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Francia esquiva la bala (por ahora)
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Francia esquiva la bala (por ahora)

Si Francia logró esquivar por poco un gobierno de extrema derecha este domingo, solo un cambio radical en sus políticas recientes podrá desactivar una bomba de tiempo que puede estallar en 2027, año en que los franceses renovarán a su presidente.
09 de julio, 2024
Por: Víctor Hugo Ramírez García

Los libros de historia en todo el mundo nos enseñan que fue la Revolución francesa la que marcó un hito en Occidente defendiendo el famoso eslogan de “libertad, igualdad, fraternidad”. ¿Cómo es que un partido con una historia de discursos racistas, segregacionistas y nacionalistas logró ganar tanto las elecciones europeas del 9 de junio de 2024, como la primera vuelta de las elecciones legislativas del 30 de junio de 2024, de la nación que se considera ella misma como un modelo de universalismo? Esta pregunta inundó los diarios del mundo la mañana del 10 de junio de este año, al conocer los resultados que colocaron al partido tradicional de extrema derecha (Agrupación Nacional) en primer lugar con un 31 % del voto.

A pesar de estas victorias de la extrema derecha, y contra todo pronóstico de las encuestas locales, la coalición de izquierdas (El Nuevo Frente Popular) ganó la segunda vuelta legislativa en Francia este domingo 7 de julio 2024 al colocarse como primera fuerza política en la Asamblea Nacional francesa (su Cámara de Diputados), seguida de la formación de Emmanuel Macron y de la extrema derecha en tercer lugar. El caso francés es solo un ejemplo de lo que está pasando a nivel geopolítico en el continente europeo: Alemania, Austria, España, entre otros países, viven un aumento espectacular de la fuerza política (no solo electoral) de la extrema derecha, y en países como Italia es la fuerza política que gobierna desde 2022.

El avance electoral del partido Agrupación Nacional (RN) en Francia no se logró de la noche a la mañana en 2024, ha tenido un incremento gradual elección tras elección, mismo que se intensificó en los últimos doce años: tan solo en elecciones legislativas sus votos se triplicaron entre 2012 y 2024, pasando de 3 millones a 9 millones; en cuanto a elecciones presidenciales, Marine Le Pen (líder del partido) obtuvo más de 6 millones de votos en la primera vuelta de 2012, aumentó a 7 millones en la primera vuelta de 2017 y logró más de 10 millones en la segunda vuelta frente a Emmanuel Macron. Pero su nivel más alto (hasta ahora) fue la segunda vuelta de 2022, cuando obtiene más de 13 millones de votos de los 48 millones de franceses habilitados para votar.

La sorpresa de muchos analistas ha sido mayor cuando se desentrañan las características sociodemográficas del voto, pues las cifras constatan un cambio radical en varios perfiles de la población que votaban tradicionalmente a partidos de izquierda o centro y que votan cada vez más a la extrema derecha. Tal es el caso de las clases populares o de nivel socioeconómico bajo: empleados u obreros (cuyo voto pasó de 33 % a 57 % por este partido). La extrema derecha ha logrado además atraer el voto de jubilados (quienes tradicionalmente votaban por las formaciones de derecha) y de las clases superiores.

Varios factores explican este contexto. El llamado “voto de castigo” al gobierno de Emmanuel Macron es uno de estos factores. Desde hace años Macron ha hecho todo lo que la extrema derecha quería: gobernar por decreto sin consenso e imponiendo reformas mayoritariamente impopulares (reforma al sistema de pensiones); desdeñar la oposición popular como ignorante, reforzando su imagen de líder tecnócrata alejado de la gente; centrar el debate y la agenda pública en los temas favoritos de la extrema derecha (inmigración, poder adquisitivo, regulación tecnocrática), y por último, construir como “enemigo” nacional a la izquierda.

La descomposición del sistema de partidos, característica que comparten muchos estados en todo el mundo actualmente, colapsó el nivel del voto de los partidos tradicionales en las últimas elecciones, lo que causó que éstos comenzaran a buscar el voto del electorado de los partidos de extrema derecha y de extrema izquierda. Esto ha causado a su vez la polarización de la política y de la sociedad misma. La llamada “crisis de representación” del sistema político no es sino el reflejo de una sociedad compleja que ya no se reconoce en formaciones políticas surgidas en la posguerra del siglo pasado.

