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Por #YoCuido México
YO CUIDO es una colectiva formada por organizaciones y personas cuidadoras cuyo propósito es el... YO CUIDO es una colectiva formada por organizaciones y personas cuidadoras cuyo propósito es el reconocimiento del CUIDADO como trabajo y como Derecho, así como reconocer el TIEMPO PROPIO y su ejercicio pleno. Este espacio es una reflexión multivocal sobre el cuidado, desde sus satisfacciones hasta la invisibilidad, la sobrecarga, la precariedad y la soledad con la que se perpetúa como mandato de género, escrita por quienes cuidamos, en su mayoría mujeres, a las que nos implica jornadas de 24 horas, 7 días por semana. (Leer más)
La corresponsabilidad empieza por las redes de apoyo
Para las familias con infantes su red de apoyo son las escuelas, estancias y guarderías que hoy están cerradas por la pandemia y que antes solo eran accesibles si se tenían los recursos económicos para pagar esos servicios.
Por Sofía Martínez
26 de febrero, 2021
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Este es un texto que, más que brindar respuestas sobre lo que es la corresponsabilidad y cómo llevarla a nuestra vida diaria, plantea un acumulado de preguntas que surgen desde lo personal, desde la vida de una cuidadora familiar buscando expandir sus redes de apoyo para disminuir su sobrecarga, con la finalidad de tener un plan de vida más allá del cuidado.

Desde siempre mi familia, mi gente, la escuela y los medios de comunicación han manejado el discurso de que los mexicanos somos una sociedad unida, solidaria, amistosa y colaborativa, “siempre puedes contar con el vecindario” se dice. Y aunque en mi infancia sí había comunidad entre vecinos -o al menos eso recuerdo-, desde hace 10 años que vivo en el mismo lugar y solo conozco el nombre de 5 vecinas con las que intercambio saludos al aire. Lo que me hizo preguntarme: ¿cómo se encuentran las redes de apoyo en nuestra sociedad en la actualidad?

Recuerdo que, de niña la señora Lupe -una vecina cercana- cuidaba de mí y de mi hermana, nos daba de comer y jugaba con nosotras, después llegaba mi abuela para revisarnos tareas, doblar la ropa y acostarnos, ya que mi mamá llegaba muy tarde y mi papá trabajaba de noche.

También recuerdo que nuestro hogar era de los pocos que contaba con una cisterna y en temporadas de escasez mi papá compartía agua con las personas de la tercera edad y con familias que cuidaban de algún enfermo; pero todo esto fue cambiando con el tiempo, hoy la norma es que cada quien resuelva su vida como pueda. ¿Cuándo el vínculo sagrado de las redes de apoyo comenzó a perderse? ¿En qué momento cambiaron las cosas? ¿Cuándo empezó a ser más importante el “cada quien sus pulgas” que “el barrio te respalda”?

La verdad es que yo no sé cuándo cambió así mi vida. Hoy, en mis 30 y tantos años y con dos hijos, mi esposo y yo estamos haciendo malabares entre la escuela de los niños, las labores del hogar, el matrimonio, el trabajo y -si queda algo de tiempo o energía- un plan de vida personal.

Así como mi historia hay muchas, sobre todo entre las y los que perseguimos la chuleta todos los días, las y los que laboramos en el empleo informal (51.8% de la población económicamente activa en México, INEGI 2020); por lo que me di a la tarea de preguntar a varias familias cómo estaban sus redes de apoyo. Las respuestas fueron como una cubetada de agua fría, por escuchar expresiones como “¿qué es eso?”, “desde que inició la pandemia ya no tengo redes de apoyo” o “ese es un discurso romántico donde las familias son perfectas y se apoyan siempre”.

¿Cómo podemos empezar a hablar de corresponsabilidad en el trabajo de cuidados si la población sigue designando a las mujeres y las personas mayores el cuidado de la familia porque alguien tiene que trabajar y no son ellas ni ellos quienes lo hacen? ¿Cómo si aún no se reconoce que la vida sigue su curso gracias al tiempo y los cuerpos de las personas que cuidan, sin ayuda y en el olvido, sin ser valoradas y mucho menos reconocidas?

Me gustaría pensar que todas y todos tenemos a alguien quien nos brindará ayuda en una emergencia, pero ¿qué pasa con las redes de apoyo en la cotidianidad? Pues ahí sí que la cosa se pone fea. Para las familias con infantes su red de apoyo son las escuelas, estancias y guarderías que hoy están cerradas por la pandemia y que antes solo eran accesibles si se tenían los recursos económicos para pagar esos servicios. Para las familias sin hijos su red de apoyo son algunos compañeros de trabajo que ahora son sus amigos -“quién más si me la vivo trabajando”-, me dijeron, para las familias con alguna persona enferma o con discapacidad son familiares adultos mayores, o quizá alguna otra familia que se encuentra en igualdad de condiciones pero con la posibilidad de que alguien pueda quedarse a cuidar o tenga que quedarse a cuidar.

Pero lo más sorprendente es que en todas las historias contadas había un común denominador: la ausencia de un empleo que permitiera a cuidadoras y cuidadores acceder a servicios para acceder a  sus derechos: a la salud, a la vivienda, a la educación y hasta a una vida libre de violencia, porque en nuestra sociedad el ser un ciudadano o ciudadana no basta para acceder a nuestros derechos, necesitas formar parte de la otra mitad de la población económicamente activa bajo un “empleo formal” pero que también vive en precariedad y que en muchos casos tampoco puede acceder a estas prestaciones, mejor dicho, a estos derechos.

Hoy, para hablar de mejorar las condiciones de vida de las y los mexicanos – todas y todos posibles cuidadores- es indispensable hablar de corresponsabilidad, una que reconozca a los cuidados como el pilar que sostiene toda la vida y por tanto involucre a las familias, a las comunidades, al mercado y al gobierno, de lo contrario solo persistirán las preguntas en busca del apoyo y no las respuestas donde las redes de apoyo fueron, son y serán la mejor herramienta para salir, todas y todos juntos, adelante.

* Sofía Martínez de Yecolti A.C. (@yecolti) y Yo Cuido México (@yocuidomexico).

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