Aumento presupuestal en educación especial no significa mejoras
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Unicef

Programa de educación especial tendrá más recursos en 2023, pero especialistas ven riesgo de un mal manejo del dinero

Fernando Ruiz, director de Investigación de Mexicanos Primero, explica que el aumento en 700 millones de pesos al presupuesto para educación especial puede ser empleado en el lucimiento de las autoridades y no en beneficio para sus beneficiarios.
Unicef
Por Itzel Ramírez / Yo También
19 de noviembre, 2022
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Aun cuando este año la Secretaría de Educación Pública (SEP) recortó casi a la mitad los fondos del Programa de Fortalecimiento de los Servicios de Educación Especial (PFSEE), para 2023 pidió y consiguió un presupuesto de 725 millones 690 mil 403 pesos, de acuerdo con el Presupuesto de Egresos aprobado por la Cámara de Diputados.

Pese a que el incremento para el PFSEE podría verse como una buena noticia, la forma en la que la administración federal ha ejercido el gasto público en materia de educación especial obliga a revisar si los más de 700 millones de pesos se traducirán en mejoras para niñas, niños y adolescentes con discapacidad, aseguró Fernando Ruiz, director de Investigación de Mexicanos Primero.

“Esperamos que este presupuesto para educación especial no sea para lucimiento de discursos. La preocupación proviene un poco de la lógica de implementación del gasto, que en los últimos dos años ha tenido recortes muy fuertes durante el transcurso del año fiscal cuando no se cumplen las expectativas de recaudación y terminan afectando los montos aprobados”, dijo Ruiz en entrevista.

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El PFSEE fue uno de los más afectados en el ejercicio del gasto durante este año. Aunque el programa se presupuestó con 680 millones 71 mil 220 pesos, en el ejercicio tuvo un recorte de 332.5 millones, por lo que solamente quedó con una bolsa ejecutable de 347 millones 571 mil 220 pesos, indican los datos del Informe sobre la Situación Económica, las Finanzas Públicas y la Deuda Pública correspondiente al tercer trimestre de 2022 que entrega la Secretaría de Hacienda (SHCP) al Congreso.

Sin justificación de la SEP sobre las razones del recorte, la decisión se vuelve completamente arbitraria, dijo Ruiz.

“Esto puede volver a pasar el año que viene, sobre todo cuando en el gasto se tiene una expectativa demasiado optimista para asegurar la continuidad y estabilidad de ingresos fiscales”, afirmó el investigador.

Si los 725 millones aprobados son de por sí insuficientes para las más de 6 mil 400 escuelas que atienden a estudiantes con discapacidad en el país, precisó Ruiz, los recortes presupuestales ahondan el rezago educativo.

Promesas pendientes

Ruiz llamó también a recordar que el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador tiene otros pendientes en educación especial.

“Una promesa de este gobierno fue el compromiso de crear una estrategia nacional de inclusión educativa que no solamente fijaba la necesidad de establecer las escuelas que estaban atendiendo a los niños, niñas y adolescentes con discapacidad, sino que se tenía que construir una serie de estructuras para el resto de las escuelas y que fueran habilitadas para recibir a estos estudiantes”, mencionó.

A cuatro años de gobierno, la estrategia sigue en el aire.

“Quedó en el olvido, no tuvo correspondiente presupuesto fiscal, no hay programa que puedas ubicar en el Ramo 11, que es el destinado a las escuelas. Esto nos parece una omisión muy fuerte que la SEP no está cumpliendo con las obligaciones que están en las reformas”, insistió el especialista.

Sin que se hayan hecho las adecuaciones básicas de infraestructura para la accesibilidad en las escuelas —ante la falta de presupuesto—, ni que se hayan habilitado las escuelas de educación especial para recibir a estudiantes sin discapacidad, la educación inclusiva permanecerá solo en el papel, observó Ruiz.

“Esto implicaba que todas las escuelas de educación básica tuvieran justamente las adecuaciones en la infraestructura para la accesibilidad de estudiantes en las escuelas, pero también que las escuelas de educación especial se abrieran para estudiantes que quisieran estar en este tipo de instituciones, que nada lo impide más que las visiones limitadas que continúan viendo a las personas con discapacidad como que deben ser atendidas de forma separada al resto de los estudiantes”, añadió.

