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Agenda de Riesgos
Por Rodrigo Elizarrarás
Consultor y analista político. Interesado en la coincidencia entre movilización social, conflic... Consultor y analista político. Interesado en la coincidencia entre movilización social, conflictos políticos y violencia. Ha pasado de la Z a la A (del zapatismo a las autodefensas) en los últimos 20 años. Cuando puede intenta surfear, educar a dos hijos y siempre soñó con ser cronista de viajes o corresponsal de guerra. Vive con un pie en el DF y otro en BCS. (Leer más)
2022: Riesgos políticos y sociales en tiempos de pandemia (primera parte)
Revocación de mandato y elecciones estatales, pandemia, seguridad pública, educación y salud, sistema de salud pública: más que nuevos retos, lo que observamos para 2022 es la inercia de conflictos ya existentes.
Por Rodrigo Elizarrarás A. y Cristina Rivas
14 de enero, 2022
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Desde hace ya algunos años el equipo de HUMINT se dedica cada inicio de año a hacer el ejercicio de identificar cuáles son o serán los principales riesgos políticos y sociales de mayor impacto y urgencia para el gobierno mexicano y, en consecuencia, para el país. Este año les presentamos una serie de factores que se mantendrán en el mapa de riesgos del país pues no hay señales que indiquen que vayan a desaparecer. Consideramos que más que nuevos retos, lo que observamos es la inercia de conflictos ya existentes.

1. Revocación de mandato y elecciones estatales 2022: Este año hay elecciones locales en seis estados (Aguascalientes, Durango, Tamaulipas, Hidalgo, Quintana Roo y Oaxaca), que de alguna manera van a coincidir con el polémico proceso de revocación de mandato promovido intensamente desde la Presidencia de la República. Este tema ha originado una nueva tensión entre el INE, órgano autónomo encargado de la organización de las elecciones –con márgenes presupuestales ínfimos– y el gobierno federal, que busca por todos los medios posibles afectar la reputación del árbitro electoral. De continuar la fricción entre estas instituciones nos vamos acercando tangencialmente a un escenario de polarización e incertidumbre rumbo a los comicios 2024, donde es imprescindible mantener la confianza y solidez del árbitro, ya que sin duda será un proceso plagado de todo tipo de irregularidades, en medio de un contexto social y político complicado. Por si fuera poco, los partidos políticos, las autoridades de gobierno y electorales seguirán sufriendo los intentos de control y penetración por parte de grupos delictivos, donde Tamaulipas y Quintana Roo son particularmente vulnerables. Por tanto, en este proceso crucial para la salud democrática del país, los actores políticos clave generan mayor tensión a la relación en lugar de mostrar altura de miras y buscar la cooperación institucional.

2. El virus que llegó para quedarse: Todavía a principios de 2021 escribíamos que la esperanza para menguar la pandemia en México se centraba en contar con una logística impecable para la oferta y distribución de las vacunas a un amplio porcentaje de la población en el menor tiempo posible. Si bien la estrategia de vacunación inició con buena velocidad, al poco tiempo fue bajando su efectividad y ritmo, al final de 2021 solo el 56% de la población contaba con esquema completo. La logística centralizadora del gobierno, con una lógica más burocrática y electoral, tomó demasiado tiempo y aún no se termina de vacunar a la población más joven, ahora más vulnerable frente a las nuevas variantes. Sabemos que el virus seguirá mutando y expandiéndose varios años más, por lo que el reto es mantener una cierta “normalidad” de actividades sociales, económicas y políticas con el menor número de casos, buscando reducir su expansión. ¿Cómo haremos para normalizar su presencia en nuestras vidas? ¿Cómo lograremos homologar protocolos, establecer medidas para escuelas, negocios, empresas y gobierno sin que implique tanto sacrificio económico y humano? ¿De qué manera podemos blindar a la población y que pueda seguir con sus actividades de manera segura? Esas deberían ser las preguntas que los tomadores de decisiones debieran resolver. El gran reto es regresar a la normalidad, conteniendo los contagios, atendiendo oportunamente y generando protocolos para todas las actividades. ¿Será posible cuando no podemos ni usar una mascarilla adecuadamente? Van dos años y aún no se ve la salida.

3. Seguridad pública: ¿cuándo empiezan a dar resultado los abrazos? Han pasado tres años desde que se implementó una estrategia de seguridad diferente a los sexenios anteriores. Dicha estrategia, centrada en reducir la violencia para combatir las causas que la generan –erróneamente identificadas como factores socioeconómicos–, eliminando a la policía federal y centralizando la estrategia de seguridad en las Fuerzas Armadas, pero a la fecha no se pueden palpar los resultados. Después de la transformación burocrática, lo que hoy tenemos es un ejército concentrando demasiadas funciones, muchas de éstas que ni siquiera le corresponden –como hacer aeropuertos o sucursales bancarias– y la falta de apoyo a policías estatales y municipales con la gran reducción de programas como el FORTASEG Y el FASP. En consecuencia, se han abierto enormes huecos en la seguridad de amplias regiones del país. Buena parte de los recursos se concentraron en apoyos a jóvenes y otros grupos vulnerables con el fin de ofrecer una paliativo que los idealmente los alejara de la delincuencia; sin embargo, no hay evidencia de un efecto en la reducción de la violencia como resultado de estos “apoyos”.

