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Animatrix
Por Claudia Calvin
Náufraga reincidente de internet, bloguera empedernida, defensora de los animales, aficionada a ... Náufraga reincidente de internet, bloguera empedernida, defensora de los animales, aficionada a la fotografía y aprendiz de empresaria. ¿Temas de interés? Política, relaciones internacionales, equidad de género, TICs, coaching y lo que a su dispersa alma se le ocurra. El lado formal: Licenciada en Relaciones Internacionales, Maestra en Periodismo Internacional y Doctora en Ciencias Sociales con especialización en Ciencia Política, catedrática, exfuncionaria pública. Fundadora de Mujeres Construyendo (www.mujeresconstruyendo.com) y exdirectora general del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (COMEXI). . Twitter: @LaClau (Leer más)
Leer Lolita en Afganistán
Lo que tienen en común los talibanes y el gobierno islámico es el lugar de irrelevancia en el que quieren colocar a las mujeres. Se trata de dos caras más de las muchas que tiene el patriarcado en la historia y en el mundo. Las mujeres en Afganistán han sido sometidas históricamente a nombre de la Sharia.
Por Claudia Calvin
7 de septiembre, 2021
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Cuando las noticias nos informaron hace semanas que los talibanes estarían al frente del gobierno en Afganistán, las primeras imágenes que vinieron a mi cabeza fueron las de las mujeres en el país y no pude evitar volver a sentir esa patada en la boca del estómago que me generó la lectura del libro de Azar Nafisi, Reading Lolita in Teheran (Leer Lolita en Teherán), cuando lo leí hace años.

La autora enseñaba literatura inglesa en la Universidad de Teherán, la Universidad Libre Islámica (Free Islamic University) y la Universidad de Allameh Tabatabai en Irán. En 1997 la corrieron de la Universidad de Teherán por negarse a usar velo y ese mismo año se fue a Estados Unidos.

Nafisi narra lo que implicó la llegada del Ayatollah Khomeini a Irán, sobre todo para las mujeres. Una de las primeras acciones que hizo su gobierno fue separar a las mujeres de los hombres en las escuelas y las universidades. Esta imagen narrada por la profesora se me ha quedado grabada en la cabeza. Me pregunté hace algunas semanas cuándo sucedería esto en Afganistán, a pesar de que los voceros del gobierno Talibán dijeron que respetarían los derechos de las mujeres, siempre en el marco de la Sharia o Ley Islámica. Hoy en la mañana leo en la red que al reabrir las universidades en el país, las autoridades han puesto cortinas para separar a las mujeres de los hombres en las aulas.

Una vez más, esa trágica e irónica manera que tiene la historia de repetirse y que tenemos los seres humanos por repetirla gracias al olvido y la ignorancia.

Cuenta la profesora Azar que el siguiente paso fue prohibir la lectura de los clásicos de la literatura universal y cualquier cosa que sonara “occidental”. Es en este punto en el que inicia la historia que cuenta. Su gran acto de subversión, y empoderamiento fue invitar a algunas de sus alumnas a su casa de manera secreta para leer los textos prohibidos que podrían haberle costado la vida a ella y a sus pupilas: Lolita de Nabokov, El gran Gatsby de F.Scott Fitzgerald, Daisy Miller de Henry James y Orgullo y prejuicio de Jane Austen. No sólo leían, se atrevían a soltarse -literalmente-  el pelo y a quitarse las vestimentas oscuras obligadas y quedarse en jeans. Entre las palabras de los textos y el análisis de los mismos narra el endurecimiento paulatino del régimen, la guerra contra Iraq, el estado policial y la manera en que ella misma y las mujeres se van “haciendo invisibles” para sobrevivir.

No pasó mucho tiempo antes de que las leyes obligaran a las mujeres no sólo a cubrirse la cabeza sino a cambiar por completo su vestimenta y a tener que usar chadores negros y mascadas. Las mujeres se resistieron y la única forma en la que la ley podía hacerse cumplir era por la fuerza. En los espacios públicos, en los lugares de trabajo y en las tiendas estaba prohibido venderle cualquier producto a una mujer que no estuviera cubierta por completo. El castigo para quienes no quisieran obedecer eran una multa, setenta y seis latigazos y cárcel en muchos casos. Después aparecieron los escuadrones de la moralidad, hombres y mujeres armados en patrullas de Toyota, recorriendo las calles para asegurarse de que se cumpliera la ley.

En uno de los párrafos que más me impactó, Nafisi cuenta que empezó a sentir miedo de verdad y a inventar juegos mentales para sobrevivir. Su obsesión por el velo, el cual nunca quiso, la llevó a ponerse prendas increíblemente anchas para evitar cualquier suspicacia o acusación y hacerse invisible: que no se insinuaran ni las manos, ni los muslos, ni los senos, ni el estómago. nada… que pareciera que no tenía nada, que no era nada, que no existía. Se imaginaba como una pieza de tela en movimiento, su cuerpo no la detenía, la prenda tenía vida propia. Cuando la corrieron de la universidad comenta que conversó con sus amistades y les dijo que se había convertido en un ser completamente irrelevante. No podía ser maestra, trabajar, educar, ser lo que siempre había sido. Los libros, leídos de manera privada y prohibida, eran su salvación.

Comparado con el trato de los talibanes a las mujeres, el trato del gobierno islámico a las mujeres en Irán fue “muy abierto”.

Lo que tienen en común ambos regímenes es el lugar de irrelevancia en el que quieren colocar a las mujeres. Se trata de dos caras más de las muchas que tiene el patriarcado en la historia y en el mundo. Las mujeres en Afganistán han sido sometidas históricamente a nombre de la Sharia.

Cuando tuvo lugar la invasión soviética en Afganistán  y se vivió la Guerra (1978-1989), una de las tácticas soviéticas fue educar a las mujeres, sobre todo en las zonas rurales, para que se levantaran contra el gobierno. Esto no arraigó profundamente por las prácticas y religión en las regiones del país. Con la invasión de Estados Unidos en el 2001, las mujeres jugaron un papel central en la estrategia de reconstrucción promovida por ellos. El efecto ha sido doble: por un lado, las mujeres que tienen educación, que se han fortalecido y tienen voz son vistas como “occidentales” e infieles por el gobierno en turno, lo cual las pone en posición de doble y triple vulnerabilidad; por el otro, son una fuerza de cambio y  transformación que hay que apoyar.

Hoy, en 2021, existen liderazgos importantes de las mujeres afganas. Están las voces de Kamila Sidiqi, Wazhma Frog, Nargis Nehan, Nilofar Sakhi, Sahraa Karimi, por mencionar a algunas. El gran desafío es que su presencia, voz, avance y visión igualitaria prevalezca y no sea silenciada por el gobierno Talibán. Como dice la experta Vanessa Rivera de la Fuente, una de las maneras de apoyarlas es haciéndolas visibles. Hay que nombrarlas. Hay que reconocerlas.

Se  les he tratado de invisibilizar alejándolas del espacio público y del mundo académico. Que las palabras les sean ajenas. (Bueno, en esto el Talibán no tiene el monopolio, hay que decirlo. A lo largo de la historia, la educación de las mujeres ha sido motivo de lucha en todos los países y ante diversas instituciones, empezando por la Iglesia Católica, pero eso es tema de otro texto).

Apostemos por la vida, la voz y la palabra de las mujeres afganas.

Que las lecciones de Leer Lolita en Teherán nos sirvan para no repetir la historia en Afganistán.

#MujeresAfganas

@LaClau

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