Agregó que tampoco se ha visto un aumento de los Centros de Atención Múltiple ni en las Unidades de Servicio de Apoyo a la Educación Regular, medidas que chocan con la atención de rezagos y capacidades para las personas con discapacidad.

 

Este texto se publicó originalmente en el sitio Yo También.

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Qué es la distimia, uno de los tipos de depresión más difíciles de diagnosticar

Puede comenzar en la niñez o en la adolescencia, antes de los 21 años.
7 de septiembre, 2022
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Ana Bacovis sintió los primeros síntomas de distimia —trastorno depresivo persistente—, en su preadolescencia. A los 13 años sufría de baja autoestima, tenía problemas con sus relaciones sociales y empezó a tener una visión oscura de la vida.

“Me veía como una persona muy realista, pero en realidad era pesimista. La gente acaba cayendo en una situación en la que se siente eso como normal”, dice esta comunicadora y servidora pública.

Sus padres tardaron un tiempo en darse cuenta de que el comportamiento de su hija era inusual. Los picos de ira e irritabilidad que tuvo fueron los indicios para que Ana buscara ayuda.

“Tenemos una visión distorsionada de la depresión. Yo tenía momentos de alegría, picos muy altos de euforia. Luego eso se acababa y venía la tristeza”, recuerda.

Incluso ya con los síntomas iniciales del trastorno, solo obtuvo un diagnóstico cuando ya tenía signos de depresión más avanzados. Al recibir atención médica, la joven se enteró de que sufría distimia y que presentaba un grado moderado de ansiedad.

Selfie de Ana Bacovis, una joven con el pelo azul.

Archivo personal
Ana Bacovis empezó a tener los primeros síntomas de distimia cuando era adolescente.

Al igual que Ana, es muy común que muchos pacientes reciban el diagnóstico de este tipo de depresión después de estar durante décadas viviendo con los síntomas. A menudo, los signos más evidentes se confunden con la personalidad, el “modo de ser” del individuo. Y esto puede hacer que haya un infradiagnóstico.

“La historia más común que hay es la de alguien que tiene algún tipo de depresión leve o distimia, pero solo cuando los síntomas de la depresión se vuelven más severos el paciente busca ayuda y descubre que padece el trastorno”, destaca Marcelo Heyde, médico psiquitatra y profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad Pontificia Católica de Paraná (PUCPR).

Qué es la distimia

El trastorno depresivo persistente es una forma crónica de depresión y puede comenzar en la niñez o en la adolescencia, antes de los 21 años. La distimia afecta aproximadamente al 6 % de la población mundial, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La principal diferencia entre la distimia y el tipo clásico de depresión es que, en el que nos ocupa, la persona puede ser funcional y realizar sus actividades con normalidad. Sin embargo, trabajar, estudiar y otras acciones cotidianas son un poco más difíciles de hacer.

“Se pueden hacer las actividades pero con un costo mayor en la rutina y una productividad reducida debido a los síntomas. La persona es funcional, pero a costa de un mayor esfuerzo”, explica Márcia Haag, psiquiatra y profesora de la Universidad Positivo de Curitiba.

Según los expertos consultados por la BBC, aún no hay consenso sobre las causas de la distimia. Por lo general, el trastorno puede ser multifactorial y estar generado por factores estresantes durante la infancia, una presdisposición genética y biológica, un traumatismo o cuestiones sociales.

Un niño con la cabeza apoyada sobre su escritorio.

Getty Images
Esta forma crónica de depresión puede aparecer en la adolescencia.

“Es posible notar que en la fase adulta el paciente llegua a consulta y tiene llanto fácil, pero cuando se profundiza e investiga, se descubre que era un niño silencioso y con dificultades para relacionarse“, señala Bianca Breda, psicóloga y especialista en terapias cognitivas del Hospital de Clínicas de la Facultad de Medicina de la Universidad de São Paulo (FMUSP).

En el caso de Ana, descubrió que padecía esta enfermedad gracias a su trabajo en un centro de apoyo a niños y adolescentes víctimas de abuso sexual. Al tener atención psicológica en el lugar, la joven pudo entender lo que estaba pasando.

Cómo identificar la distimia y distinguirla de la depresión clásica

A diferencia de otros episodios de depresión, que son más fáciles de reconocer, la distimia tiene características propias “camufladas”.

Además de tener una duración mayor, los signos más comunes pueden manifestarse a través de cansancio, fatiga, baja autoestima, indecisión y pesimismo exagerado.

