close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Altoparlante
Por Artículo 19
Artículo 19 es una organización, de origen inglés, que por más de 20 años ha trabajado en la... Artículo 19 es una organización, de origen inglés, que por más de 20 años ha trabajado en la defensa y promoción de la libertad de expresión en el mundo. El libre flujo de información por cualquier medio, el intercambio de ideas entre actores, y la transparencia gubernamental son elementos indispensables para una democracia. Por ello, Artículo 19 se dedica a proteger el derecho contra todo acto de censura. Síguenos en Twitter: @article19mex. (Leer más)
Aunque les caigan gordísimas necesitamos cuotas de género
A pesar de la molestia que generan en un vasto sector de nuestra sociedad, las cuotas de género son una herramienta de muchísima utilidad en nuestras aspiraciones para consolidar una democracia realmente incluyente, plural, diversa.
Por Artículo 19
30 de septiembre, 2016
Comparte

Por: Dominique Amezcua (@DomAmezcua)

En nuestro país, como en muchos otros, la brecha entre hombres y mujeres con respecto a la participación política y a la ocupación de puestos de poder y de toma de decisión sigue siendo amplia y significativa. Basta con voltear a ver nuestros lugares de trabajo, nuestras espacios educativos o las instituciones que conforman la administración pública mexicana para notar, sin necesidad de recurrir a las estadísticas, que en los puestos mejor remunerados, aquellos con mayor jerarquía y en los que se cuenta con mayor capacidad de incidencia, injerencia, negociación y acción la presencia femenina es, por decir lo menos, escasa.

Los distintos análisis sobre esta problemática coinciden en que los múltiples factores que generan y perpetúan esta situación están entrañablemente vinculados a un ordenamiento de género que se ha mostrado resistente a la incorporación de las mujeres en el espacio público, un ámbito que durante muchos siglos nos fue negado por el simple hecho de “no-ser-hombres”, relegándonos y esforzándose por mantenernos en el terreno de lo doméstico, ocupadas de la casa y del cuidado de otros y otras.

En este contexto, y a pesar de la molestia que generan en un vasto sector de nuestra sociedad, las cuotas de género son una herramienta de muchísima utilidad en nuestras aspiraciones para consolidar una democracia realmente incluyente, plural, diversa, integrada por grupos sociales que han sido marginados y con quienes se tienen que saldar deudas históricas con respecto a la calidad de su ciudadanía.

Grosso modo, las cuotas de género son medidas de carácter temporal que buscan que la participación de mujeres y hombres en los procesos de decisión política sean equivalentes y, para ello, se hace necesario, por un lado, eliminar todos aquellos obstáculos – materiales, culturales y simbólicos – que inhiben la participación política de las mujeres y, por otro lado, desmantelar el discurso justificatorio según el cual la ausencia de mujeres en la esfera de lo político responde a su poco interés en el tema o a su falta de capacidades.

En un escenario como el mexicano en el que las mujeres tuvimos que esperar más de un siglo para que se nos dejara votar y se nos reconociera nuestra ciudadanía (los varones votaron por primera vez en 1824, las mexicanas en 1953) es claro que la apertura de espacios para la inclusión femenina no puede dejarse a la buena fe de quienes actualmente detentan el poder.

Mediante las cuotas de género se busca asegurar el ingreso de las mujeres al poder público para contrarrestar la inexcusable subrepresentación femenina en puestos de decisión. Desde la perspectiva paritaria, si las mujeres constituimos el 50 % de la sociedad y del padrón electoral, nuestra precario acceso a posiciones estratégicas para el ejercicio del poder gubernamental conlleva una importante exclusión y representa una pérdida para el conjunto de la sociedad, en tanto se desperdicia el talento y las capacidades de la mitad de la población.

Las cuotas de género implican un tratamiento preferencial a las mujeres, sí, y éste responde a que la experiencia nos ha enseñado que el desconocimiento y no reconocimiento de las diferencias entre los seres humanos deriva siempre en desigualdad y discriminación. En este sentido, dichas medidas expresan que la noción de igualdad no supone homogeneidad sin consideración de diferencias sino que su realización requiere de acciones como éstas que promuevan la equidad.

En una cultura en la que premia el “yo”, el “mío” y el “para mí”, es comprensible que las cuotas de género produzcan tanto descontento. A nadie le gusta perder sus privilegios, a nadie le gusta que “las fulanas de tal” – porque eso somos para ellas y ellos – vengamos a arrebatarles lo que, en su imaginario, se han ganado, les pertenece o se merecen. Los argumentos de este bloque que denosta las cuotas se parecen mucho a los de quienes se opusieron a que fuéramos a las urnas: según su punto de vista – y antes de siquiera habernos dado la oportunidad de intentarlo – las mujeres no estamos listas, no tenemos con qué, no somos capaces. Este sistema político nos sigue negando la mayoría de edad.

Desde esta postura conservadora –en el estricto sentido de la palabra– el escenario ideal es que las cosas sigan como están, que la política siga siendo un espacio masculinizado, diseñado por y a la medida de los varones, y en el que la excepcional presencia femenina siga sirviéndoles para “demostrar” que las mujeres no servimos y/o no queremos estar en la política o, por lo menos, no hemos querido lo suficiente, y de ahí que sólo unas cuantas, extraordinarias ellas, hayan alcanzado puestos de alto nivel.

En México, el debate sobre la pertinencia o no de las cuotas de género debería llevarse sin lugar a dudas al ámbito de las designaciones. Como sugiere Estefanía Vela en su análisis del caso de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, el hecho de que predominen las ternas compuestas por hombres y que lo excepcional sean las mujeres es señal de que el sexo es relevante y amerita que este hecho implícito se explicite: “¿Se hizo un esfuerzo por buscar mujeres? ¿Sí, no, por qué? ¿Qué encontraron en la búsqueda? ¿Es que no hay, en todo el país, dos o tres o seis mujeres dignas de la Corte? ¿Es ese el problema? Quiero que lo digan. Y si ese es el problema quiero saber qué se está haciendo para remediarlo”.

Las evidencias analíticas arrojan luz sobre que, si bien las cuotas de género no son la panacea y que cuerpo de mujer no garantiza agenda de género/feminista, estas medidas han demostrado su efectividad para incrementar el liderazgo femenino en el ámbito político, que en un país como el nuestro, no es poca cosa. De ahí la importancia de que nos dejen llegar antes de sostener que no podemos. No se trata de un cambio reducido a términos cuantitativos, se trata de la posibilidad de generar un cambio cultural que dé lugar a que las cuotas de género dejen, entonces sí, de ser necesarias.

 

@article19mex

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Comparte
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.