La veterinaria, su esposo, la mamá y la cachorra - Animal Político
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Animatrix
Por Claudia Calvin
Náufraga reincidente de internet, bloguera empedernida, defensora de los animales, aficionada a ... Náufraga reincidente de internet, bloguera empedernida, defensora de los animales, aficionada a la fotografía y aprendiz de empresaria. ¿Temas de interés? Política, relaciones internacionales, equidad de género, TICs, coaching y lo que a su dispersa alma se le ocurra. El lado formal: Licenciada en Relaciones Internacionales, Maestra en Periodismo Internacional y Doctora en Ciencias Sociales con especialización en Ciencia Política, catedrática, exfuncionaria pública. Fundadora de Mujeres Construyendo (www.mujeresconstruyendo.com) y exdirectora general del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (COMEXI). . Twitter: @LaClau (Leer más)
La veterinaria, su esposo, la mamá y la cachorra
Por Claudia Calvin
15 de junio, 2011
Comparte

He tenido algunas semanas para pensar si publicaba este texto y mi conclusión final ha sido que sí. El silencio siempre resulta el mejor cómplice de los abusos y mantenerme callada era una manera de aceptar el abuso del que mis perras y yo fuimos objeto.

 

Les cuento nuestra historia.

 

En marzo pasado dos perritas llegaron a mi vida: madre y cachorra. La primera con un nivel de desnutrición impactante -al punto que era fácil acomodar un dedo entre sus costillas-  y con la cadera rota -posiblemente fruto de una patada o de un atropellamiento. La segunda, la única bebé que quedaba de su camada, muy tímida y temerosa, pequeña y con una inmensa barriga llena de lombrices.

 

Las traje a la Ciudad de México, en donde un veterinario, el Dr. Noé, amigo de la Dra. Josefina -veterinaria que atiende a mis gatos- las recibió en pensión y empezó un tratamiento cuidadoso para sacarlas del estado en el que se encontraban. Para sorpresa de todos, Gretel, la mamá, tenía -además de lo que he comentado- un tumor común en las perritas de la calle transmisible por vía sexual, que debía ser atendido a través de quimioterapia. Esperamos que la pequeña tuviera más fuerza para iniciar el procedimiento un par de semanas después.

 

El Dr. Noé y la Dra. Josefina hicieron un trabajo extraordinario. La recuperación de Gretel y de Kiki fue sorprendente y, al poco tiempo, las perritas se encontraban en un proceso muy sano, de cuidados, cariño y atención.

 

La historia hubiera sido una más de rescate de animalitos en desgracia si hubiera quedado hasta aquí, pero el 17 de abril, sin que yo lo supiera, los dueños del consultorio veterinario en el que estaban pensionadas, Pet Factor, se las llevaron sin avisarme absolutamente nada. El lunes 18 recibí una llamada de la Dra. Josefina diciéndome que mis perras no estaban en la clínica y que los dueños de la misma no querían decirle nada ni a ella ni al Dr. Noé.

 

No quiero hacer  la historia larga en detalles. Diré simplemente que hablé con la MVZ Paola Cuevas Pérez (cédula profesional 3811167), dueña de la clínica junto con su esposo, el Sr. Juan Antonio García Sánchez, y me dijo que no me preocupara, que las perras estaban bien y que me las llevaría cuando yo quisiera. Enfatizó que era una doctora con mucha ética  y preocupada por el bienestar de los animales y que la salud de mis perras era lo que más le preocupaba. Le dije que quería que me las llevara en ese preciso momento o que yo iba por ellas y no quiso decirme en donde estaban “porque no había alguien que pudiera entregármelas”, que quedaba muy lejos, pero que ella me hablaría más tarde debido a que tenía dos o tres cirugías que atender y que después vería mi asunto. Debo mencionar que en las semanas que estuve yendo a ver a las perritas, prácticamente a diario, nunca la vi a ella y al Sr. García lo ví justamente el fin de semana anterior al secuestro (pues no fue otra cosa más que eso).

 

Pasaron las horas y yo no recibía llamada alguna ni sabía el paradero de Gretel y Kiki. Conseguí el teléfono del Sr. García y hablé con él. Fue amable, debo decirlo, pero esa amabilidad en ese contexto deja mucho que pensar. Me dijo una letanía de cosas sobre el Dr. Noé, que francamente no eran de mi interés y que eran asuntos que ellos debían resolver después de 8 años de relación laboral. Logré convencerlo de que me diera la dirección en donde se encontraban mis perritas para irlas a ver y cerciorarme de su estado de salud. Debo decir, que además del hecho, mi preocupación aumentaba conforme pasaban las horas pues le tocaba otra quimioterapia a Gretel y quien sabe de estos asuntos podrá decirles lo importante que es la puntualidad y seguimiento de estos casos. Me hizo darle mi palabra de que no me las llevaría. ¿No me puedo llevar a mis perras? No, “eran la única herramienta que tenían él y su esposa para obligar al Dr. Noé a renunciar”.

