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Agenda de Riesgos
Por Rodrigo Elizarrarás
Consultor y analista político. Interesado en la coincidencia entre movilización social, conflic... Consultor y analista político. Interesado en la coincidencia entre movilización social, conflictos políticos y violencia. Ha pasado de la Z a la A (del zapatismo a las autodefensas) en los últimos 20 años. Cuando puede intenta surfear, educar a dos hijos y siempre soñó con ser cronista de viajes o corresponsal de guerra. Vive con un pie en el DF y otro en BCS. (Leer más)
La vaquita marina y la debilidad del Estado
Hoy, la vaquita marina está en los linderos de la extinción gracias a más de 20 años de ineficientes políticas públicas ambientales y de conservación en nuestro país.
Por Rodrigo Elizarrarás
2 de junio, 2016
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La vaquita marina (Phocoena sinus) está al borde de la extinción. Según los últimos datos del CIRVA (Comité Internacional para la Recuperación de la Vaquita) sólo quedan algo así como 60 ejemplares de esta marsopa endémica del Golfo de California. A pesar de los desarticulados e ineficientes esfuerzos del gobierno federal para tratar de salvar a este emblemático animal, todo apunta a que la desaparición de esta especie podría suceder antes de que acabe el sexenio.

Aproximadamente hace un año inició el más reciente de los esfuerzos gubernamentales por reforzar la vigilancia y el monitoreo de embarcaciones pesqueras en la región del Alto Golfo de California (región donde habita la vaquita) para lograr reducir su mortalidad. Se suspendió el uso de redes de pesca en la región y el gobierno federal inició un programa de compensaciones económicas para los pescadores, que extrañamente estuvo plagado de irregularidades.

Aunado a la pesca de especies comerciales –camarón, curvina, sierra y chano– también se ha intensificado la de especies en peligro de extinción, como la totoaba (Totoaba macdonaldi). El lucrativo tráfico de buche de totoaba para consumo chino sin duda ha significado una presión mayor para la sobrevivencia de la vaquita (aquí una explicación detallada).

El tema no es nuevo. Varios expertos saben bien que es un problema de poca atención para el gobierno. Las autoridades, divididas en varias dependencias con escasa coordinación, prefieren hacerse de la vista gorda antes de enfrentar el problema con seriedad.

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A lo largo de los años se ha culpado de la muerte de las vaquitas a los pescadores, debido a que quedan atrapadas de forma accidental en sus redes; a los norteamericanos porque el uso de aguas del Río Colorado para consumo humano y agrícola ha dejado de llegar agua dulce al Mar de Cortés y con ello una serie de sedimentos y nutrientes necesarios para algunas especies; se culpa también a los chinos, quienes con su voracidad compran miles de buches de totoaba que ha generado una vorágine por obtener este producto.

Pero también algo de culpa se reparten entre la Semarnat, Conanp, Profepa, Conapesca, Inapesca y también la Semar. Todo un rosario de dependencias federales que se pierden en los laberintos de la burocracia, lo que finalmente dificulta su coordinación para lograr detener la inminente extinción de esta pequeña marsopa.

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En abril de 2015, el presidente Enrique Peña Nieto viajó a San Felipe (B.C.) para arrancar un operativo de vigilancia intensivo, a cargo de la Armada, en la Reserva del Alto Golfo. Entonces ya era evidente que la Conapesca había demostrado su incapacidad para vigilar y monitorear las embarcaciones y la actividad pesquera en la zona. Hay que agregar también la corrupción de autoridades de todos niveles y dependencias. El gran problema con estas actividades de vigilancia es la necesidad de coordinar a varias dependencias gubernamentales de forma simultánea ante situaciones que no son necesariamente de riesgo para la vida humana.

Para dar un ejemplo, si la Conanp detecta una embarcación pescando dentro de la Zona Núcleo de la Reserva debe solicitar apoyo de la Marina, PGR, Profepa o Conapesca, dependiendo del posible delito del que se trate. Algunos de ellos pueden ser de tipo ambiental (pescar una especie en peligro de extinción), otros pueden ser una irregularidad en la actividad pesquera (por ejemplo, no contar con permiso de pesca). La inutilidad de tener que coordinar a todas estas dependencias hace que la posibilidad de detener a un infractor sea prácticamente nula.

Aprovechando que el Mando Único es un tema del momento y se encuentra para discusión en el Congreso, sería pertinente que los legisladores reflexionaran sobre la necesidad de centralizar el mando en el agua. La necesidad de contar con una especie de “policía del mar” es algo que debería considerarse, ya que es urgente contar con una autoridad que pueda actuar frente a temas pesqueros, ambientales, de protección civil, además de contar con la documentación en regla de las embarcaciones (eso corresponde a la SCT).

Pero no hay que inventar nada, este tipo de órganos de vigilancia típicamente son conducidos por la Guardia Costera. Ésta tiene atribuciones en monitorear embarcaciones, vigilar a las especies, atender emergencias en el mar y hasta detener contrabando de estupefacientes. Todo esto desde una sola dependencia con mando centralizado y como una unidad dependiente e inserta en la Secretaria de Marina. Desde EUA hasta Argentina, este tipo de cuerpos de seguridad y salvamento funcionan mucho mejor que el desastre institucional al que nos enfrentamos hoy en día.

Centralizar estas atribuciones en una dependencia especializada en vigilar y atender los problemas en el agua resolvería el gran dilema de coordinación que hoy sufren numerosas dependencias y que sólo demuestran su incapacidad de operación. Evidentemente no resolvería todos los problemas pero podría aminorarlos de forma importante.

Hoy, la vaquita marina está en los linderos de la extinción gracias a más de 20 años de ineficientes políticas públicas ambientales y de conservación en nuestro país. Hemos llegado finalmente al escenario más temido por ambientalistas del país, a punto de perder a una de las especies emblemáticas del Golfo de California y un símbolo de diversidad marina a nivel mundial. El drama se cuenta solo…

Finalmente, la desaparición de la vaquita bien podría significar la derrota de las políticas de conservación en este país, que no pudieron coordinar esfuerzos, de la mano de las comunidades locales, con autoridades comprometidas y bien coordinadas para proteger a esta especie. Es posible que estemos frente a uno de los desastres ambientales más graves de esa región. Esto simplemente muestra la debilidad del Estado Mexicano tras años de ser un observador pasivo.

¡Farewell vaquita!

 

@rodaxiando

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