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Agenda de Riesgos
Por Rodrigo Elizarrarás
Consultor y analista político. Interesado en la coincidencia entre movilización social, conflic... Consultor y analista político. Interesado en la coincidencia entre movilización social, conflictos políticos y violencia. Ha pasado de la Z a la A (del zapatismo a las autodefensas) en los últimos 20 años. Cuando puede intenta surfear, educar a dos hijos y siempre soñó con ser cronista de viajes o corresponsal de guerra. Vive con un pie en el DF y otro en BCS. (Leer más)
¿Qué son las PM2.5 y por qué debemos tomarlas en serio?
Si además de las famosas PM2.5 le agregamos el ozono-nuestro-de-todos-los-días, pues la situación atmosférica no pinta bien para el capitalino promedio que pasa de 3 a 6 horas diarias en el tráfico.
Por Rodrigo Elizarrarás
16 de mayo, 2019
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Tuvieron que pasar cuatro días para que la jefa de Gobierno se tomara la molestia de ofrecer una conferencia de prensa sobre la situación que afecta el aire y la salud de los capitalinos. Apelando al más puro estilo de la 4T, ante eventos de emergencia y crisis, se toma su tiempo para salir y ofrecer una explicación de lo que está pasando con la contaminación de esta ciudad y con las medidas que pretende tomar el gobierno para darle solución. Ellos deciden los tiempos, mientras tanto, estimado lector, usted aguante la respiración, trate de no salir a la calle porque lo que está volando en el aire no es el agradable ozono de todos los días, al que nuestros cochambrosos pulmones ya están acostumbrados.

Entonces, ¿qué es eso que vuela por ahí?

Como bien se ha dicho, debido a los múltiples incendios forestales y urbanos de los últimos días, el aire de la que alguna vez fuera la “ciudad de la esperanza” está lleno de lo que se conoce vulgarmente como humo. Ese humo está compuesto de muchas pequeñas partículas como polvo, cenizas, hollín, partículas metálicas, etc. Esas partículas se clasifican por su tamaño: las hay de 10 micras o micrómetros (es decir, una milésima parte de un milímetro) que son muy malas para la salud, y las hay de 2.5 micras (que son 100 veces más delgadas que un cabello humano, aquí una imagen ilustrativa) que son más malas todavía. Entre más pequeñas más dañinas porque pueden penetrar a lo más profundo de sus pulmones e incluso entrar al torrente sanguíneo. Eso es malo aquí y en China.

Estas pequeñas y casi invisibles partículas que respiras tienen diferentes orígenes. Pueden provenir de fuentes vehiculares como el diesel de los camiones, pueden también ser de fuentes naturales como es el caso del polen, polvo, ceniza y hollín; sin duda las más dañinas son las compuestas por metales pesados (cobre, zinc, plomo).

Nada de esto es muy bueno para la salud, y todas las instituciones que verifican la calidad del aire en el mundo han clasificado a las partículas PM2.5 como altamente dañinas. Le dejo varios documentos para que las lea con detenimiento, ya que el gobierno no le va a informar con todo el detalle que se merece porque no lo quiere alarmar: información de le EPA (Agencia del Medio Ambiente de EUA), página de organización ambiental sobre la situación en Madrid, información de la Organización Mundial de la Salud.

Algunas de estas partículas pueden alcanzar el torrente sanguíneo y afectar gravemente la salud, e incluso con la exposición prolongada hay probabilidad de desarrollar cáncer; la OMS menciona lo siguiente: “Las PM2.5 pueden atravesar la barrera pulmonar y entrar en el sistema sanguíneo. La exposición crónica a partículas contribuye al riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares y respiratorias, así como cáncer de pulmón”.

Los síntomas por una exposición breve son ardor de ojos, dolor de garganta, dolor de cabeza, posible tos e irritación de fosas nasales. Sin embargo, para la población vulnerable –ya casi todos en la CDMX–, los efectos pueden ser peores. La población más vulnerable son niños, adultos mayores, personas con problemas cardiacos, pulmonares y respiratorios (como asma), además de diabéticos y problemas de hipertensión. Le dejo varios estudios sobre la salud en los siguientes ligas: efectos en niños, efectos en menores de 10 años e ingresos hospitalarios y efectos en pacientes hipertensos. Solo una pequeña muestra de tres estudios de miles que debe haber.