En la depresión común, la más conocida, la persona tiende a mostrar síntomas exacerbados de tristeza, desánimo, desinterés por las cosas, pérdida de apetito y otros signos que pueden ser percibidos por el entorno y por el propio paciente.

“En la depresión hay una mayor intensidad, el sufrimiento de una persona con depresión suele ser mayor y la clasificamos en leve, moderada y severa. Suele estar ligada a algún evento”, dice Breda.

No es la personalidad

La distimia se considera uno de los tipos de depresión más difíciles de diagnosticar y en muchos casos se confunde como algo “de la personalidad”·

Mujer mira al horizonte a través de una ventana.

Getty Images
La distimia se considera uno de los tipos de depresión más difíciles de diagnosticar y afecta aproximadamente al 6 % de la población mundial.

Debido a este error común, el diagnóstico suele ser tardío y perjudica a los pacientes en la búsqueda del tratamiento correcto, algo que puede tardar décadas.

Es fundamental, según los expertos, dejar de decir que cierta persona es aburrida, que es así y ha sido así toda su vida y que, por tanto, no cambiará más.

“La distimia viene de modo lento y sigiloso. Sin embargo, con los años, a pesar de ser leve, el impacto funcional es grande, ya que la persona se va ganando apodos y etiquetas de gruñón y malhumorado. Esto, que es culturalmente aceptado, va retrasando el diagnóstico y también refuerza el neuroticismo, un rasgo de la personalidad que hace que se vean las cosas de un modo negativo“, explica Heyde.

En el caso de Ana, tenía dificultades para relacionarse en la escuela pero no sabía por qué. “Siempre he tenido una inseguridad mucho mayor, sobre todo en el amor. Me bloqueaba mucho”, dice.

Ella creía que todos esos sentimientos eran parte de su actitud y que, con el tiempo, podría pasar. Pero eso no pasó y los cambios de humor se sucedieron con frecuencia.

Selfie de Ana Bacovis

Archivo personal
Desde que volvió a recibir asesoramiento psicológico, Ana ha notado una mejora significativa

“Quien tiene distimia tiene una relación muy conflictiva consigo mismo. En algún momento te acabas enfadando”, dice Ana.

Cómo buscar ayuda y tratar el trastorno

Es fundamental que el paciente busque ayuda temprana para evitar el infradiagnóstico. Muchas veces, cuando hay una queja específica sobre otra enfermedad no se busca apoyo psiquiátrico y, en general, se recibe el diagnóstico de esa otra dolencia y la distimina pasa desapercibida.

“La depresión en sí tiene hasta un 50 % de casos que no son diagnosticados por los médicos de atención primaria. Imagina lo que pasa con la distimia, donde una persona puede quejarse de sentir cansancio, fatiga y baja autoestima. Es bastante común asociarla con otras enfermedades psiquiátricas, trastorno de ansiedad y uso de sustancias“, dice Haag.

El diagnóstico tardío, refuerza el médico, también puede interferir en la aparición de otras enfermedades o empeorar cada una de ellas.

“La distimia y la depresión afectan al organismo de forma sistémica y puede hacer que empeoren algunos cuadros clínicos como la diabetes, hipertensión y enfermedades reumatológicas, haciendo que el paciente necesite mayores dosis de fármacos o una combinación superior de medicamentos para estabilizar ese cuadro”, dice.

Como todavía hay bastante tabú en relación a los temas de salud mental, identificar el trastorno puede ser aún más complicado. Lo recomendable es buscar atención con psicólogos y psiquiatras, quienes evaluarán el caso y podrán determinar la línea terapeútica correcta, la cual puede hacerse con medicación o solo psicoterapia.

En el momento en que Ana descubrió la distimia, continuó con psicoterapia y terapias “alternativas” ya que, debido a su edad, su psicóloga prefería no recetarle medicamentos.

Durante algunos años, esta servidora pública interrumpió las sesiones de terapia, pero desde el inicio de la pandemia, en 2020, ha regresado. Desde entonces ha notado una mejoría significativa.

Los especialistas refuerzan la importancia de no interrumpir el tratamiento sin la autorización de un profesional de la salud y que se debe observar continuamente la evolución del trastorno.

El seguimiento médico puede durar meses o años, pero es fundamental para mejorar los síntomas y la calidad de vida del paciente.


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