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Mexicanos Primero es una iniciativa ciudadana integrada por activistas con diversas experiencias,... Mexicanos Primero es una iniciativa ciudadana integrada por activistas con diversas experiencias, formaciones e historias, unidxs a favor de una causa: promover y defender el derecho a aprender de todas las niñas, niños y jóvenes en México, así como el de sus maestrxs. Buscamos contribuir a la construcción de una sociedad incluyente y justa en la cual cada persona puede llegar a ser la mejor versión de sí misma, convencidxs de que la vía principal para desarrollar esa sociedad es la educación. Como unidad de investigación aplicada, realizamos estudios y desarrollamos propuestas para fortalecer la política educativa y activar a la sociedad a favor de la educación en México. (Leer más)
Los olvidados
El 8 de junio se anunció que se vacunaría a personas con discapacidad, calculadas para el grupo poblacional de 16 a 39 años en más de 4 millones de personas. Pero nunca se dijo cuándo, ni cómo, y hasta hoy este grupo sigue esperando.
Por Luz Romano
13 de julio, 2021
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Ayer se anunció el inicio del registro para la vacunación de personas de 18 a 29 años, pero sin fecha clara para que sean inmunizados contra COVID. A pesar de los esfuerzos del gobierno por traer la vacuna para la población en general, para las personas con discapacidad no hubo ningún tipo de contemplación; sólo promesas que han quedado en el aire, y esto podría ocasionar que -en el caso de las y los estudiantes- el anhelado regreso en agosto a la escuela no sea una realidad.

De acuerdo con información difundida por organizaciones como Yo También y por este mismo medio de comunicación, el 8 de junio se anunció que se vacunaría a personas con discapacidad, calculadas para el grupo poblacional de 16 a 39 años en 4 millones 440 mil 791 personas según el censo de INEGI 2020. Pero nunca se dijo cuándo, ni cómo, y hasta hoy este grupo sigue esperando. Luego, la autoridad sanitaria anunció que se autorizaba el uso de la vacuna Pfizer para mayores de 12 años, pero tampoco se dijo cuándo.

Las niñas, niños y jóvenes con discapacidad son más vulnerables al contagio: en primera, porque deben estar, en la mayoría de los casos, acompañados de un adulto que les atiende, pues tienen dificultades con el uso del cubre bocas, la sana distancia y el no tocar a otras personas. Por ejemplo, un niño o niña con autismo o discapacidad intelectual tiene la necesidad, por su propia condición, de tocar todo: personas, superficies, texturas, y de meterse constantemente las manos u objetos a la boca.

En segunda, porque algunas discapacidades están relacionadas con padecimientos físicos como enfermedades pulmonares crónicas, afecciones cardiacas graves o un sistema inmunitario debilitado, lo que los pone en riesgo de enfermar gravemente si se contagian de COVID. Sin ir más lejos, pensemos en un pequeño con discapacidad intelectual, autismo no verbal o parálisis cerebral que enferme de COVID y no comprenda lo que le sucede o simplemente no pueda expresar su sentir, que no comprenda por qué está en el hospital, por qué no puede salir de una habitación o comer con el resto de su familia; grave problema para sus cuidadores y ellos mismos. La propia autoridad ha reconocido que las personas con discapacidad tienen mayor vulnerabilidad y por ello el derecho de ser vacunados con prioridad, pero en la práctica no les ofrecen nada.

El mayor miedo de madres y padres de hijos con alguna discapacidad es, ante todo, enfermar ellos y no poder atender a su hijo; y después, que su hijo enferme y deba ser hospitalizado sin poderle asistir. Una amiga que tiene un hijo con discapacidad intelectual me dijo algo que me impactó: “Como sector vulnerable de la población, estamos olvidados y la pandemia vino a demostrar que somos los últimos de la fila. Las personas con discapacidad viven en confinamiento constante, con y sin pandemia”.

De acuerdo con ella y con otras madres, desde la primera etapa de vacunación, cuando llegaron las dosis para la población de 60 y más, la autoridad sanitaria debió contemplar la vacuna para personas con discapacidad y sus cuidadores por el simple hecho de estar a cargo 24 horas, 7 días de la semana, de una persona con discapacidad.

Así, este olvido y abandono ocasionará que niñas y niños con discapacidad no puedan volver a las aulas y que su retroceso en el aprendizaje sea mucho mayor al de sus pares sin discapacidad. ¿Y por qué? Porque las niñas y niños con discapacidad que asisten a los Centros de Atención Múltiple no están contemplados en el regreso en agosto, ya que no están vacunados y su riesgo de contagio es alto; incluso aquellos que tienen mayores habilidades y están integrados a las escuelas llamadas “regulares” sólo podrán asistir si su acompañante terapéutico está vacunado, o si no necesitan acompañante en la escuela. Otra vez, quienes más lo necesitan, son los más olvidados.

Estados Unidos abrió su vacuna a personas con discapacidad de 12 años en adelante, y sus cuidadores fueron considerados trabajadores esenciales en los planes de vacunación, incluidos padres, madres o familiares cercanos. En Ecuador, Argentina y Panamá se priorizó la vacuna a personas con discapacidad; en Perú se vacunó con prelación a personas con Síndrome de Down de 18 años en adelante, y en el Salvador se realizó una campaña para vacunar a las personas con discapacidad en sus propios hogares. ¿Y en México? A pesar de que las autoridades de Salud dijeron que se anunciaría una estrategia para este grupo de personas, hasta ahora no se ha implementado nada concreto.

El encierro en los hogares donde hay discapacidad ha sido sumamente estresante por el miedo al contagio, pero también porque niñas, niños y jóvenes con discapacidad han perdido la oportunidad de dar continuidad a su desarrollo. Si los niños que no tienen alguna discapacidad se enfrentarán a pérdidas de aprendizaje, pensemos lo que será para niñas y niños con discapacidad, quienes de golpe dejaron de ir a los centros de apoyo donde diariamente aprendían y recibían seguimiento a ese aprendizaje.

En pandemia, las madres de familia han sido las responsables principales, y a veces únicas, de mantener y promover el aprendizaje de sus hijas e hijos en casa. En el caso de quienes tienen hijos con discapacidad, la situación se hizo muy grave, pues de Aprende en Casa lo único que recibieron fueron asesorías de media hora para atender a sus hijas e hijos.

Es tiempo de que las autoridades sanitarias y las educativas volteen a ver a las y los olvidados, a las personas con discapacidad y sus familias que tienen miedo a no poder retomar la poca liberad que tienen; es tiempo de que existan programas prioritarios que permitan a las personas con discapacidad ser vacunadas en tiempo y forma. Es tiempo de que las niñas, niños y jóvenes puedan volver a los centros que les atienden, con la seguridad de que están inmunizados ellos y sus cuidadores principales. ¿Es mucho pedir?

* Luz Romano (@LRomanoE) es madre de un adolescente con discapacidad y Directora de Comunicación en @Mexicanos1o.

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