Hasta pronto Maestro Carlos Muñoz Izquierdo - Animal Político
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Aprender es mi derecho
Por Mexicanos Primero
Mexicanos Primero es una iniciativa ciudadana integrada por activistas con diversas experiencias,... Mexicanos Primero es una iniciativa ciudadana integrada por activistas con diversas experiencias, formaciones e historias, unidxs a favor de una causa: promover y defender el derecho a aprender de todas las niñas, niños y jóvenes en México, así como el de sus maestrxs. Buscamos contribuir a la construcción de una sociedad incluyente y justa en la cual cada persona puede llegar a ser la mejor versión de sí misma, convencidxs de que la vía principal para desarrollar esa sociedad es la educación. Como unidad de investigación aplicada, realizamos estudios y desarrollamos propuestas para fortalecer la política educativa y activar a la sociedad a favor de la educación en México. (Leer más)
Hasta pronto Maestro Carlos Muñoz Izquierdo
"No existe fatalismo que nos impida mejorar", decía el maestro Carlos Muñoz Izquierdo, recientemente fallecido y quien dedicó su vida a trabajar por mejorar la educación. Por ello recurrentemente hacía suyas las palabras de Benjamín Bloom y Jerome Bruner: “Cualquier persona puede adquirir un aprendizaje deseado, en cualquier momento de su vida, si se le proporcionan las condiciones necesarias para lograrlo. Esto significa que todos los alumnos pueden adquirir cualquier conocimiento, o desarrollar cualquier competencia, si se le sabe enseñar".
Por Mexicanos Primero
14 de noviembre, 2014
Comparte

Por: Manuel Bravo (@manubravo26)

 

“Nadie es alguien, un solo hombre inmortal es todos los hombres”.

Jorge Luis Borges (El Inmortal)

 

 

Cuando pienso en la figura de Carlos Muñoz Izquierdo me vibra el corazón. Brotan en mi mente innumerables ideas, emociones y momentos de alegría. Me quedaré en mis adentros con las más personales y compartiré las que creo pueden resultar de interés público.

Don Carlos, como solíamos decirle, conformó junto con Pablo Latapí, Manuel Ulloa y Sylvia Schmelkes el grupo de los pioneros de la investigación educativa en México.

Se me ocurren diversas formas para introducir concretamente a Don Carlos. Ninguna le hace justicia, ninguna me basta, pero me gustaría empezar por la más importante: el hombre que tuve el placer de conocer y del cual podemos aprender.

Un hombre sabio y congruente. Se conversaba sabroso con Don Carlos, pues tenía la capacidad de escuchar y dialogar, dos valores que cada vez parecen más escasos en nuestra sociedad. Su cubículo se distinguía porque siempre invitaba a la charla. Abierto de par en par, recibía alumnos, colegas, autoridades y periodistas. Lo que podía convertirse en una consulta puntual, resultaba en una conversación de horas.

De trato era un hombre sencillo y caballeroso. Aborrecía la parafernalia y huía del reflector. No soportaba los desplantes de soberbia de algunos colegas del medio educativo. Melómano, disfrutaba de la ópera y de la música clásica como pocos. Alegre, diariamente te contaba un chiste de su columnista favorito: Catón.

Como investigador nos deja muchas lecciones a los que luchamos por mejorar la educación. Le dolía México. ¡Pobre país! Me decía con coraje algunas mañanas. Sin embargo, ese dolor lo canalizaba dedicando su tiempo y talento a los grupos más olvidados. Difícilmente rechazó una oferta para colaborar en proyectos a los que se le invitaba. Cada que le llamaban para pedirle apoyo -con o sin promesa económica- la aceptaba sin condiciones.

En sus inicios, fue de los primeros en alzar la voz con artículos periodísticos para desmentir los datos o conclusiones oficiales. Esto le costó llamadas de varios secretarios de educación, pero a él le despreocupaba porque sabía que la razón ética estaba de su lado y que su independencia para decir lo que pensaba no estaba en venta. Por eso nunca le gustó la figura de consultor, sino la de académico.

Para cerrar esta parte, compartiré algo que me asombraba. Cada inicio de proyecto averiguaba del tema como si fuera el más ignorante de todos, aún cuando fuera considerado el experto. Sus ganas por aprender me maravillaban. En sus inicios de investigador tenía que recurrir a bibliotecas con datos insuficientes y desfasados. La llegada de la computadora, de internet y de google eran algo que Don Carlos no podía dar crédito y ¡vaya que supo exprimirlos! Dice Gabriel Zaid que “heurística es el arte de buscar” y Don Carlos realmente era un artista. Nunca olvidaré cuando a los setenta y tantos decidió cambiar de PC a Mac porque le parecía buena idea aprender a usar un aparato que usaban los más jóvenes, y se dio la oportunidad de que lo tutoráramos y aprendió.

Se quedaba hasta tarde en la oficina, leía ágilmente infinidad de artículos del proyecto en cuestión y reflexionaba sobre los autores, buscando lo que él denominaba “la carnita del documento”. Después iniciaba la magia. Con lo que aprendió en su búsqueda, hilaba las teorías, hallaba conexiones significativas, rebotaba sus ideas con otros, buscaba a su amigo Rolando para realizar corridas matemáticas e iniciaba el juego de dardos de hipótesis, hasta dar con el blanco. Era divertido, emocionante y desafiante vivir con él este proceso.

De acuerdo con el INIDE de la IBERO, su casa intelectual, cuenta con una producción científica compuesta por 19 libros publicados, 72 capítulos de libros, 79 artículos en revistas científicas y 41 reportes técnicos. Investigador Emérito del INIDE con el Nivel III, el más alto del Sistema Nacional de Investigadores y Premio Nacional de Ciencias y Artes 2012, el máximo galardón al que aspira un académico, entre muchos otros. Esto es en números, pero ahora me gustaría hablarles de su obra.

