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Desenterrar la verdad: fosas comunes y el deber del Estado de informar
“A veces sentimos que ya no podemos con tanto nosotras solas” y, sobre todo, porque las personas desaparecidas nos faltan a todxs", cuenta Angie, mamá de Viridiana.
Por María De Vecchi Gerli y Carlos Dorantes Andrade
9 de octubre, 2020
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Son las 7:45 de la mañana y se escucha el llamado por parte de las autoridades para reiniciar las labores de exhumación y búsqueda en Jojutla, Morelos. A las afueras del cerco establecido por los servicios forenses, se reúnen familiares de personas desaparecidas que visitan Morelos desde Chihuahua, Querétaro, Guanajuato, Veracruz, de todos los rincones del país en donde buscan, esperan a alguien. Todxs a la espera de alguna noticia, de recuperar un poco de certidumbre o verdad en ese lugar. Esta historia y el proceso de búsqueda del colectivo Regresando a Casa Morelos fue documentada por el documental Volverte a Ver.

En 2014, la Fiscalía General del Estado de Morelos y otras autoridades estatales y municipales inhumaron en fosas comunes —es decir, en fosas administradas, gestionadas y propiedad del Estado— a más de 200 personas que fueron asesinadas, sin una autopsia para investigar qué les pasó y sin asegurarse de implementar los protocolos correctos para que sus identidades pudieran ser conocidas. Muchas de ellas ni siquiera contaban con un registro, no se sabía que sus restos habían sido inhumados en las fosas y, por lo tanto, habían sido doblemente desaparecidas por el Estado.

Meses después, madres buscando a sus hijxs desaparecidxs descubrieron el uso indebido de estas fosas en Jojutla y Tetelcingo, y exigieron su apertura y la identificación de todos los cuerpos. De acuerdo con la normativa, tras la cual se escudaron las autoridades del Estado para no abrir las fosas, se afirmaba que se trataba de “cuerpos que nadie había reclamado” y por ello habían sido inhumados en fosas comunes. En 2016 y 2017, colectivos de familiares de personas desaparecidas participaron directamente durante dos semanas exhumando los cuerpos de estas dos fosas. La búsqueda de verdad de las familias es retratada en el documental Volverte a Ver, que se estrenó en México el 8 de octubre, en el contexto del festival DocsMx.

Angélica Rodríguez, integrante del colectivo Regresando a Casa Morelos y una de las protagonistas del documental, quien busca a su hija Viridiana Morales, desaparecida desde 2012, fue una de las madres que participaron durante 2016 y 2017 en la exhumación de cuerpos en las fosas comunes de Jojutla y Tetelcingo en el estado de Morelos. Para ella, la  verdad con respecto a este caso significa saber quiénes son las personas que exhumaron de los panteones, “saber por qué llegaron ahí en esas condiciones, por qué no se les hizo una necropsia, por qué no tenían una carpeta de investigación, por qué las escondieron, qué hay detrás de todas esas anomalías que la Fiscalía no quería que descubriéramos. Y quién perpetró esos crímenes. ¿Quién es el responsable?”. La verdad que busca Angélica es la verdad que deberíamos buscar y exigir como sociedad.

Previo a las exhumaciones, los familiares se capacitaron en técnicas forenses para acompañar el proceso estatal y poder llevar sus propios registros. Las anotaciones y dibujos que las integrantes de organizaciones en búsqueda hicieron sobre cada cuerpo hablan de innumerables negligencias y crímenes al enterrar (Imagen 1): el gobierno inhumó gente vestida, no investigó por qué los cuerpos tienen señas de tortura o por qué había niñas en la fosa, muchas de las víctimas incluso tenían tiro de gracia o heridas punzocortantes que no figuraban en los registros. Como ha sucedido históricamente en México, en este caso han sido los familiares de personas desaparecidas quienes presionaron para que las fosas fueran abiertas y, al estar presentes y acompañar cada etapa del proceso, pudieron documentar la cantidad de irregularidades cometidas por funcionarios del estado de Morelos. Ellas, como guardianas de la memoria, dieron un paso fundamental para la recuperación de la verdad y la identidad de algunas de las víctimas. Gracias al esfuerzo de las madres de Regresando a Casa Morelos, Familias Resilientes Unidas y otros colectivos, hoy sabemos que en las fosas comunes sí hay desaparecidos. Trece cuerpos han podido ser recuperados por sus familiares y faltan muchos más por ser reconocidos. Además, aún hay personas que permanecen enterradas en la fosa de Jojutla.

