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Cuba, la crisis permanente
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Rubén Aguilar Valenzuela: Socio fundador de Afan y Asociados, S.C. Doctor en Ciencias Sociales. Profesor... Continuar Leyendo
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Cuba, la crisis permanente

La realidad es que el gobierno de Cuba no va a ceder en términos políticos ante las exigencias de Trump, pero el actual poder en Cuba -que se concentra en el partido, el ejército y el gobierno -, sí está dispuesto a negociar el modelo económico.
20 de febrero, 2026
Por: Rubén Aguilar
2023 fue la última vez que hice un recorrido de quince días por Cuba y desde hace años, por diversas vías, mantengo comunicación cercana con amigas y amigos que viven en La Habana. Ahora comparto el intercambio con algunos de ellos, que expresan sus puntos de vista ante la actual crisis que vive el país.
La crisis de Cuba no es de ahora, no llega con Donald Trump y su actitud con Cuba. Es una crisis tendencial que se ha mantenido por décadas.
Antes de la caída de la Unión Soviética (URSS) y el bloque de los países del socialismo real, en Cuba no había escasez y nadie tenía hambre. A la caída del bloque socialista empieza un ir y venir entre que ahora sí tenemos y ahora no. E inicia también el malestar social.
A partir de entonces cambian las condiciones de la realidad cubana y muchas cosas se tambalean. A la caída del socialismo real Cuba estaba obligada al cambio de la matriz económica, pero no se hizo.
En estas últimas décadas ha habido propuestas, ensayos y experimentos de liberación económica, pero no se ha podido levantar el vuelo para garantizar el autoabastecimiento y autoproducción.
En el presente hay un escenario de mayor deterioro que en otros momentos, que se expresa en la carencia de combustible, el abastecimiento de la electricidad, el servicio del transporte público y la atención de la salud.
El turismo está en una gran crisis. Se ha reducido dramáticamente el número de visitantes, ahora hay zonas de playa cerradas. Esto se agrava por la suspensión de vuelos internacionales ante la carencia de turbosina.
La crisis actual no es novedad; desde hace muchos años en Cuba se vive la fragilidad del consumo y a lo largo del tiempo ha habido momentos de subidas y bajadas.
Una pregunta permanente es si existen o no negociaciones con el gobierno de Estados Unidos. Siempre las ha habido, desde que triunfa la Revolución en 1957. Las presiones y amenazas han crecido en el gobierno de Donald Trump, operadas a través de Marco Rubio, el secretario de Estado. Es un hecho.
La realidad es que el gobierno de Cuba no va a ceder en términos políticos ante las exigencias de Trump, pero el actual poder en Cuba -que se concentra en el partido, el ejército y el gobierno -, sí está dispuesto a negociar el modelo económico.
Se ha avanzado en esa dirección dando espacio a las pequeñas empresas privadas, pero en un proceso muy lento. Hay quien pone freno de mano, que son los sectores más duros y conservadores del régimen.
Si el gobierno de Estados Unidos piensa que puede obtener un cambio del régimen político, esto no es real. Sí puede lograr -hay mucho espacio de maniobra- empujar y acelerar un cambio del régimen económico.
Las actuales autoridades cubanas han sido incapaces de construir un nuevo sistema económico, por falta de imaginación, capacidad y fuerza política. Todo lo que ha hecho en esta materia ha fracasado o se ha quedado muy corto ante la dimensión de la crisis.
Hoy queda claro que todo se centra en el cambio del sistema económico, para que Cuba pueda superar su crisis sistémica y permanente, que el modelo socialista no le permitió. El partido y el gobierno están dispuestos a dialogar con el gobierno de Trump, pero no van a ceder en el campo del sistema político. El camino es seguir lo que han hecho China y Vietnam. No hay más.
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Imagen BBC
En Países Bajos aman la semana laboral de 4 días pero ¿realmente funciona?
7 minutos de lectura

“Se trata trabajar de forma más inteligente, no más arduamente”, afirmó un empresario holandés a la BBC. Pero algunos expertos advierten de riesgos para la economía del país.