A esto se suma la derechización predominante del debate público y del ambiente político desde hace años en varias sociedades europeas: la inmigración aparecía como uno de los primeros temas de mayor preocupación antes de las elecciones europeas, aunque los datos desmientan esta percepción. El surgimiento en Francia de un segundo partido de extrema derecha (Reconquista), aún más extremista en su programa, coloca a la extrema derecha tradicional como moderada en comparación.

La victoria de la izquierda sorprendió entonces este domingo 7 de julio a todo el mundo. No obstante, la extrema derecha logró duplicar el número de sus diputados en la asamblea, por lo tanto su derrota es solo relativa. Ya que ninguna de las tres formaciones logró la mayoría absoluta (289 diputados) necesaria para formar gobierno, varios escenarios inéditos se esperan para Francia: 1) un gobierno de coalición entre partidos de ideologías diferentes e incluso contradictorias (situación nunca conocida en Francia); 2) alianzas ad hoc según los temas de la agenda política (situación extremadamente volátil que derivaría en un Estado ingobernable; 3) el nombramiento de un gobierno de “expertos” nombrados por el presidente (tecnócratas encargados de sobrellevar las funciones del gobierno); o 4) la parálisis política, consecuencia del fracaso de alguna (o todas) de las opciones anteriores.

La izquierda tiene en sus manos una responsabilidad única. El aumento al salario mínimo, la derogación de la reforma a las pensiones macronista o la indexación de precios para contener la inflación son solo algunas de sus promesas de campaña. Ante un escenario nunca antes visto, Macron pidió a su primer ministro saliente conservar su puesto “mientras tanto”, ya que ante los resultados de las elecciones es él quien debe nombrar un primer ministro perteneciente a la fuerza política más votada, es decir, la izquierda. Si Francia logró esquivar por poco un gobierno de extrema derecha este domingo, solo un cambio radical en sus políticas recientes podrá desactivar una bomba de tiempo que puede estallar en 2027, año en que los franceses renovarán a su presidente. Y esta vez será muy difícil convencerles de no votar a la extrema derecha.

* Víctor Hugo Ramírez García (@vhramirezgarcia) es politólogo, investigador de la universidad de Newcastle, Inglaterra.

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Imagen BBC
“Los votantes del partido me eligieron”: Biden insiste en que no abandonará su candidatura para elecciones en EU
5 minutos de lectura

“La cuestión de cómo seguir ha sido muy discutida desde hace más de una semana. Y es hora de que acabe”, pidió el mandatario estadounidense.

08 de julio, 2024
Por: BBC News Mundo
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El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, aseguró este lunes que seguirá en “carrera hasta el final” para las elecciones de noviembre, a pesar de los llamados de algunos demócratas a que abandone su candidatura, y pidió a sus compañeros de partido que acaben con el debate.

Los cuestionamientos a la capacidad de Biden, de 81 años, de continuar como candidato presidencial para las elecciones del 5 de noviembre se incrementaron después de un debate con el republicano Donald Trump el 27 de junio donde se lo vio sin fuerza en la voz.

En una carta enviada a los demócratas en el Congreso, Biden dijo que no volvería a presentarse “si no creyera absolutamente” que es “el mejor” para vencer a Trump.

En el texto, Biden afirmó que ha “escuchado las preocupaciones de la gente” y no está “ciego ante ellas”, pero se centró principalmente en el proceso de nominación demócrata en el que recibió el 87% de los votos emitidos en las primarias, donde los votantes “hablaron clara y decisivamente” sobre su candidatura.

“Fue su decisión. No de la prensa, ni de los expertos, ni de los grandes donantes, ni de ningún grupo seleccionado de personas, por muy bien intencionadas que sean”, escribió Biden.

“Este fue un proceso abierto a cualquiera que quisiera postularse”, señaló. “Los votantes del Partido Demócrata votaron. Me eligieron a mí para ser el candidato del partido.

“¿Ahora decimos simplemente que este proceso no importó? ¿Que los votantes no tienen voz y voto? Me niego a hacer eso”, añadió.

“¿Cómo podemos defender la democracia en nuestra nación si la ignoramos en nuestro propio partido? No puedo hacer eso. No lo haré”, enfatizó en su carta a los legisladores.

“No tengo ninguna duda de que yo, y nosotros, podemos vencer a Donald Trump y lo haremos.

