Colectivos exigen regulación que limite a Airbnb en la CDMX
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Colectivos exigen límites al acuerdo CDMX-Airbnb; demandan regulación que ponga tope a los espacios de alojamiento

A casi un mes de que se anunció el convenio entre el Gobierno de la CDMX y Airbnb, colectivos, ciudadanos y activistas protestaron frente a la Seduvi y entregaron un pliego petitorio. Exigen proteger el derecho a la vivienda y no al sector inmobiliario.
FOTO: Eréndira Aquino
18 de noviembre, 2022
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El acuerdo anunciado por el Gobierno de la Ciudad de México con la plataforma Airbnb no ha sido bien recibido por vecinos de barrios y alcaldías de la capital, quienes protestaron este jueves para reclamar que las autoridades privilegian una política inmobiliaria que solo es rentable para empresas, y no para los ciudadanos, y exigieron que haya regulación para los espacios de alojamiento.

Colectivos, cooperativas, ciudadanos y activistas acudieron frente a las oficinas de la Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda (Seduvi), para entregar un pliego petitorio en el que demandan que se privilegien los proyectos que garanticen hogares dignos a los habitantes de la CDMX, antes que el desarrollo turístico que en algunas colonias ha provocado la expulsión de habitantes que no pueden pagar los altos costos de la renta o que son avisados de que los departamentos que alquilan serán convertidos en espacios para Airbnb.

“El cumplimiento del derecho a la vivienda adecuada está en crisis. Por años le han hecho creer a muchas personas que las fallas estructurales son solo problemas personales producto del azar o de la falta de esfuerzo, pero la realidad es que la Ciudad de México vive una financiarización de la vivienda. Para las grandes empresas, apoyadas por las autoridades, la vivienda ya no importa como un espacio para vivir, sino como un activo financiero”.

Con estas palabras, Máximo Ernesto Jaramillo, activista y académico, dio inicio al mitin en el que se leyó un pronunciamiento que se entregó a las autoridades, mismo que denuncia: “El 99% de los ingresos por vivienda de alquiler se queda en el 10% de la población más rica, con ganancias históricas que se logran gracias a la pérdida de espacios para vivir, y muchas veces a partir del sufrimiento de la población, por medio de desalojos forzosos”.

De acuerdo con Jaramillo, desde 2005, los precios de acceso a la vivienda en la CDMX se han incrementado en 235%, lo que ha llevado a que al menos la mitad de las viviendas de la Zona Metropolitana —y no solo de colonias como Roma, Condesa, Polanco y Juárez— estén por encima de los 3.2 millones de pesos, un precio que solo el 3.4% de la población capitalina puede pagar.

El activista, integrante de Gatitos contra la Desigualdad, denunció que los desalojos ilegales y arbitrarios son cada vez más frecuentes, gracias a “las lagunas legales no atendidas por las autoridades que permiten que la fuerza pública sea ejercida durante las diligencias en las que suelen destruirse las posesiones de las familias”.

La abogada Carla Escoffié señaló que la situación de crisis de vivienda “ocurre de Tijuana a Chetumal” y “es por culpa de 50 años de una política de vivienda que se centró en darnos créditos hipotecarios, se creyó que con créditos se iban a arreglar todos los problemas de vivienda; lo que estamos viendo son las grietas de la política de vivienda en México, que en realidad es una política inmobiliaria”. 

“No más gentrificación o habrá revolución”

Durante la protesta, los manifestantes gritaron consignas como “No más gentrificación o habrá revolución”, “Fuera multinacionales de nuestras ciudades” y “Nomadismo digital es racismo estructural”, en alusión al anuncio del convenio de la CDMX con Airbnb, que, de acuerdo con la jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum, está enfocado en atraer a la capital a extranjeros que cuentan con trabajos vía remota.

Para algunos vecinos, este anuncio “fue la gota que derramó el vaso”. Una de las integrantes del colectivo Amor denunció que en diferentes edificios del Centro Histórico desde hace años comenzó un proceso de despojo, mediante el acoso de inmobiliarias que compran edificios de departamentos para convertirlos en departamentos de lujo u hoteles.

Lee: “No más gentrificación o habrá revolución”: ciudadanos protestan contra acuerdo entre CDMX y Airbnb

Otros grupos, como el del Pueblo de Xoco, señalaron que las autoridades se han negado a atender las demandas de los ciudadanos que no están de acuerdo con el establecimiento de complejos comerciales como Mítikah, que para su construcción privatizó espacios públicos y afectó al medio ambiente.