Por otro lado, el mapa de la violencia del país solo se ha desplazado de unos estados a otros, de Guerrero a Quintana Roo y de Tamaulipas a Zacatecas. Estos cambios obedecen en buena medida a los ajustes y reacomodos de los grupos delictivos, así como nodos estratégicos en la producción/distribución de drogas, con muy poca intervención del Estado. Se acumulan más de 100 mil homicidios desde que se implementó la (nula) estrategia de seguridad; los capos circulan tranquilamente, los cárteles operan con libertad y cinismo, las masacres van en aumento, los defensores de derechos humanos y ambientales se encuentran en riesgo permanente y el gobierno usa a sus fuerzas armadas para todo menos combatir el crimen organizado. La destrucción del tejido social continúa creciendo. ¿Hasta cuándo los abrazos empiezan a rendir frutos?

4. Educación y salud de los más jóvenes: Si hay algo que ya sufre efectos graves derivados de la pandemia es el estado actual del sistema educativo nacional; no solo se mandó a los niños a sus casas sin ningún plan a “tomar clases” en línea o televisión, también los profesores se fueron a su casa sin una guía para ajustarse a un proceso a distancia/híbrido. Así, también las escuelas de todo el país quedaron a su suerte sin un plan de vigilancia o al menos de mantenimiento… NADA. En consecuencia, muchas escuelas terminaron saqueadas, al grado que hoy no están en condiciones todavía de recibir a los niños de regreso. Si bien las carencias de este gobierno son grandes, en el terreno educativo son enormes. Peor aún es el poco interés que suscita el tema, al parecer a nadie importó mucho que restaurantes, bares y cines estuvieran abiertos pero las escuelas no. Son prioridades de Estado. Por lo menos van dos años de currícula perdidos para los niños de primaria, secundaria y preparatoria; dos años en que la juventud del país ha estado “aprendiendo” a medias, desconectados de sus pares y muchos de ellos refugiados en la redes sociales, que terminan por sembrar procesos un tanto alienantes. Pero no solo la educación está en riesgo, también aspectos sociales de los niños y adolescentes de este país que naufragan en un país sin planes, sin estrategias, donde se gobierna a ocurrencias e improvisaciones. No recuerdo un boletín reciente de la Secretaría de Educación Pública en estos meses que dé a conocer las adecuaciones emergentes a los planes educativos. Está en riesgo la educación y la salud mental de toda una generación de jóvenes y niños. Pero no solo eso, la competitividad del país recibirá una factura importante en el mediano plazo ante el rezago en la capacitación y socialización de lo que será su fuerza de trabajo. Y su impacto en la desigualdad, uno de los principales retos del país, todavía es difícil de dimensionar.

5. El sistema de salud pública nacional en crisis: De forma casi paralela, la pandemia dejó claro el estado de nuestro sistema de salud pública, la falta de atención, lo rebasados de los sistemas, la mala paga y maltrato laboral de todos los operadores del sistema de salud (desde enfermeras hasta médicos), la desigualdad creciente en los servicios de salud, la falta de medicamentos, los problemas de abasto que se han agigantado. Una vez más este gobierno improvisa, no planea; malabarea, no resuelve. En múltiples temas no hay planes, no hay avance, no hay rutas críticas, no hay culpables de fallas, no hay tampoco responsables. Se buscaba desmantelar el Seguro Popular por no ser universal y cambiarlo por otro para todos y en ello nos llegó quizá una de las mayores crisis en la historia moderna del país. No podemos ni ofrecer medicinas básicas, mucho menos lograr contener una pandemia, hay algo muy roto en las instituciones públicas del país, algo que va más allá de este gobierno, y que llegará a muchos más hasta que un día se decida resolver lo políticamente imposible. Por si fuera poco, seguirá creciendo el costo en vidas de todas las enfermedades crónicas y de alto impacto del país –desde cáncer a diabetes y otras enfermedades crónicas de la población– por el poco seguimiento a sus padecimientos. A mediano plazo, todas esas enfermedades que nadie atendió en este largo período se convertirán en pesos sobre el sistema público de salud, y de la propia sociedad que sostiene una población con amplias enfermedades crónicas. Una reforma profunda del sistema de salud es urgente y necesaria; debe pensarse responsablemente, y eso que no quisimos mencionar el tema de las pensiones (material para otro artículo).

En este año que apenas empieza hay más riesgos por comentar pero se los debemos para la próxima semana…

¡Feliz y próspero 2022!

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