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Agenda de Riesgos
Por Rodrigo Elizarrarás
Consultor y analista político. Interesado en la coincidencia entre movilización social, conflic... Consultor y analista político. Interesado en la coincidencia entre movilización social, conflictos políticos y violencia. Ha pasado de la Z a la A (del zapatismo a las autodefensas) en los últimos 20 años. Cuando puede intenta surfear, educar a dos hijos y siempre soñó con ser cronista de viajes o corresponsal de guerra. Vive con un pie en el DF y otro en BCS. (Leer más)
El Alto Golfo, la totoaba y los chinos
En el Alto Golfo de California, el crimen organizado se ha involucrado en el mercado ilegal de un producto poco común cotizado entre 5 mil y 10 mil dólares por kilo: el buche de totoaba.
Por Rodrigo Elizarrarás
14 de abril, 2015
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Esta semana está programado un evento extraordinario en el Alto Golfo de California. El presidente Enrique Peña Nieto visitará esta Área Natural Protegida para la entrega de unas lanchas rápidas para incrementar la vigilancia y seguridad de esta región de enorme relevancia ambiental.

Un poco de contexto: los temas marinos y pesqueros le importan muy poco a la gran mayoría de los mexicanos, incluido el gobierno federal. Los cuestiones de pesca y medio ambiente están en el último cajón de la agenda de prioridades nacionales. De ahí que la Conapesca sea ese apéndice de la Sagarpa que ha ido y venido de múltiples dependencias y sectores sin encontrar su hábitat natural dentro del terreno burocrático.

México, a pesar de su enorme potencial –más de 11 mil kilómetros de costas– se ubica entre los primeros 20 lugares de producción pesquera a nivel mundial; sin embargo, la pesca comercial es de poca relevancia para este país. Estamos hablando de un sector bastante abandonado, con pocos recursos, mal administrados, con fuertes inercias, altos niveles de corrupción y una extendida práctica de pesca ilegal, irregular e irresponsable. Es un caos funcional.

En esta productiva región pesquera del país confluyen una serie de condiciones que han obligado al gobierno federal a tomar medidas drásticas ante la situación de inseguridad, tráfico ilegal de especies y la evidente posibilidad de que la vaquita marina (Phocoena sinus) se extinga en este sexenio.

Así como el robo de ganado, la extracción de rentas sobre el cultivo de aguacate y la minería en otras entidades, en el Alto Golfo de California el crimen organizado se ha involucrado en el mercado ilegal de un producto poco común: el buche de totoaba (Totoaba macdonaldi). Oh sí, sé que esto suena a platillo de Indiana Jones y prácticamente lo es.

La totoaba es una especie marina milenaria de gran tamaño (y dicen que de muy buen sabor) que se pescó con tal frenesí que terminaron casi por desaparecer. Finalmente, en 1974 se declaró ilegal su pesca y se incluyó como especie en peligro de extinción (está incluida en la NOM-059, en el Apéndice I de CITES, así como en la lista del Endangered Species Act (ESA) de la NOAA. En otras palabras, quedan muy pocos de estos bichos y de nuevo está en peligro su población.

Pero ¿qué sucede con el buche de totoaba? El buche o vejiga natatoria es un órgano de flotación de ciertos peces que les permite cambiar de profundidad a voluntad en el agua, por medio del cual ahorran energía. Pues sucede que esta tripa se considera un platillo exquisito en los mercados gourmets (aquí les regalo una receta para sopa) con propiedades curativas o afrodisiacas (vaya usted a saber) para la población china, famosa por comer casi todo lo que respira, se mueve y flota (sí también se comen esto, y esto, y ¡esto!). Entonces, un grupo de chinos un tanto emprendedores, pero no muy apegados a la legalidad empezaron a traficar el buche de totoaba y esto derivó en una serie de complicaciones en una región muy sensible a los desequilibrios (y abusos) ambientales.

Todo iba más o menos bien, pero con la llegada de los chinos, ofreciendo entre 5 mil y 10 mil dólares por kilo de buche de totoaba (el de cocaína oscila entre los 12 y 15 mil dólares en la frontera), y con la participación del crimen organizado en este tipo de transacciones comerciales internacionales, hostigando a los pescadores y obligándolos a pescar totoaba, la situación se complicó un poco más de la cuenta.

Con esa gran habilidad de los chinos para los negocios ilegales, estos productos salen del país, ya sea por Ensenada, Tijuana o Mexicali, llegan a EUA y se dirigen al otro lado del Pacífico vía San Diego o Los Ángeles (algo similar ocurre con el pepino marino en la península de Yucatán, por cierto).

Desde entonces la presión de algunas organizaciones ambientalistas ha venido creciendo por otro tema también de gran polémica: la posible desaparición de la vaquita marina (un pequeño cetáceo –marsopa– endémico, del cual se dice que sobreviven menos de 100 individuos). El vínculo entre los dos temas es que el incremento de la pesca de totoaba ha puesto en mayor riesgo a esta pequeño mamífero marino, y con ello los grupos ambientales en EUA han incrementado una amenaza de hacer un boicot comercial a todos los productos marinos mexicanos. Ahí es donde el gobierno sintió que el agua le subía al cuello, por lo que iniciaron una serie de negociaciones y programas de gobierno para suspender la pesca por un periodo inicial de dos años en el Alto Golfo de California.

El plan de suspensión de la pesca inicia este mes en varias etapas, acompañado de un reforzamiento de los programas de inspección y vigilancia a cargo de la Profepa, Marina, en coordinación con la Conapesca. También se contempla el uso de alta tecnología (drones) para el monitoreo de la región y una mayor presencia de fuerzas armadas, que serán complementadas con programas de vigilancia comunitaria por parte de los pescadores. Supuestamente estas medidas tienen el objetivo de combatir a los grupos delictivos, pero también evitar la pesca para proteger a estas especies endémicas en esta zona que fue denominada Área Natural Protegida desde 1995.

En estos días hay muchos rumores y sobre todo mucha expectativa con lo que va a ocurrir a partir la implementación de este programa de gobierno. Se contempla compensar económicamente a los pescadores por dejar de hacer la actividad productiva a la que se dedican, salir al mar en busca de productos marinos para venderlos y que, al final de una cadena de no-más-de-seis-grados-de-separación, un comensal en el DF, Los Ángeles, Shanghai o Tokio los disfrute sin pensar un segundo de dónde vienen y cómo es que llegaron a su plato…

 

@rodaxiando

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