Al terminar de dar sus testimonios, los asistentes dieron lectura al pliego petitorio que fue entregado en la Seduvi, con el que exigieron la elaboración de un plan estratégico que garantice el acceso a la vivienda y de una ley inquilinaria que equilibre los derechos de las personas arrentadarias y arrendadoras, e incluya medidas contra el aumento desproporcionado de las rentas.

También pidieron que se establezcan políticas fiscales que desincentiven la especulación de la vivienda, así como que se cumpla la promesa del gobierno capitalino de dar apoyo para las rentas a poblaciones vulnerables y personas expulsadas por la crisis de vivienda.

Entre las demandas de los manifestantes se encuentra también que las autoridades limiten los espacios que puede ocupar Airbnb en la CDMX, que se suspenda cualquier trato que el gobierno capitalino tenga con la empresa y que se haga público el acuerdo, del que únicamente se conoció por el anuncio que dio Sheinbaum el pasado 26 de octubre en una conferencia de prensa.

Al finalizar la protesta, los vecinos anunciaron que continuarán manifestándose contra Airbnb y para la exigencia de política pública de vivienda, así como la conformación de mesas de trabajo entre distintos colectivos y cooperativas para establecer una agenda conjunta.

¿Qué dice el acuerdo entre la CDMX y Airbnb?

Animal Político tuvo acceso al memorándum de entendimiento mediante el cual se estableció el acuerdo en el que se involucran la CDMX, Airbnb y la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), en el que se especifica que este “no crea ningún derecho u obligación legalmente vinculante o exigible” entre los participantes.

El documento indica que el objetivo del acuerdo es “promover y difundir la reactivación del turismo en la Ciudad de México, en apego al respeto de las comunidades locales y ecosistemas naturales, así como visibilizar la cadena de valor de micro, pequeños y medianos empresarios turísticos, a fin de acelerar la recuperación económica de los destinos y localidades” de la capital.

  

Según el acuerdo, este se limita a la creación de una campaña de promoción enfocada en los atractivos de la CDMX, “así como aprovechar la coyuntura actual para hacer de sus destinos la alternativa preferida por turistas nacionales y extranjeros, además de incrementar la recuperación económica de pequeños empresarios”, y especifica que los nómadas digitales son “uno de los principales objetivos de promoción”.

Asimismo, se contempla la creación de un portal de información estadística que contribuya a construir perfiles de los viajeros, conocer nuevas tendencias turísticas y difundir la oferta de la ciudad.

En cuanto a la participación de la Unesco, el acuerdo establece que se implementarán dos talleres de identificación de actores para promover el turismo creativo en la CDMX, con el fin de que el sector creativo desarrolle competencias y pueda beneficiarse de la campaña promocional, para el desarrollo económico local en corredores turísticos no tradicionales, como Xochimilco, Venustiano Carranza, Gustavo A. Madero o Iztacalco.

Con este convenio también se dará seguimiento a la donación hecha por Airbnb en 2021 a la Secretaría de las Mujeres en la capital, “a fin de emplear los recursos en diversas acciones que contribuyan a promover una vida libre de violencia y empoderamiento de las mujeres en la ciudad”.

Este acuerdo, con el que la CDMX se une a una lista de destinos de todo el mundo para nómadas digitales —junto con Dubai, Lisboa, Buenos Aires, Palm Springs y Queensland, entre otras ciudades—, tiene una vigencia de dos años con posibilidad de ser renovado.

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Foto: Alamy

La Tierra alcanza los 8.000 millones de habitantes: ¿a cuántas personas puede albergar nuestro planeta?

Se espera que este 15 de noviembre la población humana alcance los 8.000 millones. BBC Future analiza uno de los temas más controvertidos de nuestro tiempo: ¿somos demasiados?
Foto: Alamy
15 de noviembre, 2022
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La Organizaciones de Naciones Unidas (ONU) predijo lo que hoy se cumplió: ya hay 8 mil millones de habitantes en la Tierra.

Con la expansión de la población ha llegado una gran división. Algunos ven nuestros números crecientes como una historia de éxito sin precedentes.

De hecho, hay una escuela de pensamiento emergente que defiende que en realidad necesitamos más personas.

En 2018, el multimillonario tecnológico Jeff Bezos predijo un futuro en el que nuestra población alcanzará un nuevo hito decimal, en la forma de un billón de humanos dispersos por nuestro Sistema Solar, y anunció que está planeando formas de lograrlo.

