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Los problemas de la crisis emocional y mental en las escuelas
La crisis educativa mundial demanda revisar, cuestionar y construir con la participación de estudiantes, una escuela donde el bienestar emocional esté al centro del debate de la comunidad escolar.
Por Carlos González Seemann
30 de abril, 2022
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En México existe un desconocimiento sobre la profunda problemática de la ansiedad, las emociones y la salud mental de las y los estudiantes, así como sus graves consecuencias futuras. La élite gobernante actual, adultocéntrica y gerontocrática, denota ignorancia, incapacidad y prejuicios sobre cómo enfrentar y atender el problema. La crisis educativa mundial demanda revisar, cuestionar y construir con la participación – y de la mano- de estudiantes, una escuela del futuro que sea diferente, donde el bienestar emocional esté al centro del debate de la comunidad escolar.

Existen múltiples retos que impiden la evolución de las políticas educativas hacia la participación, inclusión y autonomía de decisión de las escuelas. Primero, continúan ignorando la necesidad clave de contar con un presupuesto por escuela, para atender desde la salud mental con especialistas, formación, diagnóstico y tratamiento, hasta tener la capacidad de implementar intervenciones educativas, alimentación y otras actividades definidas de acuerdo a las necesidades, los intereses y la participación de los estudiantes.

Segundo, no hay información pública actualizada, ni datos disponibles que permitan entender el nivel de la emergencia educativa en aprendizajes fundamentales, emociones y salud mental; vamos a ciegas. El tener información sistematizada sobre diversas dimensiones de los estudiantes, a través del tiempo, especialmente sobre el campo emocional y mental, puede ser una de las claves para que la transformación educativa revolucione las escuelas y permita integrar a todos los agentes de la comunidad escolar.

Tercero, México tuvo en 2020 máximos históricos de suicidios en niñas, niños y adolescentes con 1,150 casos. Para estudiantes entre 10 y 14 años aumentó 37%, mientras que para los de 15 a 19 años aumentó 12% (SEGOB, 2021). Se calcula que la depresión y la ansiedad cuestan al mundo alrededor de 1 billón -es decir, un millón de millones- de dólares al año por lo que, de no comenzar a atender este problema, podrían existir consecuencias importantes para las personas que las padecen, sus familias y la sociedad en general. Desde Mexicanos Primero, en colaboración con el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), la Universidad Veracruzana y el Centro de Estudios Educativos y Sociales (CEES), visitamos dos estados en el sur del país.

La primera visita fue en mayo 2021, en la cual entrevistamos a 2,001 estudiantes y la segunda en diciembre 2021, en la cual dimos seguimiento a 1,612 estudiantes. Mediante una muestra representativa de hogares con estudiantes entre 10 y 15 años que asisten a la escuela pública y eran beneficiarios de Prospera en 2019, preguntamos, en ambos levantamientos, un total de 175 interrogantes orientadas a diferentes preguntas de investigación con un enfoque multidisciplinario. Buscamos impulsar la generación de evidencia mediante la investigación Equidad y Regreso, 1 donde les preguntamos directamente a los estudiantes cómo se sentían.

Los primeros resultados sobre los indicios (no clínicos) de depresión revelan que, con sólo abrir las escuelas, a pesar de no contar con una estrategia para atender las emociones y promover la salud mental, los indicios de depresión disminuyeron ligeramente. Para el grupo de edad de 10 y 11 años disminuyó de 14.5% a 9.1%, mientras que para el grupo de 12 a 15 años disminuyó de 21.6% a 14%, por lo que ahora el grupo con mayores indicios de depresión es el de 12 a 15 años. 2

Los datos muestran cierta esperanza, pero no podemos conformarnos con ella, pues encontramos que los estudiantes de nivel primaria disminuyeron en mayor medida los indicios de depresión, en comparación con los estudiantes de secundaria. En primaria disminuyó de 19.1% a 10.3%, mientras que en secundaria la disminución fue de 18% a 14.8%. Lo anterior indica que la apertura de las escuelas ha generado más beneficios para la población más pequeña.

El concepto de ansiedad generalizada se entiende como ansiedad constante y aguda que interfiere en las actividades cotidianas; los síntomas incluyen preocupación constante, inquietud y problemas para concentrarse. Los resultados indican que la ansiedad generalizada está presente en 20 de cada 100 hombres y 15 de cada 100 mujeres. Por otro lado, la ansiedad por separación es un trastorno que provoca que un estudiante experimente ansiedad excesiva al estar separado de sus padres y no pueda pensar en otra cosa que el miedo constante de la separación; quien la padece puede tener pesadillas o malestares físicos regulares y es posible que no quiera ir a la escuela u otros lugares. Tomando en cuenta estás definiciones, los resultados muestran una ligera disminución en hombres, pasando de 62.8% a 59.6% y una ligera alza en mujeres, de 48.7% a 49.6%.

Además, en aquellos hogares donde los estudiantes reportaron que no habían realizado actividades con su familia, la ansiedad por separación subió de 52% a 60%. Lo anterior pone el foco en el involucramiento de las familias en las actividades de la vida escolar de sus hijas e hijos, e implica fortalecer las relaciones, así como garantizar su libre decisión y participación.

En términos de género, organizaciones internacionales han identificado que esta brecha es una de las desigualdades que más ha crecido durante la pandemia. Los datos indican que los mayores indicios de depresión se presentan en las mujeres, siendo alrededor de 15 de cada 100, mientras que en el caso de los hombres sólo es la mitad, esto es, en 9 de cada 100. Aunque con las escuelas abiertas disminuyó el problema, aún está latente.

Estos problemas pueden agudizarse. Un diagnóstico reciente de UNICEF documenta que los servicios de promoción de la salud mental para NNJ no cuentan con los recursos materiales y humanos capacitados: sólo hay 365 psiquiatras dedicados a niñez y adolescencia en todo el país, lo que equivale a una tasa de 0.28 por cada 100 mil habitantes, y tampoco existen programas de formación para proveedores de salud mental para la población en edad escolar (UNICEF, 2020).

Hasta el momento no hay un diagnóstico nacional con información sistemática y periódica sobre el bienestar emocional de los estudiantes en el sistema educativo. Debemos ir más allá de las clásicas competencias de lenguaje y matemáticas, para poner el foco en habilidades sociales y emocionales, así como en la promoción de la salud mental. Es necesario realizar estudios que incluyan datos longitudinales, de manera que permitan estudiar la causalidad y explorar a profundidad un problema que demanda atención, voluntad política y asignación de recursos presupuestarios suficientes para impulsar una política de salud mental con énfasis en la niñez, así como el fortalecimiento de programas de prevención (UNICEF, 2020).

El manejo de las emociones en este regreso es un aspecto clave, por eso la importancia de adoptar e implementar una ruta escuela para la atención socioemocional (Chao, Gras & Saldado, 2021), la cual debe estar acompañada de formación docente y un mayor presupuesto orientado a acciones que permitan atender transversalmente los derechos. Debemos centrar la mirada en los estudiantes: esto incluye bienestar, participación, autonomía, adaptación y resiliencia. Se necesita más y mejor involucramiento de las familias, desde una nueva visión que incluya sus sentimientos, sus emociones y relaciones, en la escuela y en el hogar.

* Carlos González Seemann es investigador en Mexicanos Primero (@Mexicanos1o).

 

1 Se publicará en los próximos meses. Un primer referente de los datos se encuentra en “Estimation of the fundamental learning loss and learning poverty related to COVID-19 pandemic in Mexico”.

2 Datos preliminares.

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