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Yesenia, por ti y por todas seguimos exigiendo justicia
Indira, madre de Yesenia, agradece que a su hija la hayan matado junto a Rubén y a Nadia. De no haber sido así, piensa, Yesenia habría sido una más de las mujeres asesinadas y desaparecidas en este país y nadie habría exigido justicia en su nombre.
Por Artículo 19
8 de marzo, 2019
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Por: María De Vecchi Gerli (@maria_devecchi)

Yesenia Atziry Quiroz Alfaro era maquillista. Quería ser famosa, que la conocieran en el mundo. Amaba las motos y soñaba con tener una de color rosa. Tenía 18 años, nació en Mexicali, Baja California, donde todavía vive su madre, Indira Alfaro. Yesenia vino al entonces Distrito Federal a buscar una vida mejor. Vivía en un departamento con otras tres jóvenes, en la calle Luz Saviñón de la colonia Narvarte.

El 31 de julio de 2015, Yesenia fue asesinada junto con Alejandra Negrete, Mile Virginia Martín, Nadia Dominique Vera y Rubén Espinosa. Este caso pasaría a la historia como el “multihomicidio de la Narvarte”, aquel que contribuyó a poner fin a la época en la que la capital mexicana era vista como un lugar seguro donde periodistas y activistas perseguidos/as por ejercer su profesión podían refugiarse.

De las cinco víctimas de este crimen, de quienes más sabemos es de Nadia y de Rubén. Nadia era activista y Rubén fotoperiodista. Ambos habían salido de Veracruz, donde vivían y trabajaban, por amenazas recibidas por parte del entonces gobernador, Javier Duarte, bajo cuyo mandato 17 periodistas fueron asesinados/as en dicho estado. Hasta el día de hoy, los 17 casos siguen impunes. A lo perturbador de la noticia de cuatro feminicidios y un homicidio se sumaba lo escandaloso de un móvil político. Del caso se habló a nivel nacional e internacional.

Indira, madre de Yesenia, agradece que a su hija la hayan matado junto a Rubén y a Nadia. De no haber sido así, piensa, Yesenia habría sido una más de las mujeres asesinadas y desaparecidas en este país y nadie habría exigido justicia en su nombre. Indira tuvo que escuchar los dichos de las autoridades de que algunas de las víctimas del caso se dedicaban a la prostitución y al narcomenudeo y que, por ello, eran culpables de lo que les pasó. Sin embargo, afirma que como Yesenia fue asesinada junto a Nadia y a Rubén, por lo menos parte de la sociedad sigue cuestionando a las autoridades y exigiendo justicia para ella.  

Escuchar a una madre agradecer las circunstancias en las que fue asesinada su hija es desgarrador. Pero es, sobre todo, dolorosamente esclarecedor. Existe, ciertamente, una narrativa -la del “algo habrán hecho”- de la cual nos hemos apropiado como sociedad y que ha sido utilizada para justificar cualquier violación a derechos que una mujer pueda sufrir. Este discurso es estigmatizante y revictimizante, pero sobre todo, muy efectivo para justificar la indolencia. Como señala Judith Butler, filósofa, hay vidas que parecen no ser dignas de ser lloradas o que debieran soportar una exposición diferencial a la violencia y a la muerte.

Las mujeres víctimas de los nueve feminicidios diarios que ocurren en México, bajo ningún pretexto merecían ser asesinadas. Que desde el gobierno y desde amplios sectores de la sociedad se presuma lo contrario es una muestra de la magnitud de la crisis de derechos humanos que se vive en un país con el 56 % de su territorio con declaraciones de alerta de violencia de género emitidas.

No será sino hasta que logremos deshacernos de este tipo de sesgos misóginos que podremos dolernos por ellas, por cada una de las mujeres que nos faltan a todas y todos. Y por nosotras, por lo que nos quitaron como sociedad al asesinarlas. No será sino hasta entonces que, de manera colectiva, conjuraremos la rabia que nos ha hecho falta para cambiar las estructuras que permiten que nos maten y nos desaparezcan todos los días.

Deberíamos exigir justicia porque Yesenia fue asesinada, no porque lo fue junto a Nadia y Rubén. Porque Yesenia, con sus sueños de ser famosa y tener una motocicleta rosa, debería dolernos a todas y todos.

Deberíamos exigir justicia para cada una de las mujeres asesinadas, saber quiénes son, cuáles eran sus sueños. Deberíamos exigir que el derecho a la verdad sea garantizado, para las víctimas y para la sociedad, en todos los casos.  

Ninguna madre debería tener que agradecer cómo fue asesinada su hija. Ninguna mujer debería ser asesinada por ser mujer. La indolencia es feminicida.

 

* María De Vecchi Gerlies Coordinadora del Proyecto de Derecho a la Verdad en @article19mex

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