Mientras tanto, otros, incluido el locutor británico e historiador natural David Attenborough, han etiquetado a nuestro masivo enjambre humano como una “plaga para la Tierra”.

Desde este punto de vista, casi todos los problemas ambientales que enfrentamos actualmente, desde el cambio climático hasta la pérdida de biodiversidad, el estrés hídrico y los conflictos por la tierra, se remontan a nuestra reproducción desenfrenada durante los últimos siglos.

Allá por 1994, cuando la población mundial era de “apenas” 5.500 millones, un equipo de investigadores de la Universidad de Stanford, en California, calculó que el tamaño ideal de nuestra especie estaría entre 1.500 y 2.000 millones de personas.

Entonces, ¿está sobrepoblado actualmente el mundo? ¿Y qué podría deparar el futuro para el dominio global de la humanidad?

Una preocupación ancestral

En la obra magna de Platón, “La República”, escrita alrededor del año 375 a.C., el filósofo describe dos ciudades-estado imaginarias. Una es saludable y la otra es “lujosa” y “febril”.

En esta última, la población gasta y devora en exceso, entregándose al consumismo hasta “sobrepasar el límite de sus necesidades”.

Imagen de Platon

Getty Images
En la Antigua Grecia, el filósofo Platón abogó por el control de la población y del consumo.

Esta ciudad-Estado moralmente decrépita finalmente recurre a apoderarse de las tierras vecinas, lo que naturalmente desemboca en una guerra: simplemente no puede mantener a su gran población codiciosa sin recursos adicionales.

Platón se había topado con un debate que todavía está vivo hoy: ¿el problema es la población humana o son los recursos que consume?

En su famoso trabajo, “Un ensayo sobre el principio de la población”, publicado en 1798, Thomas Malthus, un clérigo inglés con una inclinación por el pesimismo, comenzó con dos observaciones importantes: que todas las personas necesitan comer y que les gusta tener relaciones sexuales.

Cuando se lleva a su conclusión lógica, explicó, estos simples hechos conducen a que las demandas de la humanidad superen los suministros del planeta.

“La población, cuando no se controla, aumenta en una proporción geométrica. La subsistencia aumenta solo en una proporción aritmética. Un ligero conocimiento de los números mostrará la inmensidad del primer poder en comparación con el segundo”, escribió Malthus.

El futuro de los habitantes en la Tierra

En otras palabras, un gran número de personas conduce a un número aún mayor de descendientes, en una especie de circuito de retroalimentación positiva, pero nuestra capacidad para producir alimentos no necesariamente se acelera de la misma manera.

Estas simples palabras tuvieron un efecto inmediato, encendiendo un miedo apasionado en algunos y la ira en otros, lo que continuaría reverberando en la sociedad durante décadas.

El primer grupo pensó que había que hacer algo para evitar que nuestros números se descontrolaran. El segundo, que limitar el número de personas era absurdo o poco ético, y en su lugar se debería hacer todo lo posible para aumentar el suministro de alimentos.

Cuando se publicó el ensayo de Malthus, había 800 millones de personas en el planeta.

Sin embargo, no fue sino hasta 1968 que surgieron las preocupaciones modernas sobre la sobrepoblación global, cuando un profesor de la Universidad de Stanford, Paul Ehrlich, y su esposa, Anne Ehrlich, escribieron “La bomba demográfica”.

Portada de "La bomba demográfica" de Paul Ehrlich

Sierra Club/Ballantine Books
Este libro dio pie a la preocupación actual por la sobrepoblación.

Se inspiró en la ciudad india de Nueva Delhi. La pareja regresaba a su hotel en un taxi una noche y atravesó un barrio pobre, donde se vieron abrumados por la cantidad de actividad humana en las calles.

Escribieron sobre la experiencia de una manera que ha sido muy criticada, especialmente porque la población de Londres en ese momento era más del doble que la de Nueva Delhi.

La pareja publicó su libro debido a la preocupación por la hambruna masiva que creían que se avecinaba, particularmente en los países en desarrollo, pero también en lugares como Estados Unidos, donde la gente comenzaba a notar el impacto que estaba teniendo sobre el medio ambiente.

El trabajo ha sido ampliamente acreditado con (o acusado de, según el punto de vista) desencadenar muchas de las ansiedades actuales sobre la sobrepoblación.

Visiones encontradas

Las estimaciones varían, pero se espera que alcancemos el “punto más alto humano” entre los años 2070 y 2080, momento en el que habrá entre 9.400 y 10.400 millones de personas en el planeta.