 

Fui a verlas, dando mi palabra, pues necesitaba cerciorarme de su estado. Al llegar a su otra “clínica” de nombre “Temazcan” en Tlalnepantla, la MVZ Cuevas no estaba y sus ayudantes “tenían instrucciones de no dejarme tocar ni sacar a las perras”.  Un querido amigo me acompañó –cómo se lo agradezco-  y hubiera querido llevármelas en ese preciso momento. Ahora sé que hubiera podido llegar con una patrulla y llévarmelas, levantar un acta, en fin, hacer diversas cosas. En ese momento no tuve la cabeza y mi objetivo era uno: saber que estaban bien y ver en dónde se encontraban.  Le hablé al Sr. García para que le diera instrucciones a sus empleados y finalmente, me dejaron sacarlas de sus kennels y jugar con ellas. Estaban asustadas y mi presencia las tranquilizó. Sus asistentes se pararon en la puerta como si fuera yo la delincuente y fuera a salir corriendo cargando a las mascotas. Finalmente llegó la responsable y comprometida doctora, a quién le pedí me extendiera un documento en el que se comprometía a entregármelas al día siguiente como me había prometido su esposo. Lo hizo a regañadientes, después de hablar por teléfono un rato con él y dudando mucho. Me despedí de las perras con el corazón hecho un nudo. Ya sabía en donde estaban, pero ¿estarían allí al día siguiente? Dos personas que son capaces de usar a unos animales indefensos para presionar a una persona con la que tenían una relación de ocho años para obtener su renuncia, ¿mantendrían su palabra?

 

El esposo de la señora quedó de hablarme más tarde para decirme a qué hora podría ir por ellas, una vez que hablara con el Dr. Noé para que le firmara la renuncia en el momento en que me las entregara. La llamada llegó después de las once de la noche. Podía ir por ellas a las tres de la tarde del día siguiente.

 

Llegué un rato antes de la hora establecida, junto con una sobrina, por ellas. El Dr. Noé estaba profundamente apenado, mis perras metidas en uno de los locales de Temazcan y en cuanto me vieron se pusieron a ladrar y a aullar. La MVZ Cuevas estaba operando a un perro, a la vista de todo el que pasara por su local, sin puerta alguna de por medio, sin aislamiento ni condiciones de  higiene. Uno de los ayudantes que el día anterior  me  vigilaba estaba ahí, vestido como el día previo, sin guantes, tapabocas ni bata ni lo que uno espera u observa en otros consultorios veterinarios mientras se realiza una intervención quirúrgica. La doctora salió corriendo a la farmacia de la esquina a comprar algo que necesitaba y regresó a concluir su procedimiento. Me pidió que no me acercara a Gretel y a Kiki “porque las alteraba mucho”. Seguro era mi presencia lo que las alteraba, no el secuestro ni el trato.

 

El Sr. García llegó tarde, nos hizo esperar un poco (no recuerdo el tiempo exacto, pero para mí fue una eternidad) y no quería darme a las perras hasta que revisara los expedientes financieros y la contabilidad del Dr. Noé y no sé que infinidad de cosas. Palabras fueron y vinieron de mi parte, entre otras, “a mí no me importan ni conciernen sus asuntos, déme a mis animales”. Finalmente, me las dieron, supongo que los ladridos y aullidos de las perras y la cara de fastidio de los tenderos de los otros locales al escucharlas hacer tanto ruido, los convencieron de hacerlo.

 

Los kennels de las perras estaban completamente sucios, no creo que las sacaran a caminar ni a hacer sus necesidades (y si lo hicieron, justo en ese momento ellas los ensuciaron). Les pedí que me dieran un periódico para limpiar aquello y su respuesta fue de la misma calidad moral y altura de miras, en congruencia total con el comportamiento demostrado:  “se nos acabó el periódico”. A duras penas y con muy mala cara, los asistentes, nos ayudaron a cargarlas hasta el coche.

 

Un par de meses después puedo decir que estas criaturas están en excelente estado. El tumor de Gretel desapareció y Kiki está enorme. Ambas sanas, cariñosas y felices. Le estoy muy agradecida al Dr. Noé y a la Dra. Josefina porque fueron las acciones y cuidados que ellos les dieron los que garantizaron el punto de partida de la recuperación de estas perritas.

 

A la Sra. Paola Cuevas Pérez y al Sr. Juan Antonio García Sánchez les deseo, simplemente, que reciban lo que dan, ni más ni menos. Espero, también, que esto sirva para que otras personas tomen precauciones al momento de llevar a sus mascotas a una  pensión, y que por favor, NO las lleven jamás a las clínicas de estos señores.

 

Pet Factor. Consultorio Veterinario. Norte 13 #230. Col. Moctezuma, 2ª sección. CP. 15530, México D.F.

Temazcan. Calle 8 de Boulevard a Querétaro No. 8, Local 5 y 10. Viveros del Valle, Tlalnepantla.

 

Nota. No he puesto los apellidos del Dr. Noé y la Dra. Josefina por una razón: ellos cuidaron y sacaron adelante a las perras. No veo necesidad alguna de involucrarlos más allá de esto.

 

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Comparte
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.