“La cuestión de cómo seguir ha sido muy discutida desde hace más de una semana. Y es hora de que acabe”, pidió.

Donald Trump y Joe Biden en el debate presidencial el 27 de junio de 2024.
Getty Images
Las preocupaciones en torno al estado de Biden se incrementaron después de su actuación en el debate el 27 de junio.

“Tenemos una tarea. Y es vencer a Donald Trump”, dijo el presidente.

Además de la carta, Biden llamó al programa Morning Joe del canal de noticias MSNBC, una llamada en vivo extremadamente inusual para el presidente de EE.UU.

En la breve comunicación telefónica, Biden afirmó: “La conclusión es que no nos vamos a ningún lado”.

“No me voy para ningún lado”, añadió.

Haciendo eco de parte del lenguaje de su carta a los legisladores demócratas, Biden insistió en que los votantes “hablaron claramente” durante el proceso de nominación y reiteró que cree que él es el “mejor” candidato para vencer a Trump en los comicios de este año.

Si bien las llamadas telefónicas en vivo a presentadores de TV fueron un elemento básico del gobierno de Trump, esta parece ser la primera vez que Biden lo hace durante sus tres años y medio en el cargo.

¿Quiénes pidieron que Biden se baje?

Algunos demócratas electos estuvieron pidiendo al presidente Biden que abandone su candidatura a la reelección, pero la gran mayoría no expresó públicamente sus preocupaciones.

Hasta ahora, cinco demócratas de la Cámara de Representantes manifestaron explícitamente su apoyo a la salida de Biden.

Se trata de los representantes Angie Craig, de Minnesota; Lloyd Doggett, de Texas; Seth Moulton, de Massachusetts; Mike Quigley, de Illinois, y Raúl Grijalva, de Arizona.

Biden junto a militantes en Madison, Wisconsin, el 5 de julio de 2024.
Getty Images
Biden encabezó actos políticos en estados como Georgia, Wisconsin y Pensilvania después del debate.

Los observadores del Capitolio están viendo qué tan rápido crece este número a medida que los miembros del Congreso regresan de un receso esta semana.

El domingo, Biden mantuvo una llamada privada con el líder de la minoría demócrata de la Cámara de Representantes, Hakeem Jeffries, para abordar las preocupaciones del partido sobre su edad y su capacidad para vencer a Trump en noviembre.

Durante la llamada, cuatro miembros del Congreso fueron explícitos al instar a Biden a que dimitiera, según informaron varios medios, incluido el socio estadounidense de la BBC, CBS News.

Jerry Nadler, Mark Takano y Adam Smith dijeron que Biden debería hacerse a un lado, según estos medios, que citaron a personas que participaron en la llamada o familiarizadas con lo que se dijo.

Hubo cierto desacuerdo por parte de los medios sobre quién fue la cuarta persona que expresó su descontento con la candidatura de Biden en la llamada: CBS y The New York Times dijeron que fue Joe Morelle, de Nueva York, pero Associated Press dijo que fue Jim Himes, de Connecticut.

La edad de Biden ha sido durante mucho tiempo un motivo de preocupación para los demócratas.

Joe Biden frente a un atril dando un discurso en Madison, Wisconsin, el 5 de julio.
Getty Images
Tras el debate, Biden ha tratado de mostrarse vital y con energía.

Antes de su mal desempeño en el debate contra Trump, múltiples encuestas de opinión habían mostrado que la aptitud mental de Biden era una de las principales preocupaciones entre los votantes.

Sus frecuentes pausas y falta de palabras durante el debate dejaron a muchos demócratas -y votantes- aún más preocupados de que el presidente no estuviera mentalmente lo suficientemente en forma para otros cuatro años en el cargo, ni lo suficientemente en forma para vencer a Trump en noviembre.

Pero Biden ha rechazado continuamente los llamados a dimitir.

Incluso antes de su carta al Congreso, el presidente no daba señales de ceder.

Desde el debate, la campaña de Biden ha gastado millones de dólares en publicidad en estados en disputa.

Además, el presidente asistió a múltiples eventos de campaña en estados como Georgia, Wisconsin y Pensilvania.

Durante su primera entrevista televisada después del debate, Biden dijo el pasado viernes al canal ABC que solo abandonaría su candidatura “si el señor todopoderoso bajara y dijera: ‘Joe, sal de la carrera'”.

* Con información de Bernd Debusmann Jr.

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BBC

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