Puede que sea un proceso lento: si llegamos a los 10.400 millones, la ONU espera que la población se mantenga en ese nivel durante dos décadas, pero finalmente, después de esto, se prevé que la población disminuya.

Esto ha generado visiones encontradas sobre nuestro futuro.

En un extremo del espectro se encuentran aquellos que ven como una crisis las tasas de fertilidad bajas de algunas regiones del planeta.

Un demógrafo está tan preocupado por la caída en la tasa de natalidad en Reino Unido que ha sugerido gravar a las personas sin hijos.

En 2019, en el país nacían en promedio 1,65 niños por mujer. Esto está por debajo del nivel de reemplazo (la cantidad de nacimientos necesarios para mantener el mismo tamaño de población) de 2,075, aunque la población siguió creciendo debido a la inmigración.

Una muchedumbre de gente en un concierto

Getty Images
Algunos están preocupados por la sobrepoblación mientras que otros advierten que la natalidad está cayendo en casi todo el mundo, lo que podría traer problemas.

El punto de vista opuesto es que desacelerar y eventualmente detener el crecimiento de la población mundial no solo es eminentemente manejable y deseable, sino que puede lograrse a través de medios totalmente voluntarios, métodos como simplemente proporcionar anticonceptivos a quienes los deseen y educar a las mujeres.

De esta manera, los defensores de esta posición creen que no solo podríamos beneficiar al planeta, sino también mejorar la calidad de vida que experimentan los ciudadanos más pobres del mundo.

Por otro lado, otros abogan no fijarse en el número de personas en el mundo y centrarse en nuestras actividades.

Argumentan que lo importante es la cantidad de recursos que utiliza cada persona y señalan que el consumo es significativamente mayor en los países más ricos con tasas de natalidad más bajas.

Reducir nuestras demandas individuales sobre el planeta podría reducir la huella de la humanidad sin sofocar el crecimiento en los países más pobres.

De hecho, el interés occidental en reducir el crecimiento de la población en las partes menos desarrolladas del mundo ha sido acusado de tener matices racistas, cuando Europa y América del Norte están más densamente pobladas en general.

El impacto ambiental con 8 mil millones de habitantes en la Tierra

Más allá de este debate, las estadísticas sobre el impacto que hemos tenido sobre la Tierra son alarmantes.

Según el organismo de la ONU para la Agricultura y la Alimentación (FAO), el 38% de la superficie terrestre del planeta se utiliza para cultivar alimentos y otros productos (como combustible) para los seres humanos o su ganado: cinco mil millones de hectáreas en total.

Y aunque nuestros antepasados vivían entre gigantes, cazando mamut y pájaros elefantes de 450 kg, hoy somos la especie vertebrada dominante en la Tierra.

En peso, los humanos representamos el 32% de los vertebrados terrestres, mientras que los animales salvajes representan solo el 1% del total. El ganado representa el resto.

Animales migrando

Getty Images
Las migraciones naturales de muchos animales salvajes ahora son imposibles de hacer sin deambular por asentamientos humanos o infraestructura humana.

El Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés) descubrió que las poblaciones de vida silvestre disminuyeron en dos tercios entre 1970 y 2020; durante el mismo período, la población mundial se duplicó con creces.

De hecho, a medida que aumenta nuestro dominio, se han producido muchos cambios ambientales en paralelo, y varios ambientalistas prominentes, desde la primatóloga Jane Goodall, famosa por su estudio de los chimpancés, hasta el naturalista y presentador de televisión Chris Packham, han expresado su preocupación.

En 2013, Attenborough explicó su punto de vista a la revista Radio Times: “Todos nuestros problemas ambientales se vuelven más fáciles de resolver con menos personas, y más difíciles y en última instancia imposibles de resolver con cada vez más personas“.

A algunos la alarma por la huella ambiental de la humanidad los ha llevado a decidir tener menos o ningún hijo, incluidos el duque y la duquesa de Sussex, Harry y Meghan, quienes anunciaron en 2019 que no tendrían más de dos por el bien del planeta.

En el mismo año, Miley Cyrus también declaró que aún no tendría hijos porque la Tierra está “enojada”.

Un número creciente de mujeres se están uniendo al movimiento antinatalista y han declarado una “huelga de natalidad” (BirthStrike), hasta que se aborde la emergencia climática actual y la crisis de extinción.

La tendencia se vio impulsada por una investigación de 2017, que calculó que el simple hecho de tener un hijo menos por mujer en el mundo desarrollado podría reducir las emisiones anuales de carbono de una persona en 58,6 toneladas de “CO2 equivalente” o CO2e, más de 24 veces el ahorro de no tener un auto.