16 de febrero, 2026
Por: BBC News Mundo
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Los holandeses adoptaron discretamente la semana laboral de solo cuatro días. Pero ¿cuál ha sido su impacto?, ¿es algo sostenible?

“Los hijos solo son niños una vez”, afirma Gavin Arm, cofundador de la pequeña empresa Positivity Branding, con sede en Ámsterdam.

“La mayoría de las personas, si dirigen una empresa, se entregan a ella y trabajan, trabajan y trabajan para intentar triunfar. Y probablemente lo hacen por sus hijos”, afirma.

“Pero luego, cuando sus hijos son mayores, miran atrás y dicen: ‘Me perdí esa parte de sus vidas’, y eso es horrible. No queremos ser así”.

Arm me habla en la acogedora oficina de su empresa en el animado barrio de De Pijp en la capital holandesa. Ubicado al sur del centro de la ciudad, el barrio es conocido por sus bulliciosos mercados, su historia bohemia y su fuerte gentrificación.

Su compañía, que cofundó con su colega Bert de Wit, asesora a empresas sobre su identidad de marca y la presentación de sus productos.

Arm y de Wit adoptaron junto con su personal una semana laboral de cuatro días hace siete años.

Los empleados no tuvieron que aceptar una reducción salarial ni trabajar más horas en estos cuatro días. En cambio, sus horas se mantuvieron en 32 semanales, u ocho diarias.

“El equilibrio entre la vida laboral y la personal fue fundamental”, añade de Wit, quien no concuerda con aquellos que opinan que su personal trabaja menos ahora por el mismo salario. Se trata, asegura, de “trabajar de forma más inteligente, no más arduamente”.

“En otros países puede que pasen mucho tiempo en el trabajo, pero eso no significa que trabajen mucho. Cambiar la cultura y la mentalidad es el mayor reto”.

Primer plano de Gavin Arm y Bert de Wit
BBC
Gavin Arm y Bert de Wit introdujeron la semana laboral de cuatro días en su empresa en 2019.

Trabajar cuatro días a la semana es común en los Países Bajos desde hace años, e incluso las empresas más grandes se sumaron a esta iniciativa.

Mientras tanto, el sindicato más grande del país, FNV, sigue presionando al gobierno holandés para que convierta la semana de cuatro días en la recomendación oficial. De todos modos, los empleados holandeses ya tienen derecho legal a solicitar una reducción de jornadas.

Alta productividad, pero…

“Nos gusta tener tiempo para despejar la mente. Se me ocurren las mejores ideas cuando paseo a mi perro”, afirma Marieke Pepers, directora de recursos humanos de la empresa de software holandesa Nmbrs.

Cada semana Pepers se toma el viernes libre. “Nadie me espera, me inspiro, estoy en una mejor situación y la empresa también”.

Pepers añade que desde que la compañía adoptó la semana laboral de cuatro días, “las bajas por enfermedad del personal disminuyeron y la retención de empleados aumentó”. Pero afirma que al principio la idea fue difícil de vender.

“Tuvimos que convencer a los inversores. Nuestros propios empleados se mostraron escépticos al principio: ‘Ni cinco días me alcanzan para terminar mi trabajo’ fue una de las reacciones”.

“Algunos sentían presión. Pero simplemente tuvimos que ser muy críticos con qué priorizábamos en el trabajo y redujimos las reuniones”.

Gente caminando en la calle en una ciudad de Holanda
AFP via Getty Images
Los holandeses son los que menos horas trabajan a la semana en Europa.

La adopción de la semana laboral de cuatro días en los Países Bajos ha captado la atención internacional. Los empleados holandeses trabajan una media de 32,1 horas semanales, la más baja de la Unión Europea, y muy por debajo de la media del bloque de 36 horas.

Al mismo tiempo, el PIB per cápita (en relación con cada persona) se mantiene entre los más altos de Europa y cerca de los primeros puestos de los países con economías desarrolladas miembros de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos).

Esto pone en entredicho la suposición de que los países ricos necesitan largas jornadas para mantenerse competitivos.

Pero, ¿es la semana laboral de cuatro días en los Países Bajos tan exitosa para la economía holandesa como sugieren los titulares?

