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Invertir más y mejor: experiencias con ENLACE y PLANEA
Se puede invertir más y mejor en becas, infraestructura y libros, aumento de salarios y pago de funcionarios, pero la pregunta clave seguirá siendo: ¿y las niñas y los niños aprenden?
Por Carlos González Seemann
3 de marzo, 2020
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¿Hay que invertir para saber si lo que hacemos funciona? Sí. A pesar de que puede ser visto como un “gasto”, se justifica con creces si los resultados nos dan evidencia para invertir mejor. En lugar de (mal) gastar dinero en políticas o programas bien intencionados pero desenfocados, una evaluación sirve para ajustar el esfuerzo a lo que mejor cumple el propósito. Para eso sirven las evaluaciones del aprendizaje: se puede invertir más y mejor en becas, infraestructura y libros, aumento de salarios y pago de funcionarios, pero la pregunta clave seguirá siendo: ¿y las niñas y los niños aprenden?

La reciente visita de Andreas Schleicher, coordinador del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes (PISA, por sus siglas en inglés), lleva a preguntarnos: ¿se deben retomar las evaluaciones censales del aprendizaje? No se sabe si recuperaremos la representatividad estatal de PISA, suspendida desde 2012. Por ello, aumenta la importancia de fortalecer el diseño del Plan Nacional para la Evaluación de los Aprendizajes (PLANEA). El momento es propicio, de acuerdo con el propio Programa Anual de Actividades 2020 presentado por la Comisión Nacional para la Mejora Continua de la Educación (MEJOREDU), se hará la revisión técnica y metodológica que permita conocer los alcances, limitaciones y las recomendaciones sobre PLANEA.

Estudios recientes han demostrado la importancia estratégica de contar con evaluaciones de cada niña, niño y joven (NNJ) para hacer seguimiento y apoyar a quienes más lo necesitan o del valor predictivo para el bienestar futuro que tiene la prueba (De Hoyos, González y Seira, 2020). Un cambio desafortunado en la política federal llevó al cambio de ENLACE por PLANEA. En lugar de resolver los problemas ligados a la inflación de sus resultados o su asociación con incentivos económicos, es importante conocer: ¿qué tan oneroso -o no- fue dejar de realizar una prueba de carácter censal como ENLACE, respecto de una prueba muestral de diseño matricial como PLANEA?

Entre las ficciones favoritas de exconsejeros o exfuncionarios, está el típico cuento del presupuesto y el falso debate sobre lo costoso que pudiera ser un diagnóstico de cada estudiante, en lugar de un constructo estadístico. Para dirimir la cuestión con evidencia deberíamos saber cuánto ha invertido nuestro país en la evaluación del aprendizaje en las últimas décadas.

ENLACE Básica, implementado de 2006 a 2013 y ENLACE Media Superior, de 2008 a 2014, se aplicaron a cada estudiante de todas las primarias y secundarias, públicas y privadas de tercero de primaria a tercero de secundaria y el último grado de media superior, es decir, a un total de ocho grados. Las excepciones fueron las y los alumnos de Michoacán, Oaxaca, Guerrero y Chiapas que la dirigencia de la Coordinadora aisló en diversos periodos.

En 2015, las pruebas PLANEA reemplazaron a ENLACE con tres modalidades, de las cuales hoy sólo se conserva una: PLANEA Escuelas -antes ELCE-, administrada por la Secretaría de Educación Pública (SEP) en centros escolares. Las pruebas PLANEA ELCE seleccionaron muestras de estudiantes en escuelas con más de 35 estudiantes del grado a evaluar, es decir, que el derecho al diagnóstico y la intervención focalizada solo se hizo efectivo para algunos, en lugar de para cada niña, niño y joven.

La gráfica 1 muestra el histórico del gasto por año en las evaluaciones ENLACE y PLANEA. De 2006 a 2013, ENLACE costó alrededor de 311 millones de pesos cada año (251 mdp de en valor constante de 2005) y PLANEA de 2015 a 2018, aproximadamente 243 mdp cada año (154 mdp en valor constante de 2005). Es decir, reemplazar una prueba censal como ENLACE con una muestral como PLANEA, generó un “ahorro” del orden de 100 mdp a valor constante de 2005.

Gráfico 1. Gasto en evaluaciones ENLACE y PLANEA 2006-20181

 

Fuente: Elaboración propia con base en solicitudes de información: 0001100305219, 0001100115019 y 1132300006019.

