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En contra de las probabilidades, Stephania
Por Artículo 19
27 de junio, 2012
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Por: Ricardo González, Oficial de Protección y Seguridad

 

“La chamba no va a bajar y más vale que nos vayamos haciendo a la idea”,  era el consejo que nos ofrecíamos unos a otros en el equipo de protección en espera de que comenzara el fin de semana.

Había sido una semana extenuante, los desplazamientos forzados de periodistas veracruzanos, las amenazas constantes en contra de reporteros en varios puntos del país, incluyendo Michoacán, Tamaulipas e Hidalgo, además de la decisión de las autoridades federales de congelar los trabajos del programa protección hasta después de la elecciones, hizo que la carga de trabajo fuera aún mayor que en semanas anteriores.

El tan esperado sábado comenzó con la noticia de que la reportera del periódico Zócalo Saltillo y Calibre 57,  Stephania Cardoso y su hijo de año y medio, habían desaparecido en la madrugada. El equipo inició el procedimiento establecido para ese tipo de casos.

Confirmamos la información. Hablamos con nuestros contactos y con el medio de comunicación. El principal reto en ese momento era movilizar a las autoridades federales para que no esperaran al próximo lunes para reaccionar, no podíamos confiar en las diligencias de las autoridades locales. Intentábamos que pasara lo que a menudo pasa en estos casos, que el trascurrir del tiempo diluyera el interés de autoridades por resolver el caso.

En realidad es poco lo que un programa de protección de la sociedad civil puede hacer en el caso de una desaparición. Aunque quienes integramos el equipo entendemos (y aceptamos) esto, siempre queda la angustia que obliga a repasar la acciones emprendidas para asegurarnos que ya hicimos lo que estaba a nuestro alcance.

“Sólo queda esperar. Descansen y nos vemos el lunes. Pendientes”, fue uno de los últimos mensajes que intercambiamos ese sábado por la tarde.

La carrera contra el tiempo

De acuerdo con la información que hemos ido recabando sobre la desaparición como método de censura, sólo existen este tipo de casos en Rusia, Bielorrusia, Ucrania y Gambia. En estos países al igual que en México, la prensa intenta sobrellevar la ausencia de sus colegas y los embates de la impunidad que acompaña este tipo de casos.

Pasaron poco más de 140 horas y no había noticias sobre Stephania y su hijo. De acuerdo con los expertos sobre las distintas modalidades de las desapariciones, las primeras 72 horas son cruciales, después de este lapso de tiempo la probabilidad de que una persona desparecida sea localizada disminuyen de manera dramática.

El paso del tiempo nos obligaba a pensar que el caso de Stephania seguiría el horrendo destino de los otros 13 periodistas mexicanos que permanecen desparecidos.  Impunidad y olvido.

La desaparición de periodistas no es un fenómeno común ni siquiera en los países considerados como peligrosos para ejercer la libertad de prensa.  A diferencia del asesinato, la desaparición requiere mayor preparación y recursos.

La información disponible no nos permitía definir con certeza si la desaparición de Stephania se trataba de alguna modalidad de secuestro o algo más grave. En por lo menos 7 casos de periodistas asesinados, las víctimas habían sido primero privadas de su libertad y sus cuerpos fueron encontrados horas o inclusive días más tarde.

Las autoridades coahuilenses anunciaron un operativo para dar con el paradero de la reportera y su hijo. A la par, las voces de condena desde el extranjero y dentro del país se dejaban escuchar cada vez con mayor fuerza.

La llamada

Ya era jueves y los esfuerzos de las autoridades no habían rendido frutos, Stephania y su hijo permanecían desparecidos. Después de recibir un correo de uno de nuestros contactos alertándonos, intercambiamos un par de mensajes para buscar contacto directo con quien decía ser la reportera desparecida.

El equipo de protección ya no se encontraba en la oficina, rápidamente y con una inusitada esperanza regresamos todos a esperar una respuesta. Había una posibilidad clara de que el patrón de violencia e impunidad no se consumara en este caso.

La respuesta de Stephania no tardó mucho, pero la espera nos pareció una eternidad por la incertidumbre. Mientras tanto, el equipo pensaba en posibles escenarios y las acciones legales y políticas que pudieran ser emprendidas.

Finalmente sonó el teléfono. Una voz femenina sollozante se dejó escuchar, “soy yo, estamos bien”. Al fondo se escuchaba la voz del bebé. En contra de las probabilidades, Stephania daba señales de vida.

La situación, según nos explicó, era bastante complicada. Ella y su hijo se encontraban en un lugar seguro pero no por mucho tiempo. A partir de ese momento comenzamos a diseñar e instrumentar la estrategia para que pudieran recibir la protección del Estado que hasta el momento no había sido brindada.

Al día siguiente durante la emisión del programa de radio de Denise Mearker, Stephania solicitó públicamente la protección del Estado Mexicano, bastó un trino del Presidente Felipe Calderón para activar los mecanismos de protección, horas más tarde la reportera y su hijo pudieron dormir en un lugar seguro.

Ser testigos de las ganas de sobrevivir

Desde aquel espectacular anuncio hemos mantenido poco contacto con Stephania, de hecho no sabemos con exactitud en dónde se encuentra debido a la rigidez de los protocolos de seguridad que existen entorno a ella y su hijo. Sabemos que se encuentra bien porque así nos hace saber de manera esporádica.

Su testimonio ha sido una lección importante para todo el equipo de ARTICLE19. Un claro recordatorio que las ganas de sobrevivir pueden trascender la inacción e inoperancia de instituciones gubernamentales y la capacidad limitada de una organización de la sociedad civil.

Se dice que los contextos de guerra y zozobra son los escenarios perfectos para que la parte más luminosa de la condición humana salga al descubierto. Durante los últimos años, el equipo de ARTICLE 19 ha sido testigo en muchas ocasiones de la tenacidad con la quienes han sido objeto de agresiones se reponen a pesar del contexto adverso, del fracaso de las autoridades y de quienes pretenden imponer a lo largo y ancho del país el silencio.

Durante los últimos años, ARTICLE19 ha sido testigo de la batalla que libran periodistas y defensores de derechos humanos no sólo para sobrevivir sino también para cumplir con la función social que les ha sido encomendada. Ejemplos de entereza y compromiso que confrontan los eufemismos con los que el gobierno mexicano intenta justificar su fracaso.

Stephania y su hijo se encuentran bien no gracias al gobierno sino a pesar de éste. No hay que perder esto nunca de vista. Stephania es muestra del impulso de vida que mueve en este momento a miles de mexicanos y mexicanas que padecen la violencia e impunidad que imperan en el país.  Stephania no es una víctima porque sea o no una buena persona, es una víctima por lo que vivió y porque el Estado la obligó a sobrevivir con los recursos que tenía a la mano. Ni más, ni menos. Apareció Stephania, aún nos faltan a todos 13 periodistas más.

 

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