perder los derechos de autor sobre su personaje Mickey Mouse por haber adoptado políticas que según los republicanos son “woke”.

En abril pasado, el gobernador DeSantis firmó una ley para retirarle a la Walt Disney Company su estatus legal especial que le permite autogobernarse en el estado de Florida.

Y legisladores republicanos advirtieron que no aprobarán la extensión del derecho de autor de Disney sobre su principal personaje Mickey Mouse, que vence en 2024.

Fue en represalia a la oposición de los ejecutivos de la empresa a una ley que prohíbe enseñar sobre sexualidad, orientación sexual y diversidad de género en las escuelas primarias de Florida, bautizada por sus detractores como la ley “No digas gay”.

Disney publicó un comunicado en contra de la norma, presionado por sus empleados que realizaron protestas y un paro ante el silencio inicial de la empresa.

“Nuestros empleados ven el poder de esta gran compañía como una oportunidad para hacer el bien. Yo estoy de acuerdo”, dijo entonces el CEO de Disney, Bob Chapek.

La compañía también fue acusada por algunos sectores conservadores de “hacer activismo woke” por elegir a una actriz negra para protagonizar la nueva versión, con actores de carne y hueso, del clásico “La sirenita”, en el que el personaje animado de Ariel (basado en el cuento de hadas de Hans Christian Andersen) aparece como una sirena de piel blanca y ojos azules (en ambas versiones es pelirroja).

Por el contrario, la elección de una actriz de piel oscura fue aplaudida por muchas voces que no solo se sintieron representadas sino que además consideran que, dado que las sirenas son personajes mitológicos, pueden ser de cualquier color de piel.

DeSantis y otros republicanos también han criticado a las empresas que priorizan las inversiones que tienen impacto medioambiental, social y de gobernanza (conocidas como ESG), catalogándolas como “capitalismo woke“.

En julio pasado, el gobernador dijo que las inversiones ESG -que suelen priorizar temas como el cambio climático o la diversidad- “amenazan la vitalidad de la economía estadounidense y la libertad económica de los estadounidenses al apuntar a individuos e industrias desfavorecidas para promover una agenda ideológica woke“.

Según el sitio Market Watch, si los republicanos toman el control del Congreso durante las midterms “es probable que apunten contra el capitalismo woke”.

“Los inversores deben esperar un rechazo significativo de los republicanos contra las políticas ESG, tanto las ordenadas por los reguladores gubernamentales como las autoimpuestas por el sector privado”, advirtió el analista Brian Gardner de la consultora financiera Stifel.


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