Anotaciones realizadas durante la exhumación de las fosas comunes en Jojutla, Morelos, en 2017 por madres en búsqueda, integrantes del Colectivo Regresando a Casa Morelos.

Lo cierto es que a tres años de publicada la Ley General en Materia de Desaparición, seguimos sin tener un registro exhaustivo y confiable de fosas comunes. Dicha ley establece la creación del Registro Nacional de Fosas (tanto comunes como clandestinas) y un Registro Nacional de personas fallecidas no identificadas. Ambas bases de datos son responsabilidad de la Fiscalía General de la República y las Fiscalías de los estados. Sin embargo, a la fecha no existen versiones públicas de dichos registros, lo que retrasa las labores de búsqueda y dificulta la identificación de irregularidades.

La crisis forense por la que atraviesa México termina por contribuir y ser cómplice en la desaparición de personas. Casos como la incineración de más de 1,500 cuerpos por parte del Servicio Médico Forense de Jalisco o como los 38,500 cuerpos que permanecen en morgues sin identidad o que en Sinaloa y otros 15 estados se subrogue a funerarias privadas el trabajo de los servicios médicos forenses, llevando a la desaparición de cuerpos y a un manejo indigno. En muchos de estos casos son periodistas independientes o familiares quienes construyen la verdad. Por ejemplo, fue Ana Enamorado, la madre del joven desaparecido Oscar Antonio López Enamorado, quien identificó, documentó y denunció la práctica de las incineraciones ilegales en Jalisco.

La cifra de 77,171 personas desaparecidas anunciada el miércoles 7 de octubre por el gobierno federal es tan abrumadora que podemos perder de vista la importancia de conocer las historias de cada una de estas personas y el que como sociedad tenemos el derecho a saber quiénes son, quién las desapareció y en qué contexto ocurrieron estos hechos. En este deber de recordar, Angélica nos cuenta en entrevista de su hija, Viridiana Morales, quien se encuentra desaparecida desde el 12 de agosto de 2012 cuando tenía 21 años. Recuerda que a Viridiana siempre le gustó estudiar. Desde antes de empezar el kínder guardaba un suéter que no dejaba que su mamá le pusiera porque lo estaba reservando para cuando entrara, porque ya no podía esperar a que ese día llegara. Ese primer día de kínder, nos dice Angie, Viridiana entró feliz a la escuela y la que se quedó llorando fue ella. Siempre fue de diplomas y buenas calificaciones. Desde pequeña fue muy organizada, sabía lo que quería.

Angie habla de Viridiana en presente, nos dice que es muy amorosa. Siendo su hija mayor, siempre fueron muy cómplices. “Fue mi brazo derecho porque soy mamá divorciada con tres hijos y por ser la mayor se dio cuenta de todas estas complicaciones y fue siempre mi aliada”. Cuando la desaparecieron, estudiaba el séptimo semestre de la carrera de Psicología en la UAEM. Estaba súper emocionada y enamorada de su carrera. Quería terminar de estudiar para ayudarle a su familia. “Vivió muchas carencias y quería que mejoráramos nuestra calidad de vida. Ella tenía muchos sueños y era muy pegada con nosotros, aunque ya no vivía con nosotros, ella me hablaba mínimo tres veces al día y nos visitaba. Ella tenía un proyecto de vida que no sé quién se sintió con el derecho de quitarle”.

Angie sigue caminando con sus compañeras de Regresando a casa Morelos para traer de regreso a Viridiana y a todas las personas desaparecidas. Siguen caminando, como se retrata en Volverte a Ver, por la verdad y la justicia. Para que sepamos quiénes están en las fosas, pero también para que ya no haya más fosas y para que no haya ni una persona desaparecida más. Y en ese camino y esa lucha, es indispensable que nos vayamos sumando cada unx desde nuestros espacios, porque en palabras de Angélica, “a veces sentimos que ya no podemos con tanto nosotras solas” y, sobre todo, porque las personas desaparecidas nos faltan a todxs.

*María De Vecchi Gerli (@maria_devecchi) y Carlos Dorantes Andrade (@doross) son parte del Programa de Derecho a la Información de ARTICLE 19 Oficina para México y Centroamérica.

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