Mujeres afrodescendientes reclaman reconocimiento
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“Siempre hemos estado aquí”: mujeres afrodescendientes reclaman al gobierno reconocimiento y atención a desigualdades

Ante funcionarias, activistas exigieron que se brinde atención a las poblaciones afrodescendientes del país, así como políticas públicas específicas que atiendan los rezagos que padecen en salud o educación.
Cuartoscuro
25 de octubre, 2022
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Mujeres afromexicanas originarias de 12 estados del país se reunieron este lunes con funcionarias de distintos órdenes de gobierno para reclamar colectivamente “el gran pendiente que existe en la implementación y materialización de sus derechos”, ante la inexistencia de políticas públicas diferenciadas para esta población. Además, les leyeron una lista de exigencias para su inclusión.

En la clausura del Encuentro Nacional de Mujeres Afromexicanas, las activistas presentaron a las funcionarias el informe Desigualdad territorializada, en el que evidenciaron los sesgos estadísticos que hay sobre las poblaciones afrodescendientes, que representan el 2.04% de los habitantes del país.

De acuerdo con la Colectiva Mujeres Afromexicanas en Movimiento (Muafro) y el Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir, la falta de información tiene su origen en que, aun cuando se incluyó su representación en el último censo del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), este focalizó las preguntas sobre las identidades afro en estados donde se concentra un mayor número de integrantes de estas poblaciones —como Oaxaca y Guerrero—, lo que dejó fuera a todas aquellas que habitan en el resto del país.

Los estados que, de acuerdo con el análisis de Muafro, cuentan con mayor presencia afrodescendiente son Guerrero (8.6%), Oaxaca (4.7%), Baja California Sur (3.3%), Yucatán (3%), Quintana Roo (2.8%), Veracruz (2.7%) y Campeche (2.1%).

A partir de los resultados presentados por el Inegi en 2021, en los que “estableció una media nacional afrodescendiente”, Muafro identificó que “en muchos parámetros contrastan significativamente con la realidad que vivimos”.

Por ello, las activistas realizaron una revisión de los datos en la que contrastaron dicha media nacional con los resultados de los municipios con mayor porcentaje de población afrodescendiente, “donde el racismo estructural y la invisibilidad histórica han dejado una huella profunda que se manifiesta en las desigualdades presentes en los territorios”.

Las desigualdades en los territorios afro

Muafro identificó 16 municipios donde más del 40% de la población es afrodescendiente: en Guerrero están Cuajinicuilapa (79.9%), Copala (58.7%), Juchitán (53.8%), Florencio Villarreal (51.4%) y Marquelia (43.1%).

En Oaxaca, estos son San Juan Bautista Lo de Soto (95.7%), Santa María Cortijo (93.7%), Santiago Tapextla (92.9%), Santo Domingo Armenta (91.9%), Santiago Llano Grande (91.8%), Mártires de Tacubaya (86.3%), San José Estancia Grande (81%), Santa María Huazolotitlán (56.4%), Villa de Tututepec (50.7%), Valerio Trujano (48.3%) y Santiago Pinotepa Nacional (42.4%).

En estos municipios, en contraste con la media nacional, las desigualdades de la población afromexicana resultaron mayores: en el caso de la dependencia de las personas a los programas sociales, el promedio en todo el país es de 50.2%, mientras que en aquellas comunidades con más del 40% de personas afrodescendientes el porcentaje fue de 63.8%, y en aquellos con más del 70% de habitantes afro fue de 76%.

Lee: Identidad y acceso a derechos: la lucha de las mujeres afromexicanas

En cuanto a acceso a servicios de salud, solo el 6.7% de gente en municipios con más del 40% de población afro es derechohabiente del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), y el porcentaje se reduce a 3.4% en el caso de las comunidades en las que más del 70% se identifica como afrodescendiente.

El servicio de salud con el que cuentan las comunidades afro es del Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi), con el 78.7% de la población de municipios con 40% de población afrodescendiente, y el 85.3% de las comunidades donde son más del 70%. 

