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A 50 años de la primera desaparición forzada en México, un largo camino por andar
Tenemos, como sociedad, una gran deuda en cuanto a saber qué pasó con estas personas desaparecidas. ¿Quiénes son, quiénes se lxs llevaron y por qué, en qué contexto se dieron estos crímenes? Nuestro derecho a la verdad, que tiene que ver con la respuesta a estas preguntas, ha sido vulnerado por décadas.
Por Artículo 19
10 de mayo, 2019
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Por: María De Vecchi Gerli (@maria_devecchi)

En pocos días se cumplen 50 años de la primera desaparición forzada documentada por organizaciones de familiares de personas desaparecidas en México. El 19 de mayo de 1969, el profesor guerrerense Epifanio Avilés Rojas fue detenido y llevado en una avioneta desde Guerrero al Campo MIlitar Número 1, en la Ciudad de México. Desde entonces está desaparecido. A partir de  su desaparición, su familia ha buscado a Epifanio en todas las instancias de gobierno, ante todas las dependencias, por cinco décadas, por 17 mil 800 días. Cada día esperándolo, extrañándolo.

Como la familia de Epifanio, cientos de familias sufrieron la desaparición de sus seres queridos durante la época de represión estatal de los años sesenta, setenta y ochenta del siglo pasado. Opositores y opositoras políticas fueron desaparecidas en el campo y la ciudad por un Estado que no toleraba ser cuestionado. Sus familias salieron a las calles a reclamar su presentación con vida. Las Doñas del Comité Eureka y quienes se agruparon en la Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos y Víctimas de violaciones a los Derechos Humanos en México (AFADEM), entre otros, buscaron de manera organizada y exigieron a todos los gobiernos saber qué había pasado con sus seres queridos desaparecidos.

Tenemos, como sociedad, una gran deuda en cuanto a saber qué pasó con estas personas desaparecidas. ¿Quiénes son, quiénes se lxs llevaron y por qué, en qué contexto se dieron estos crímenes? Nuestro derecho a la verdad, que tiene que ver con la respuesta a estas preguntas, ha sido vulnerado por décadas. Y esta falta de verdad ha sido acompañada de la falta de justicia para las víctimas de este crimen de lesa humanidad y para la sociedad en su conjunto. La impunidad de las desapariciones cometidas en décadas anteriores ha sido un cheque en blanco que nos ha llevado a la crisis de derechos humanos en la que vivimos hoy.

De acuerdo a cifras oficiales, 40,000 mil personas han sido desaparecidas desde el inicio de la mal llamada “Guerra contra el narcotráfico”. ¡40 mil personas! Pero éstas son las cifras oficiales. Organizaciones como Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en Nuevo León (FUNDENL) aseguran que sólo 2 de cada 10 desapariciones son reportadas. Así que, según esta organización, alrededor de 200 000 personas están desaparecidas en el país.

¿Quiénes son estas personas? ¿Quiénes las desaparecieron? ¿Por qué, para qué? ¿Cómo ha sido esto posible y cómo es posible que aún, cada día, alrededor de 2 personas sean desaparecidas en México? Como en el primer periodo, estas preguntas siguen sin respuesta. No ha habido un compromiso por parte del Estado para cumplir con sus obligaciones en cuanto a garantizar el derecho a la verdad relativo a violaciones graves de derechos humanos. Además, estas desapariciones continúan en una impunidad casi total. Los casos en que han sido juzgadas y castigadas son una minoría y la excepción más que la regla.

En este contexto, son de nuevo las madres, las esposas, las familias quienes han llevado a cabo la exigencia y la búsqueda de las personas desaparecidas, quienes han empujado una legislación adecuada al contexto mexicano, quienes han salido a buscar a sus familiares con pala y pico, quienes han desarrollado estrategias para la identificación de personas desaparecidas. Lo poco que sabemos sobre qué ha pasado con las personas desaparecidas, sobre las fosas clandestinas, sobre el estado inhumano de las morgues en este país, lo debemos a las familias y a periodistas comprometidxs que han hecho eso de esas voces. Así, en vez de ser el Estado quien cumpla con sus obligaciones en cuanto al derecho a la verdad, han sido las familias quienes nos han brindado algunas de las respuestas necesarias para acercarnos a la verdad y a la justicia en estos casos.

Este 10 de mayo, como cada Día de las Madres desde hace décadas, madres de personas desaparecidas salieron a las calles a exigir al gobierno el regreso de sus hijos e hijas. Décadas atrás fueron las Doñas de Eureka quienes marcaron este día. Desde hace 7 años han sido las madres y las familias de todo el país quienes se organizan en la Ciudad de México o en diferentes estados para decirnos que no pueden festejar su día pues sus hijos e hijas están desaparecidxs; para gritar que si vivxs se lxs llevaron, vivxs lxs queremos de regreso.

En esta marcha confluyen historias de diferentes tiempos y geografías. Marchan codo a codo Doña Acela, cuya hija Austreberta Hilda fue desaparecida en 1981 en la Ciudad de México; Guadalupe cuyo papá fue desaparecido en 1990 en la sierra norte de Puebla; Diana Iris, cuyo hijo Daniel fue desaparecido en Coahuila en 2007, y Letty Hidalgo, cuyo hijo Roy fue desaparecido en 2011 en Nuevo León. Miles de historias, dolores y luchas confluyen, mostrándonos una radiografía de la desaparición. Cada una de ellas, con su caminar, nos muestran los rostros de las personas que nos faltan. En conjunto, hacen evidente su poder de organización, su amor transformado en digna rabia.

A 50 años de la primera desaparición forzada documentada por organizaciones de familiares en México, la Marcha de la Dignidad Nacional nos enfrenta a un panorama de decenas de miles de personas desaparecidas en el país, a la inacción del Estado y a la impunidad que se ha perpetuado por décadas. La marcha, los rostros en las fotos y los de aquellas que las cargan, nos muestran que tenemos una deuda de 50 años en cuanto a memoria, verdad y justicia. Deuda que se acrecenta cada minuto en que una persona permanece desaparecida, cada día que no hay justicia por su caso, con cada cuerpo no identificado, con cada familia que recorre todos los rincones del país para buscar respuestas que no llegan.

Pero también nos permite ver que tenemos 50 años de experiencia, de caminos recorridos, de familias buscando. Experiencias que deben ponerse al centro de la política estatal para la búsqueda de las personas desaparecidas. El Estado debe escuchar a las familias y las organizaciones y trabajar con ellas para crear una política integral en términos de memoria, verdad y justicia que nos permita siquiera imaginar un país donde ninguna persona más sea desaparecida.

Este 10 de mayo acompañemos en su caminar a las madres de personas desaparecidas, hagamos nuestras las historias de cada una de las personas desaparecidas que nos faltan a todxs, y sumémonos a la exigencia de su regreso. Recordemos a las madres que han muerto sin saber el destino de sus hijos e hijas; hagamos memoria en su nombre. Acompañemos estos 50 años de historia, que es nuestra, y volvamos parte de nuestro hacer diario la exigencia de memoria, verdad y justicia para todas las personas desaparecidas en México.

* María De Vecchi Gerli es Coordinadora del Proyecto de Derecho a la Verdad en @article19mex.

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