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Agenda de Riesgos
Por Rodrigo Elizarrarás
Consultor y analista político. Interesado en la coincidencia entre movilización social, conflic... Consultor y analista político. Interesado en la coincidencia entre movilización social, conflictos políticos y violencia. Ha pasado de la Z a la A (del zapatismo a las autodefensas) en los últimos 20 años. Cuando puede intenta surfear, educar a dos hijos y siempre soñó con ser cronista de viajes o corresponsal de guerra. Vive con un pie en el DF y otro en BCS. (Leer más)
¿Cuánto durarán los abrazos al crimen organizado?
La reciente masacre a miembros de la familia LeBaron en el norte del país da un nuevo giro de tuerca a lo que ya se percibe como una fallida estrategia de seguridad.
Por Rodrigo Elizarrarás
7 de noviembre, 2019
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Derivado de una postura que oscila entre la indiferencia y el cinismo, algo que a momentos parece ser una postura entre cristiana y hippie, el Presidente minimiza los capítulos reprobables de inseguridad que vivimos cada semana, adjudicando su origen a las malas decisiones de las administraciones pasadas; sin embargo, el estado de la inseguridad en el país va creciendo mes a mes –aunque se tengan otros datos– y aún no se ve una estrategia factible de seguridad pública por parte del gobierno federal.

Desde hace menos de un mes hemos presenciado eventos graves en Aguililla (Michocán), Chilapa (Guerrero), Culiacán (Sinaloa) y ahora en Bavispe (entre Chihuahua y Sonora), que se van sucediendo y no se advierte una reacción enérgica del gobierno porque “la estrategia ya cambió”. En la presidencia toman estos eventos como si fueran parte de una historia que no les corresponde y que se debe a “los errores del pasado”. Al parecer se pretende borrar la realidad por decreto.

En este espacio, desde el inicio del año advertimos sobre los principales riesgos que enfrentaba el actual gobierno. Uno de los 10 principales riesgos era el poder consolidar en el corto plazo una estrategia de seguridad viable y efectiva en el corto y largo plazo. No obstante, el camino adoptado implica dilemas de coordinación que suelen no resolverse, una concentración de información en pocas manos, y una serie de reformas legales y administrativas que retrasarían inevitablemente la efectividad de los resultados entre dos a tres años. A ello, hay que sumar la falta de conocimiento del tema por parte de los principales mandos civiles en la administración.

Aún así, en este espacio se evitó hacer un análisis sobre el tema en espera de que se asentaran en sus puestos, se consolidaran las transformaciones y se diseñara una estrategia más detallada –ya con mayor información– que hace 11 meses. Lo cierto es que desde la publicación del Plan Nacional de Desarrollo se dio una clara señal de que el diseño de políticas públicas iba a dejar mucho que desear en este sexenio (y vimos los efectos que esto tuvo). De igual forma, la curva de aprendizaje (en múltiples temas) de este gobierno ha sido particularmente larga. Y, ¿cómo no?

En fin, la reciente masacre a miembros de la familia LeBaron en el norte del país da un nuevo giro de tuerca a lo que ya se percibe como una fallida (por no decir nula) estrategia de seguridad. No se ven resultados en lo local, ni en lo nacional, ni quedan claras las atribuciones de la Guardia Nacional (un día vigila la frontera, otro día combate el huachicol, otro se sube al Metro de la ciudad y ahora perseguirá a los Ubers) y estamos en manos de un secretario con poco conocimiento en la materia y con una mermada interlocución con los miembros del Gabinete de Seguridad. Una vez más, la confianza pesa más que la pericia. La lealtad sobre el conocimiento determinan los puestos del poder. Ahí no llegó la cuarta transformación.

La masacre en Chihuahua, tras el fallido operativo en Culiacán y a pesar de los intentos distractores dirigidos desde la Presidencia, le dan un enfoque especial al tema desde la narrativa de los hechos en Estados Unidos. Ni Trump, ni otros miembros importantes del Partido Republicano dejarán pasar por alto lo que allá se ve como un ataque a ciudadanos norteamericanos ante una situación de desgobierno y ausencia de Estado de derecho.

No tengo duda de que el gobierno de EUA presionará a México para que se haga justicia en el caso de la familia LeBaron y se acabe la tolerancia a los cárteles de la droga. La actual postura del gobierno al actuar de los grupos delictivos no será bien vista por el vecino del norte. De no haber un cambio de rumbo se incrementan el riesgo de las presiones de EUA en temas comerciales y económicos, e incluso puede ir más allá. Lamentablemente el presidente está atrapado en su propia narrativa de “transformación ante el pasado prianista”, y en la búsqueda cotidiana de una identidad propia como un supuesto gobierno de izquierda.

La necedad ante mostrar lo que sería una estrategia diferente, lo deja simplemente sin estrategia. La confusión en el diagnóstico inicial y las fallas de coordinación en su gabinete son resultado del centralismo exacerbado de este gobierno. El problema es que el tiempo pasa y no se ven resultados.

No se cuántas mañaneras más podrá seguir distrayendo a la audiencia con capítulos sobre Porfirio Díaz-Madero-Juárez-conservadores-liberales-fifís-y demás historietas. El presidente se refugia en la historia porque le sirve para huir de la realidad actual; al parecer no le agrada ser Jefe de Estado y tomar las decisiones difíciles del puesto, aquellas que corresponden al arte de gobernar. Llegó ya el momento de asumir responsabilidad propia y cambiar la narrativa de la historia con hechos, acciones, decisiones de gobierno.

Ya van casi 12 meses de gobierno, con un gran bono democrático, niveles altos de aprobación, legitimidad. Cuenta con los medios necesarios y mayorías en el Congreso, control del presupuesto, y sin embargo prefiere mantener la narrativa del complot y los ataques de la oposición (¿Cuál oposición? ¡No quedó nada!). Quizá busca ganar tiempo mientras varios de nosotros nos preguntamos: ¿cuánto tiempo más durarán los abrazos para el crimen organizado? ¿Cuántos más Aguilillas, Culiacanes, Bavispes, Salamancas, Chilapas, Ayotzinapas, San Fernandos tenemos que tolerar? ¿Cuándo tocaremos fondo?

@rodaxiando

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