Otro de los indicadores analizados por Muafro es el del analfabetismo, que según el Inegi es de 18.2% en municipios con 70% de población afrodescendiente, y del 13.7% en aquellos con 40%. En el resto del país, el promedio es de 4.7%.

FOTO: Cuartoscuro

Sobre el acceso a una computadora, laptop o tablet, el promedio nacional es de 37.6%, mientras que en los municipios con mayoría de personas afromexicanas fue del 11.1% y 8.3%, entre aquellos con más de 40% y 70%, respectivamente.

Del uso de internet, en las comunidades con población afro de más del 40% es de 19.7%, para aquellas donde siete de cada 10 son afrodescendientes es de 11.8% y a nivel nacional es de 52.1%.

En inseguridad alimentaria, es de 30% de los municipios con 70% de población afro y de 18% con 40% de personas que se identificaron afromexicanas, lo que contrasta con la media nacional de 9.2%.

Las exigencias de derechos e inclusión

Tras la presentación de estos datos ante funcionarias públicas de instituciones de salud, educación, participación política y derechos de las mujeres, Muafro leyó un pronunciamiento resultado del Encuentro Nacional de Mujeres Afromexicanas, en el que las activistas señalaron que “siempre han estado aquí”, por lo que demandaron la garantía de políticas públicas focalizadas en atender las problemáticas de desigualdad y particularidades de la población afrodescendiente, encabezadas e integradas por personas afro bajo el principio de paridad.

También exigieron acciones y campañas dirigidas a la sociedad que visibilicen y fortalezcan la identidad, las aportaciones sociales, culturales, artísticas y políticas, así como la historia de la población afro en México. Igualmente, su inclusión en los planes de desarrollo, programas y asignación de presupuesto específico para atender las desigualdades y violencias que viven.

En temas de salud, pidieron que se garantice su acceso efectivo, particularmente en los contextos rurales afromexicanos, con un énfasis particular en acciones para la salud sexual y reproductiva de niñas, jóvenes y mujeres, y el reconocimiento pleno de la medicina tradicional y la partería.

En cuanto a educación, exigieron políticas públicas focalizadas para la inclusión y acciones afirmativas dirigidas a la población afromexicana en todos los niveles, con presupuesto suficiente especialmente en zonas de difícil acceso, la incorporación al sistema laboral y que se garantice atención psicoemocional a los estudiantes afro de todos los niveles.

Sobre políticas de migración, señalaron que se debe dar un trato antirracista, digno y de derechos humanos, con acciones concretas para erradicar el perfilamiento racial, xenófobo y discriminatorio contra las personas afrodescendientes y africanas.

A las instancias generadoras de datos y al Inegi, pidieron que se incluya la variable afrodescendiente en todos los ejercicios estadísticos y estudios postcensales, con la finalidad de obtener información que visibilice la desigualdad que vive esta población, especialmente en salud, género, educación, procuración de justicia y personas privadas de la libertad.

En respuesta a este pronunciamiento, funcionarias del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred), el Instituto Nacional de Pueblos Indígenas (INPI), la Secretaría de las Mujeres, la Secretaría de Educación Pública (SEP), el Consejo Nacional de Población (Conapo), del Instituto Nacional Electoral (INE), de la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres (Conavim), la Secretaría de Salud, el Inegi y la ONU se comprometieron con Muafro a trabajar a favor de los derechos de las poblaciones afrodescendientes.

En todos los casos, las servidoras públicas señalaron que las instituciones ya realizan acciones afirmativas para la inclusión de las poblaciones afromexicanas, y acordaron generar mecanismos y mesas de trabajo para, en conjunto con la colectiva, seguir trabajando en los temas en los que continúan en deuda.

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“No necesito GPS ni mapa, todo lo tengo en la cabeza”: el camionero de 90 años que se rehúsa a jubilarse

Brian Wilson conduce camiones desde que era adolescente y por ahora no piensa en abandonar el volante.
13 de noviembre, 2022
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Brian Wilson, de 90 años, es uno de los camioneros activos más longevos del mundo.

Y, después de más de 70 años en la carretera, aún no tiene planes de poner el freno de mano.