“Es cierto que los Países Bajos tienen una alta productividad y trabajan menos horas”, afirma Daniela Glocker, economista de la sección de Países Bajos de la OCDE, “pero lo que hemos visto en los últimos 15 años es que la productividad no ha crecido”.

Esto significa que si los holandeses quieren mantener su calidad de vida, deben aumentar la productividad o la oferta laboral, agrega Glocker.

En otras palabras, los trabajadores actuales tendrán que empezar a producir más bienes y servicios por día de trabajo, o el país necesitará que más personas se incorporen al mercado laboral, posiblemente a través de un aumento de la inmigración.

El rol de las mujeres

Los Países Bajos tienen la mayor proporción de trabajadores a tiempo parcial de la OCDE, con casi la mitad de los empleados trabajando menos de tiempo completo.

Los salarios más altos y la forma en que los impuestos gravan los aumentos de ingreso hacen que las horas extras sean menos atractivas, lo que anima a las familias a intercambiar ingresos por tiempo.

El propio análisis del gobierno señala que tres de cada cuatro mujeres y uno de cada cuatro hombres trabajan menos de 35 horas.

Los sindicatos argumentan que “un día menos” puede ser beneficioso para la energía, la productividad y la sociedad, y que normalizar los patrones de cuatro días puede mantener en el trabajo a personas que, de otro modo, podrían abandonarlo por completo.

Pero la OCDE advierte que esta fortaleza tiene crecientes tensiones. Como la mayoría de las naciones, los Países Bajos se enfrentan al envejecimiento de su población, por lo que a medida que más personas se jubilan menos personas están activas en el mercado laboral.

“Los holandeses son ricos y trabajan menos, pero la pregunta es: ¿cuán sostenible es esto?”, afirma Nicolas Gonne, economista de la OCDE. “Con pocos trabajadores no se puede hacer mucho”.

“Lo que vemos es que los Países Bajos se enfrentan a potenciales problemas por todos lados; la forma de aliviar esto es ampliar la oferta laboral”.

Una pareja con sus tres niños paseando en bicicleta en Holanda
AFP via Getty Images
Algunos economistas afirman que más mujeres holandesas necesitan trabajar a tiempo completo.

Una forma de aumentar esta oferta podría ser convencer a más mujeres holandesas de trabajar a tiempo completo. Si bien el empleo femenino es alto, más de la mitad de las holandesas trabajan a tiempo parcial, un porcentaje que es aproximadamente tres veces la media de la OCDE.

La falta de acceso a guarderías y otros servicios de cuidado infantil asequibles sigue siendo una limitación importante. Y los altos impuestos a la renta y el complejo sistema de prestaciones pueden disuadir a las personas, especialmente a quienes aportan un segundo salario, de trabajar más horas.

Peter Hein van Mulligen, de la Oficina de Estadística de los Países Bajos (CBS), señala un “conservadurismo institucionalizado” profundamente arraigado en la sociedad holandesa, que actúa como una barrera para la participación femenina.

Un estudio de 2024 reveló que una de cada tres personas en los Países Bajos cree que las madres con niños muy pequeños (de tres años o menos) no deberían trabajar más de un día a la semana, y casi el 80 % cree que tres días a la semana es el máximo.

Para los hombres con niños, estas proporciones son del 5% y el 29%, respectivamente.

“Una diferencia considerable”, señala van Mulligen.

Yvette Becker, del sindicato FNV, afirma que una semana laboral de cuatro días puede ayudar a cerrar la brecha de género. “Se gana productividad con menos absentismo”.

En Positivity Branding, De Wit afirma que las semanas laborales de cuatro días hacen que el empleo sea “más atractivo”, especialmente para sectores de la economía con escasez de demanda, como la educación y la salud.

“Podría ser una forma de hacer que esas profesiones sean mucho más atractivas y subir los índices de productividad”.

Su cofundador, Arm, añade sus reflexiones sobre la semana laboral de cuatro días: “¿Eres más feliz? ¿Disfrutas más de tu vida? De eso se trata realmente”.

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BBC

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