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Agenda de Riesgos
Por Rodrigo Elizarrarás
Consultor y analista político. Interesado en la coincidencia entre movilización social, conflic... Consultor y analista político. Interesado en la coincidencia entre movilización social, conflictos políticos y violencia. Ha pasado de la Z a la A (del zapatismo a las autodefensas) en los últimos 20 años. Cuando puede intenta surfear, educar a dos hijos y siempre soñó con ser cronista de viajes o corresponsal de guerra. Vive con un pie en el DF y otro en BCS. (Leer más)
El saldo de Culiacán
¿Quién diseñó el operativo? ¿Fue solicitado por la DEA? ¿Participó la DEA? ¿Por qué fue precipitado? ¿Fue el primer operativo de la Guardia Nacional? ¿Por qué se meten a la cueva del lobo con tan poco refuerzo táctico? ¿No previeron los escenarios posteriores? Podríamos seguir con los cuestionamientos por horas.
Por Rodrigo Elizarrarás
31 de octubre, 2019
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Había que esperar las explicaciones del gobierno federal para tratar de unir las piezas de ese rompecabezas que fue el fallido Operativo en Culiacán. Tras la larga y detallada explicación de la mañana de ayer persisten dudas fundamentales sobre las responsabilidades en la línea de mando en los momentos cruciales del operativo. Si bien se aprecia el esfuerzo por ofrecer detalles sobre la operación, videos del momento de la detención y una línea de tiempo sobre los sucesos, quedan dudas sobre las responsabilidades en la toma de decisiones de esa tarde.

Quedaron cientos de preguntas que hubieran seguido al ejercicio de narrativa del gobierno, pero que no hubo espacio para hacer: ¿Quién diseñó el operativo? ¿Fue solicitado por la DEA? ¿Participó la DEA? ¿Por qué fue precipitado? ¿Fue el primer operativo de la Guardia Nacional? ¿Por qué se meten a la cueva del lobo con tan poco refuerzo táctico? ¿No previeron los escenarios posteriores? Podríamos seguir con los cuestionamientos por horas.

Para mí y muchos otros analistas, el tema principal es: quién estuvo a cargo del operativo, quién tomó las decisiones desde el diseño del operativo y en la medida que los eventos se iban complicando. Si no fue el Presidente, que iba rumbo a Oaxaca para desentenderse del engorroso proceso de tomar decisiones y recibir el abrazo popular del que no puede prescindir, entonces ¿quién quedó al mando? ¿El Secretario Durazo o el General Cresencio Sandoval? ¿Alguien más? ¿Ambos? ¿Quién obedece a quien si el Presidente anda de gira?

Como seguimos sin tenerlo claro y quizá nunca lo sabremos voy a tomarme la licencia de especular un poco sobre lo que pudo haber sucedido, dejando de lado el supuesto rumor de la solicitud y posible participación de la DEA en el operativo, aunque probablemente la DEA les dio la localización de Ovidio previo al operativo y los presionó a movilizarse sin previa preparación, lo que podría explicar en parte la premura.

Supongamos que todo lo que nos presentaron el día de hoy fue real, supongamos que Durazo tenía fuertes incentivos para dar un primer gran golpe a la delincuencia organizada desde que es Secretario, detener a un narco de altos vuelos en una operación pulcra, sin un solo disparo, sin heridos, sin daños colaterales, entrando y saliendo de forma impecable para ganar así algunos puntos frente a su jefe y un nombre dentro del Gabinete de Seguridad. Pero algo falló; algo ese día no se alineó con la 4T, un mal cálculo, la precipitación de los hechos, la presión del extranjero, la necesidad de dar resultados cuanto antes, quizá la Guardia Nacional aún mantiene sus propias batallas burocráticas y no está lista para estrenarse y hubo que compartir el operativo con el Ejército y dejar que el General tuviera el mando de la operación, o quizá lo tomó el Secretario y en los momentos cruciales hubo diferencias sobre las posibles soluciones –me viene a la mente aquella escena de la serie Chernobyl cuando hay que tomar decisiones precisas para salvar el reactor–, no lo sabremos nunca y solo nos queda imaginar algunos escenarios.

Para fines prácticos, algo salió mal ese día, se detuvo al objetivo, pero para cuando ya iban saliendo la movilización de sicarios en las calles estaba fuera de control, 150 soldados contra más de 300 sicarios, armas de alto poder por todos lados, llovieron balas en las calles de Culiacán, no es que no sepan de balaceras por aquellas latitudes, pero esta vez fue más de lo acostumbrado. Vehículos artillados improvisados dando rondines, y de pronto la delincuencia organizada encontró más rápido el flanco débil del Ejército, que el Ejército el de ellos. Según nos explican –no vimos imágenes pero quizá las hay– niños, mujeres y soldados quedaron rehenes de los sicarios, y en ese momento el operativo, el juego, la batalla (hasta de guerra hablaban en la mañana) se perdió. Todo cayó por su peso y el capo quedó en libertad.

Este gobierno optó por el sentido cristiano de amor al prójimo, de ofrecer la mejilla, de mantener la paz al pueblo de Sinaloa, había que salvar vidas y dejar ir a un delincuente de alto nivel, si ese era el dilema es obvio que había que salvar a la población civil a pesar del costo de reputación del gobierno.

Este miércoles no fue la mejor mañanera de Durazo, al igual que aquella tarde; para mí el discurso de la mañana de ayer fue una suerte de mea culpa. Quedó claro que no dejará el cargo, a pesar de que los mandos militares confían aún menos en él. Para fines prácticos, la figura del Secretario está muy mermada, para ponerlo en términos que le gustan al Presidente: el Secretario de Seguridad Pública está ponchado, OUT, no hay más, que entregue el bate al siguiente, quizá lo mejor sea renunciar a ser un zombie dentro del Gabinete de Seguridad. Los militares no lo respetarán, el Presidente dudará de su capacidad en la siguiente situación de riesgo; el Secretario está malherido y muy probablemente la única salida sea dejar el cargo por el bien de la mayoría, de la colectividad, de la tropa, de la institución, del gobierno y del Estado.

Quizá ese sea uno de los saldos más graves de este operativo, seguir negándolo es alargar un error que vimos todos y no será fácil olvidar a lo largo del sexenio.

@rodaxiando

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