Hoy en día, se acepta ampliamente que las personas están ejerciendo una presión insostenible sobre los recursos finitos del mundo, un fenómeno que se destaca en el “Día del exceso de la Tierra”, la fecha en la que cada año se estima que la humanidad ha agotado todos los recursos biológicos que el planeta puede brindar de manera sostenible.

En 2010 cayó el 8 de agosto. Este año fue el 28 de julio.

Conmemoración del "Día del exceso de la Tierra" en Berlín, en 2018.

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Conmemoración del “Día del exceso de la Tierra” en Berlín.

Ya sea que el problema sea que hay demasiados humanos, los recursos que usamos o ambos, “no puedo siquiera imaginar cómo más humanos podrían ser mejores para el medio ambiente”, dice la académica Jennifer Sciubba, autora del libro “8.000 millones y contando: cómo el sexo, la muerte y la migración dan forma a nuestro mundo”.

Sin embargo, Sciubba señala que la idea de una inminente “bomba demográfica” que viene a destruir el planeta -como sugiere el libro de los Ehrlich- está desactualizada.

“Cuando lo escribieron creo que había 127 países en el mundo donde las mujeres en promedio tenían cinco o más hijos en su vida”, dice.

En esa era, las tendencias de la población realmente parecían exponenciales, y ella sugiere que esto infundió pánico sobre el nivel de población en ciertas generaciones que aún están vivas hoy.

“Pero hoy solo hay ocho ”, expone Sciubba. “Así que creo que es importante que nos demos cuenta de que esas tendencias cambiaron“.

Un futuro más feliz

La demografía no solo influye en el medio ambiente y la economía: también es una poderosa fuerza oculta que da forma a la calidad de vida de las personas en todo el mundo.

Según Alex Ezeh, profesor de Salud Global en la Universidad de Drexel, en Pensilvania, el número absoluto de personas en un país no es el factor más importante.

En cambio, es la tasa de crecimiento o disminución de su población lo que es clave para las perspectivas futuras de un país: esto determina qué tan rápido están cambiando las cosas.

Tomemos África, donde Ezeh explica que actualmente se están produciendo tasas de crecimiento de la población radicalmente diferentes, dependiendo de dónde se mire.

“En varios países, particularmente en el sur de África, las tasas de fertilidad realmente han disminuido y el uso de anticonceptivos ha aumentado: la tasa de crecimiento de la población se está desacelerando, lo que en cierto modo es una buena noticia”, dice Ezeh.

Al mismo tiempo, algunos países de África Central todavía tienen altas tasas de crecimiento demográfico, como resultado de la alta fecundidad y una esperanza de vida más larga.

En algunos lugares está muy por encima del 2,5% anual, “lo cual es enorme”, dice Ezeh. “La población se duplicará cada más de 20 años en varios países”.

Personas en un mercado de alimentos

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Hoy usamos el 38% de la superficie terrestre para cultivar alimentos u otros productos para los humanos.

“Creo que la conversación sobre el tamaño y los números está fuera de lugar”, dice Ezeh.

“Piensa en una ciudad que se duplica cada 10 años, como varias ciudades en África. ¿Qué gobierno realmente tiene los recursos para mejorar cada infraestructura que existe actualmente cada 10 años, a fin de mantener el nivel correcto de cobertura de esos servicios?

“Los economistas piensan que una gran población es excelente para muchos resultados diferentes, pero ¿se logra esa gran población en 10 años, 100 años o 1000 años? Cuanto más se tarde en llegar, mejor se pueden establecer las estructuras correctas en el sistema que sostendrá a esa población”, añade Ezeh.

Una presencia en expansión

Aunque aún no se ha decidido el grado en que la humanidad continuará expandiéndose por el planeta, ya se han establecido algunas trayectorias.

Y una es que es probable que la población humana continúe creciendo durante algún tiempo, independientemente de cualquier posible esfuerzo por disminuirla.

Un estudio publicado en 2014 encontró que, incluso en el caso de una gran tragedia global como una pandemia mortal o una guerra mundial catastrófica, o una política draconiana del hijo único implementada en todos los países del planeta -nada de lo cual nadie espera, por supuesto- nuestra población aún crecerá hasta los 10.000 millones de personas para 2100.

Con la humanidad lista para volverse aún más dominante en los próximos años, encontrar una manera de vivir juntos y proteger el medio ambiente podría ser el mayor desafío de nuestra especie hasta el momento.


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