Si además de las famosas PM2.5 –que efectivamente a diario están flotando en el aire, pero no en estas proporciones– le agregamos el ozono-nuestro-de-todos-los-días, pues la situación atmosférica no pinta bien para el capitalino promedio que pasa de 3 a 6 horas diarias en el tráfico. El escenario no es bueno. Por más que nos diga la jefa de Gobierno que no le dejaron los protocolos, el sentido común y su conocimiento como científica en algo le deben ayudar a juzgar cuando una situación no es normal y se deben tomar medidas extraordinarias de inmediato. Con o sin protocolo.

Por supuesto que entendemos que se debe a varios factores climáticos que se conjuntan en esta época del año (porque no es la primera vez que nos pasa algo así), pero lo que molesta es la actitud un tanto desenfadada y con una dosis de soberbia para con la población –que no sus adversarios– de minimizar el problema y culpar a las administraciones pasadas de todo el caos que dejaron. No los elegimos para juzgar el pasado, sí para resolver el presente; pero tal parece que seguimos en la curva de aprendizaje.

¿Y luego, qué hacemos?

Lo triste es que no tenemos un protocolo claro en esta ciudad para poder actuar de acuerdo ante este tipo de contingencias; sin embargo, al final reaccionaron y aplicaron los protocolos de contingencia para otros contaminantes y se cancelaron las clases. Vale la pena mencionar que ya llevaban varios días los niños corriendo felizmente en la escuela, llenando sus pulmones de mugre.

¿Qué nos queda hacer por ahora? No mucho. Si su situación económica se lo permite y no es como la mayoría de nosotros que salimos a luchar por el bolillo quédese en su casa; si puede cómprese un purificador de aire con filtro HEPA, y si lo logra, no respire (pero mis amigos que practican apnea me cuentan que es un arte que cuesta trabajo dominar). Al menos no haga ejercicio, mantenga puerta y ventanas cerradas, si tiene aire acondicionado póngalo de forma que recircule y compre un filtro HEPA, no fume, no prenda fogatas ni inciensos. Sí hay mascarillas que pueden ayudar, pero deben ser NIOSH N95 o P100 únicamente y deben estar bien apretadas, las mascarillas quirúrgicas o de enfermero no sirven. Acá puede consultar más medidas de prevención en esta liga.

Habrá que esperar a que se desarrollen los protocolos, a que se disipen las partículas, a que llueva mucho, a que apaguen los incendios y a que se planten muchos árboles porque lo que hemos estado haciendo en los últimos años es todo lo contrario. Lo que me parece muy importante erradicar es esa vieja costumbre del pueblo bueno y sabio de quemar los pastizales. Quizá es algo muy autóctono y hermoso, pero en esas épocas ni había cambio climático ni teníamos ciudades de este tamaño.

Ahora bien, hay decenas de medidas de política pública que las ciudades pueden ir implementando para reducir la producción de las PM2.5 y otros contaminantes. Algunas de estos son:

a) Ciudades más compactas y más eficientes en el uso de energía.

b) Aumentar los espacios peatonales y ciclopistas.

c) Inversión en transporte público limpio y eficiente.

d) Crear más espacios verdes (parques y áreas naturales).

e) Mejorar los depósitos de residuos sólidos, incluyendo la captura de gas metano que se emite de los tiraderos al aire libre.

f) Privilegiar el transporte como tren ligero y metro.

g) Reducir el tráfico de vehículos pesados que usan diesel.

h) Imponer medidas más estrictas de control de contaminantes en los autos.

i) Y varias más que puede consultar en este reporte.

Finalmente, por supuesto que hay protocolos diseñados en otros países y ciudades. El tema de los daños a la salud de las PM2.5 es muy conocido y bastamente estudiado; incluso en esta ciudad hay bastantes estudios y expertos en el tema. En 2015 se hizo un estudio detallado con expertos de Harvard para evaluar las condiciones del aire de la ciudad (adjunto el reporte al final). Así que, pretextos hay miles, pero el tema es conocido y se pueden poner en marcha medidas, políticas y protocolos. Solo falta una mejor disposición y autoridades comprometidas con mejorar las condiciones de la calidad de aire de esta ciudad.

Podemos no tener protocolo, pero lo importante, querido lector, es que usted se informe, lea, cuestione, exija y se prepare para esos escenarios, que de no hacer nada, se van a ir repitiendo cada vez con mayor frecuencia.

@rodaxiando

*Para la realización de esta artículo se contó con asesoría de la Dra. Leonora Rojas-Bracho, experta en temas de calidad del aire y la Biol. Paulina Klein, quienes han trabajado en proyectos para mejorar las condiciones ambientales del aire en México. Agradezco profundamente su asesoría y apoyo.

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