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Por Artículo 19
Artículo 19 es una organización, de origen inglés, que por más de 20 años ha trabajado en la... Artículo 19 es una organización, de origen inglés, que por más de 20 años ha trabajado en la defensa y promoción de la libertad de expresión en el mundo. El libre flujo de información por cualquier medio, el intercambio de ideas entre actores, y la transparencia gubernamental son elementos indispensables para una democracia. Por ello, Artículo 19 se dedica a proteger el derecho contra todo acto de censura. Síguenos en Twitter: @article19mex. (Leer más)
Homofobia y libertad de expresión
En muchas ocasiones, el discurso antihomofobia puede generar censura en virtud de excluir del debate público aquel discurso que se considera ofensivo y chocante.
Por Artículo 19
17 de mayo, 2014
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Por primera vez en México se celebra el día contra la homofobia. En más de 40 países, el 17 de mayo se dedica a la lucha contra la homofobia y transfobia, coincidiendo con la fecha en que, en 1990, la homosexualidad fue retirada del catálogo de enfermedades mentales de la Organización Mundial de la Salud. Esto es una buena noticia: llamar a las cosas por su nombre y reflexionar sobre ellas.

Podemos decir que la homofobia puede generar discriminación en el acceso a derechos fundamentales por parte de la comunidad LGBTTI. Esta desigualdad impide la capacidad de goce y ejercicio de derechos; situación inaceptable en una sociedad democrática para cualquier persona. De allí que identificar estos casos de manera precisa nos ayudará a tener una sociedad más abierta.

Sin embargo, en muchas ocasiones el discurso en contra de la homofobia le alcanza a algunos (paradójicamente defensores de los derechos LGBTTI) para censurar al resto. Como muchos otros discursos, en el caso del llamado homófobo tenemos que analizar todos los matices posibles para no caer en excesos, entre otros: el contexto, la calidad del emisor (personaje público o no), la intención (generar animadversión o violencia), el contenido del discurso, la magnitud del impacto y, sobre todo, la probabilidad real de producir un daño en los derechos de ciertos grupos o personas.

¿Toda expresión que parece homófoba, lo es? No ¿Son las apreciaciones subjetivas sobre las consecuencias del discurso las únicas a tomar en cuenta? No ¿Debemos prevenir a las personas que se expresen de tal o cual manera para salvaguardar un supuesto honor colectivo? No. En este sentido el artículo 13 de la Convención Americana ha proscrito el “delito de opinión”, en el informe 2013 de la Relatoría Especial de Libertad de Expresión de la OEA se explica: “En virtud de esta disposición, el carácter ofensivo del discurso, por sí solo, no es razón suficiente para prohibirlo”.

En muchas ocasiones, el discurso antihomofobia puede generar censura en virtud de excluir del debate público aquel discurso que se considera ofensivo y chocante. En el informe de la Relatoría citado previamente, advierte: “En efecto, como lo ha dicho esta Relatoría Especial, al discurso que ofende por la intrínseca falsedad de los contenidos homófobos y discriminatorios es necesario refutarlo: quienes promueven esas visiones necesitan ser persuadidos de su error en el debate público”.

Necesitamos más debate y más expresiones, no menos. Todos aspiramos a un mundo sin discriminación de ningún tipo. Existen dos maneras de llegar a ese estadio, la primera es apelar a la construcción de una moral colectiva, de tal forma que se excluyan del debate público aquellas expresiones que no se ajusten al canon. La segunda es pensar que todas las opiniones, incluso las ofensivas, son válidas en el debate público —que la posibilidad de no censurarlas nos abre la puerta a terminar con ellas vía la confrontación de ideas.

La homofobia, como la discriminación, debe entenderse —sobre todo— como aquellas acciones que impidan el ejercicio de derechos a una persona. En este sentido es que el Estado debe intervenir de manera decidida, para lo cual hay dos formas: garantizar el acceso igualitario a derechos o criminalizar el ejercicio de los mismos. Como ejemplo de lo primero, se encuentra las resoluciones de la Suprema Corte sobre matrimonio igualitario —mejor política que prohibir el uso de la palabra “puñal”— al igualar el piso de derechos de las personas. Como ejemplo de los segundo se encuentra la misma autoridad que no reconoce la unión, o bien, como un caso reciente, la alcaldesa de León, Guanajuato que cerró un bar gay con el motivo de “dignificar el espacio” (el centro histórico de la ciudad guanajuatense). Cuando es el Estado el que ejerce la homofobia, es probable que el resto de la sociedad la considere normal.

El Estado tiene la evidente tarea de proteger, garantizar y respetar los derechos fundamentales, de allí que el uso del aparato estatal para ejecutar actos homofóbicos está condenado. Tampoco podemos omitir que en los casos entre particulares importa la calidad del sujeto, cuando se encuentran en una posición asimétrica en el discurso, el Estado —en lugar de pensar en censurar— debe ser una plataforma para que quien se encuentra en desventaja pueda contrarrestar un discurso discriminatorio.

Entonces, ¿están peleadas la libertad de expresión y la homofobia? No. Pero el discurso inquisitorial que puede surgir del rechazo a la homofobia puede llevarnos a un régimen de censura previa, prohibido en el sistema interamericano de derechos humanos. Lo importante es visibilizar los actos que efectivamente son homofóbicos y distinguirlos de aquellas expresiones chocantes pero legales; apostar por la igualdad en el acceso de derechos y un correcto balance entre la libertad de expresión y la igualdad, pueden allanar el camino para un mundo que se expresa sin homofobia.

 

@article19mex

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