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Animatrix
Por Claudia Calvin
Náufraga reincidente de internet, bloguera empedernida, defensora de los animales, aficionada a ... Náufraga reincidente de internet, bloguera empedernida, defensora de los animales, aficionada a la fotografía y aprendiz de empresaria. ¿Temas de interés? Política, relaciones internacionales, equidad de género, TICs, coaching y lo que a su dispersa alma se le ocurra. El lado formal: Licenciada en Relaciones Internacionales, Maestra en Periodismo Internacional y Doctora en Ciencias Sociales con especialización en Ciencia Política, catedrática, exfuncionaria pública. Fundadora de Mujeres Construyendo (www.mujeresconstruyendo.com) y exdirectora general del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (COMEXI). . Twitter: @LaClau (Leer más)
Entre la Primavera Árabe y el invierno global
Transitamos en menos de diez años de la Primavera Árabe al invierno global, en donde internet nos ha acercado a lo que sucede en otras latitudes, pero también se ha convertido en un campo de batalla en donde se juegan muchos juegos a la vez: la guerra electoral, la manipulación, se transmiten el odio, la xenofobia, la discriminación, el racismo, la violencia de género.
Por Claudia Calvin
12 de agosto, 2019
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Fue apenas hace 10 años cuando la realidad nos sorprendió y en Túnez inició una revuelta, que como efecto dominó, se replicó en otros países de la región. En Egipto, Libia, Siria, Yemen, Argelia, Marruecos, Bahréin, por mencionar algunos, la población se rebeló contra sus gobernantes, exigió una mejora en las condiciones de vida y clamó por la democracia. Las respuestas fueron diferentes en cada país y los resultado distintos a lo esperado.

Uno de los elementos sorprendentes de los cambios que iniciaron en esos años fue el papel clave que las redes sociales e internet jugaron en el proceso. ¿Alguien recuerda las caricaturas en las que el famoso pájaro de Twitter decía “La revolución será tuiteada”?

Internet, como esa herramienta-espacio, fue uno de los protagonistas de la transformación que se conoció como la Primavera Árabe. ¿Por qué le llamo herramienta-espacio? Es, por un lado, el espacio público de nuestro tiempo. Esa ágora en la que todo se debate, se expone, se presenta, es observado, discutido y hecho público. Simultáneamente, es la herramienta que permite que las cosas se den a conocer, que quienes no tienen voz en el mundo no virtual se hagan visibles y se expresen, que posibilita que las y los ciudadanos sean escuchados más allá de los canales tradicionales de comunicación. Conocimos, gracias a las redes sociales, a las y los jóvenes líderes que presidieron el llamado a la apertura, al cambio, a la transición.

El cuestionamiento al poder en el mundo islámico nos impactó en otras latitudes, de la misma forma en la que el poder de internet y las redes sociales nos hicieron observar un cambio irreversible en nuestro mundo: su capacidad detonadora, transformadora. Nos enamoramos de la posibilidad del mensaje liberador, cuestionador, señalador del poder absoluto y de las dictaduras. Fue la herramienta de la denuncia, de la visibilización de lo invisible, de la voz fuerte ante el silencio.

Si en 1990 CNN nos acercó a la realidad de la Guerra del Golfo Pérsico y nos hizo observarla desde nuestros televisores de manera ininterrumpida, Twitter y Facebook nos permitieron vivir los levantamientos minuto a minuto desde nuestros celulares y computadoras, conocer las caras de las y los jóvenes que denunciaban lo que pasaba a cada instante y nos permitieron conectarnos con quienes estaban tomando parte en el proceso y detonando el cambio. Podíamos interactuar con ellos desde Twitter sin la necesidad de que los medios de comunicación nos informasen y podíamos cotejar la información oficial con la que aparecía en los feeds de nuestras pantallas y computadoras. La vivimos en vivo y en directo. Fue nuestra. Nos sentimos parte del proceso porque lo conocimos casi sin intermediarios.

Se le dijo Primavera Árabe porque, aparentemente, iniciaba un ciclo que prometía la cosecha de una nueva realidad en la que se pensaba que la democracia se impondría como forma de gobierno y las personas que vivían oprimidas transitarían a una realidad de igualdad y mejores condiciones. El resultado, como sabemos, no fue así. Se instauraron regímenes autoritarios en la mayoría de los países, los grupos islamistas más conservadores llegaron al poder y jóvenes mujeres y hombres que participaron en el proceso tuiteando y usando sus blogs como herramientas de expresión y denuncia tuvieron que huir de sus países o terminaron desaparecidos o en las cárceles. El caso más extremo es Siria, en donde más de la mitad de la población ha perdido su hogar y la migración a los países vecinos es la constante, Bachar al Asad no ha dejado el poder y su ejército sigue peleando contra su propio pueblo.

Nos enamoramos de internet y lo imaginamos, o quisimos imaginarle, como la herramienta de la liberación. El tiempo nos ha enseñado que es eso, un espacio y una herramienta por la que transitamos las personas con nuestros prejuicios, creencias, límites, visión del mundo y nuestras propias fronteras mentales. Ni más ni menos.

Transitamos en menos de diez años de la Primavera Árabe al invierno global, en donde internet nos ha acercado a lo que sucede en otras latitudes y nos permite comunicarnos las veinticuatro horas del día los siete días de la semana, con otras personas y enterarnos hasta de lo que no nos interesa.

Se ha convertido, también, en un campo de batalla en donde se juegan muchos juegos a la vez: la guerra electoral, la manipulación, se transmiten el odio, la xenofobia, la discriminación, el racismo, la violencia de género. Se ha puesto en juego la seguridad de las personas y se usa internet para ejercer la violencia off line, para cometer crímenes, para exhibir la privacidad de las personas, para controlarlas, para intervenir en procesos internos de otros países, para manipular a la población. Nuestra visión del mundo y esperanza en la palabra “libertad” “freedom” expresada en tuits hace menos de diez años parece profundamente ingenua frente a Cambridge Analytics, a las noticias falsas, a la propagación de verdades a medias o francas mentiras difundidas desde el poder, al cuadrilátero cotidiano en el que se han convertido las redes sociales, a la propagación de los insultos por encima de las ideas; al adjetivo en lugar de la conversación.

Evidentemente no es internet, no es el medio a quien debemos señalar como responsable. Es justamente eso, la herramienta que ahora hemos decidido usar como arma para señalarnos, separarnos, vivir la ficción de la paz cuando tenemos actitud de sociedades en guerra, temerosas de lo diverso, para señalar a la oposición desde el poder, para construir ejércitos de desinformación. Le hemos dado poder para establecer los márgenes de nuestra vida, le hemos dado el tiempo que antes pasábamos mirándonos a los ojos y que ahora pasamos sentados juntos sin dirigirnos la palabra, pero envíandonos emojis por el Whats App llenos de besos y caritas que expresan en la pantalla lo que no nos atrevemos a expresar directamente.

Hemos sido nosotros como sociedad quienes impulsamos este paso acelerado de la primavera al invierno sin darnos tiempo para vivir el verano o el otoño. Nos toca a nosotros como sociedad dar un giro de tuerca a esta realidad que nos divide y aleja, y en donde usamos como pretexto internet y las redes sociales para propagar nuestra propia confusión, ignorancia, prejuicios, filias y fobias.

Estamos en el invierno global de nuestra narrativa. ¿Será que podremos llegar a otra primavera o vamos a prolongar esta estación más de lo necesario?

¿Qué piensan?

@LaClau

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