Aunque en el primer año de aplicación, 2006, el gasto de ENLACE fue relativamente bajo, los siguientes años se caracterizaron por un nivel de gasto estable. Por el contrario, PLANEA tuvo un arranque relativamente costoso, lo que en ningún año subsecuente se mantuvo. La caída abrupta en 2016 refleja la mayor variación sustancial: casi un tercio de lo programado en el año anterior, producto de recortes ordenados la SEP. Aunado a ello, PLANEA fue objeto de ajustes que desvirtuaron su diseño original, como el cambio del marco general de referencia, la falta de cumplimiento con el calendario establecido y las constantes intromisiones de la SEP en el órgano autónomo encargado de su aplicación, el desaparecido INEE. Es decir, se gastó menos pero se tiene un diagnóstico parchado del aprendizaje, sólo para algunos estudiantes.

Aunque la aplicación de pruebas censales de logro de aprendizaje para diversos grados podría parecer algo que solamente ocurre en países como Canadá, Japón, Corea, Polonia, Singapur y algunas regiones de China (NCEE, 2014), hay evidencia de que países como Chile y Colombia también lo han hecho para la educación secundaria, gastando para ello 0.17% del presupuesto correspondiente a este nivel educativo. En México, tomando como referencia los 131 mil mdp del gasto ejercido en educación básica y media superior de los ramos 11 (educación pública) y 42 (INEE) para el año 2018, el gasto en evaluaciones de aprendizaje (278 mdp) representó únicamente el 0.21% del total del monto ejercido para ese año. Por cada millón de pesos gastados en estos ramos (11 y 42), gastamos poco más de 2,000 pesos en evaluaciones del aprendizaje.

Seguir promedios da algunas luces; seguir personas asegura sus derechos. Imaginemos: ¿qué pasaría si no hubiese cartillas de desarrollo de las niñas y niños pequeños, entregadas a cada familia independientemente del centro de salud, del pediatra o enfermera que hace la medición del desarrollo? Con promedios nacionales o datos por centro de salud no se puede canalizar una atención especializada, si hay necesidad; la familia no puede involucrarse como protagonista para garantizar el derecho de sus hijas e hijos, sino sólo como “beneficiaria” de un servicio a cargo del Estado. No pasa en salud, pero lo vemos normal en educación. ¿Cuesta más un seguimiento individualizado que hacer un muestreo de clínicas? Sí, pero la diferencia para lo que sigue como responsabilidad de los adultos es enorme: con muestras, sólo hay compromisos políticos pálidos y genéricos; con datos de trayectoria individual, los derechos son exigibles y justiciables.

Tenemos que exigir a MEJOREDU y a las autoridades educativas estatales que, además de estudiar y ya concretar las opciones de evaluación del aprendizaje a nivel nacional, se tomen precauciones y acciones para que todas las entidades de la República participen en PISA 2021. Ello implica una erogación en conjunto de 16 mdp en 2020 y de aproximadamente 192 mdp en 2021. Recuperar PISA estatal y PLANEA censal, así como su continuidad en el tiempo nos daría evidencia sólida y complementaria entre sí para la transformación educativa de México, para salirnos de los anuncios millonarios de la SEP sobre becas e infraestructura, sin responder: “¿Y aprenden?”.

Necesitamos invertir más y mejor, además de replantear las prioridades del gasto. Es indispensable transitar hacia políticas que garanticen lo establecido en el artículo tercero, el cumplimiento del derecho a la educación de niñas y niños con evaluaciones que nos permitan conocer la película completa de sus trayectorias. Ya es hora de que México cuente con una política de evaluación transexenal para y del aprendizaje que se traduzca en diagnósticos personalizados, que sirva para orientar los trayectos formativos de docentes y activar la participación de las familias, así como su uso integral en las decisiones educativas. Para dejar las ocurrencias y retomar la evidencia del logro de los aprendizajes, debemos dejar atrás las preferencias subjetivas de los funcionarios y responder cómo aprenden, quiénes aprenden y qué aprenden las niñas, niños y jóvenes mexicanos.

* Carlos González Seemann (@carlosglez21) es investigador de @Mexicanos1o.

 

1 Para el análisis se tomo en cuenta ENLACE y PLANEA Media Superior, así como la versión PLANEA diagnóstica censal.

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