Brian ni se preocupa por tener un GPS. Sí tiene un atlas de carreteras, aunque dice que es de hace “unos 40 años” y que, de todos modos, lo tiene guardado en el maletero del coche.

“No necesito GPS ni mapa”, asegura. “Todo está aquí arriba”. Sonríe y se golpea la sien para reforzar el punto.

Estamos sentados en la cabina del camión de 1993 de Brian. Junto a los modernos camiones Scania alineados en este predio logístico en las afueras de Sheffield, Inglaterra, el suyo se destaca.

La palanca de cambios está pegada con cinta adhesiva, la tapicería ha tenido días mejores y huele a tabaco.

Según Guinness World Records, el hombre de mayor edad con una licencia para conducir vehículos de gran peso es el británico Jack Fisher, con 88 años y cuatro días, al 27 de enero de 2021.

Brian Wilson al volante de su camión.

BBC
Brian ha sido invitado por Guinness World Records a presentarse para ser reconocido como el conductor de vehículos pesados más longevo del mundo.

Ahora, Brian ha sido invitado a hacer su propio reclamo en el registro mediante la presentación de pruebas de edad y ocupación. “Realmente no pienso en eso”, dice. “Solo salgo a trabajar”.

Si solo está siendo modesto o práctico es difícil saberlo.

Imposible no trabajar

Un paquete de 20 cigarrillos, un encendedor, una copia del Daily Mirror y trapos ocupan el espacio entre nuestros asientos.

“Me inquieto cuando no estoy trabajando”, dice.

Brian muestra algunas fotografías, mientras hacemos un viaje por el camino de la memoria, desde que era un joven soldado hasta la etapa nonagenaria.

Hay una imagen suya de vacaciones. Está sentado en una mesa, leyendo un periódico. No parece un hombre de vacaciones.

“Dos o tres días sin trabajar, sin hacer nada, y ya tuve suficiente”, dice. “Tengo que estar haciendo algo. Siempre quiero volver al trabajo“.

En la industria del transporte, se le conoce como “un original”. Mientras que otros confían en las cinchas de amarre con hebillas para asegurar las cargas, Brian prefiere la forma antigua, usando cuerdas y láminas.

Es un arte que se está muriendo, dice.

Brian le da crédito a su tío por haberle enseñado a conducir a los 16 años, aunque su carrera militar en la década de 1950 indudablemente agudizó sus habilidades.

En la década de 1960, después de un periodo repartiendo gasolina para Esso, Brian se unió a la empresa de transporte de su padre Edward: E. Wilson e Hijo.

Hoy es dueño del negocio familiar, que principalmente transporta resortes de acero.

“Todos los jueves me levanto a las 4:00 en punto, listo para salir de casa a las 5:15”, narra.

Brian desgrana sus “gotas” del día. “Leicester, Tamworth, Redditch, Birmingham, Telford (…) haré unas 300 millas (casi 500 kilómetros)”.

La lejana jubilación

Brian es un hombre de pocas palabras y las hace valer. Su actitud se suaviza cuando veo su anillo de bodas.

“Llevamos casados ​​67 años”, dice sonriendo. “Tenía 15 años cuando Mavis y yo nos conocimos en una feria”.

Me muestra una fotografía con su pareja tomada en su aniversario de bodas de rubí, es decir, cuatro décadas juntos. “Todavía nos cuida a todos”, dice.

A Brian puede que le ocurra como a su madre, Gertrude, que vivió hasta los 102 años.

Al igual que su camión, Brian tiene que pasar por un control de salud completo cada año, y el próximo vence antes de Navidad.

Si su médico de cabecera lo considera apto para trabajar, Brian tiene la intención de continuar durante al menos otro año antes de considerar jubilarse.

“También depende de cómo esté mi mujer”, añade.

Otros transportistas hablan muy bien de él.

De vuelta en la cabina de su camión, Brian reconoce que habrá algunos que crean, a los 90 años, que es demasiado mayor para conducir un automóvil y mucho menos un camión.

“Lo sé, lo sé”, dice, mirando por la ventana. “Pero sabré cuando sea el momento”.

“Es un sorteo quién se retirará primero”, agrega Brian. “Si el camión o yo”.

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