Entrega del Premio de Ciencias 2012

Entrega del Premio de Ciencias 2012

Navegó en los terrenos del aprovechamiento académico, la educación de adultos y en las actitudes, valores y habilidades cognitivas de los egresados de las universidades. Sus inmersiones más profundas fueron en la calidad educativa, la equidad (rezago educativo), las decisiones políticas correctas (políticas públicas) y la economía de la educación. Su trabajo recurrió con frecuencia a las obras de sociólogos, especialistas en administración, economía y a la psicología educativa. Toda su obra, desde un ánimo propositivo.

Dice Octavio Paz en su Obra poética que una obra, si lo es de veras, no es sino la terca reiteración de dos o tres obsesiones. Me gustaría compartir las obsesiones que -en mi opinión- condujeron la obra de Muñoz Izquierdo.

Una de sus obsesiones fue la equidad. Don Carlos fue quien asumió la antorcha de la equidad, y contagió esa llama a muchos de sus alumnos que hoy tenemos el gusto de llevarla en nuestros diversos espacios profesionales. Para Don Carlos, la equidad no era un término académico, era una causa de vida por la cual luchó. Mostró con estudios, con números, con argumentos, con teorías, con imaginación y con creativas metáforas que existen oportunidades marcadamente distintas para aprender y terminar sus estudios entre los diversos sectores sociales en México.

Otra obsesión fue la esperanza de una educación de calidad. En sus palabras: “No existe fatalismo que nos impida mejorar”. Don Carlos tenía esperanza en las personas: en los maestros, en los niños, en las escuelas y algunos días, en los tomadores de decisión. Don Carlos tenía muchas mañanas como la de Ernesto Sabato en su libro La resistencia: “con una esperanza demencial, momentos en los que siento que las posibilidades de una vida más humana están al alcance de nuestras manos. Éste es uno de esos días”. Descansando en teorías, miraba la educación como un poderoso instrumento del cambio social.

Contrario a muchos académicos que insisten en asignar un porcentaje mínimo a las escuelas para mejorar el aprendizaje, Don Carlos refutaba con claridad que este grupo de intelectuales estaba calculando mal. Reconocía los factores ajenos a la escuela como la pobreza, el trabajo infantil y la precariedad en salud y alimentación, sin embargo, planteaba que estas afirmaciones omitían que una cantidad importante de las escuelas no estaban orientadas a garantizar el derecho a la educación. Sostuvo que el sistema educativo detona barreras endógenas y ajenas al contexto que sí pueden remediarse. Por ello, puso acento en la preparación de los maestros y en que los procesos debían adecuarse a la situación, características y posibilidades de cada estudiante. Situación que no sucede y que no es contemplada suficientemente en los sofisticados cálculos de muchos académicos, pero sobre todo en la política educativa.

Muñoz Izquierdo fue un férreo defensor de la relevancia y la pertinencia, atributos de una educación de calidad. Relevancia entendida como los fines y valores que consideran deseables los grupos a los que va dirigida. Pertinencia, entendida como los contenidos y métodos, los cuales deben partir de las condiciones, posibilidades y aspiraciones culturales de las comunidades.

Por ello, en sus intervenciones públicas solía recuperar a Benjamín Bloom y Jerome Bruner, afirmando que: “Cualquier persona puede adquirir un aprendizaje deseado, en cualquier momento de su vida, si se le proporcionan las condiciones necesarias para lograrlo. En pocas palabras, -afirmaba- esto significa que todos los alumnos pueden adquirir cualquier conocimiento, o desarrollar cualquier competencia, si se le sabe enseñar”.

La obra de Don Carlos es tan extensa como técnica y rigurosa. Sin embargo, al recibir en 2010 el Honoris Causa del Sistema de Universidades Jesuitas, nos invita a los jóvenes a no basar nuestro trabajo únicamente en el análisis racional. Más importante aún –nos dijo- a realizarlo desde “la empatía que debe despertar en nosotros la situación en que se encuentran los millones de mexicanos, que están esperando respuestas inspiradas en el humanismo”. Ésta es su tercera obsesión, despertarnos la inquietud por mirar con empatía a los otros.

Su partida nos duele, pero pienso que podemos mirar su vida como una huella de alegría para todos. Me imagino a Don Carlos zarpando de este puerto con un emotivo aplauso y él con una gran sonrisa, pues fue un hombre que disfrutó su vida dedicada al mejoramiento de la educación en México. Una famosa frase de Bernardo de Chartres dice que: “somos enanos encaramados a hombros de gigantes. De esta manera, vemos más y más lejos que ellos, no porque nuestra vista sea más aguda sino porque ellos nos sostienen en el aire y nos elevan con toda su altura gigantesca”. Don Carlos supo mirar más lejos reconociendo los hombros de sus gigantes y él se hizo un gigante que contribuyó a elevarnos la mirada.

El mejor homenaje que podemos hacerle todos es orientar nuestros esfuerzos por un país más equitativo. Así lo haremos desde organizaciones como Mexicanos Primero.

Hoy que enviaré este pequeño homenaje, comenzaré más tarde una nueva actividad. En ella, y en cada desafiante investigación lo buscaré, y ahí nos encontraremos, conversaremos distinto, pero sé que allí estará. Porque Usted Maestro, con sus consejos, su actitud cariñosa, su generosidad, sus enseñanzas, su placer por pensar, en fin, con su vida, se ha ganado un espacio en la tierra de los inmortales.

 

* Manuel Bravo es investigador educativo

 

 

@Mexicanos1o

 

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Comparte
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.