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¿Autonomía para qué?
Por Arena Ciudadana
29 de marzo, 2012
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Por: Alethia Fernández*

 

Hace 250 años la Ilustración revolucionó el ser y el deber ser de la vida humana. Se creyó que la razón era capaz de crear un mundo mejor. Se diseñaron las bases del proyecto que debía guiar a la humanidad: “igualdad, fraternidad y libertad”. El uso de la razón definiría el destino de las personas y se estableció un compromiso para promover la autonomía de los seres humanos; lo que hoy entendemos como la autodeterminación para elegir cómo vivir la propia vida. Este proyecto reconoció los derechos individuales como inalienables, indivisibles e interdependientes; y asumió que al ejercer estos derechos el individuo podría decidir sobre su vida. Sin embargo, después de dos siglos nos preguntamos si realmente somos sujetos de derechos y si el serlo implica tener la capacidad para ser autónomos. ¿Qué es entonces la autonomía? ¿Cómo podemos medirla?

Es urgente reflexionar sobre la autonomía de las personas, especialmente de los niños y jóvenes que viven en un México tan desigual. Un país donde las diferencias entre la calidad de vida de una niña nacida en la Delegación Benito Juárez en el Distrito Federal y la de una niña nacida en el municipio de Cochoapa el Grande en el estado de Guerrero es similar a la diferencia entre vivir en Estados Unidos y Zambia (PNUD, 2008). Las dimensiones básicas del desarrollo humano, tales como las oportunidades esenciales para vivir una vida larga, obtener conocimientos y tener acceso a la generación de ingreso (PNUD, 2007) son abismalmente distintas para una y otra niña. En este sentido, el mayor reto al que nos enfrentamos en un país donde impera la fractura del tejido social es la expansión equitativa de la libertad de las personas (PNUD, 2008). ¿Cómo lograrlo?

La reflexión sobre el desarrollo humano y especialmente la autonomía de las personas debe centrarse en los procesos y en las estructuras sociales que construyen realidades tan diferentes para ambas niñas. Son estructuras de desigualdad social que alteran la percepción que cada una tiene con respecto a su bienestar y a las posibilidades para ejercer su libertad. La percepción limitada de la niña de Cochoapa el Grande afecta su imaginación y deseos. Será muy difícil que logre tomar decisiones que le permitan vivir una vida digna y libre. La ruta a seguir por el Estado mexicano debe ir más allá de garantizar el acceso equitativo a los recursos y centrarse en generar capacidades que permitan hacer un buen uso de éstos para expandir las libertades de las personas.

En este sentido, la autonomía no es sólo la posibilidad de tomar decisiones sobre nuestra vida, sino tener la capacidad de negociar, modificar y establecer los términos de dichas decisiones (Tepichin, 2009). Es un proceso complejo que involucra más que sólo el uso de la razón. Se vincula con poder desarrollar capacidades tales como: cuidar nuestro cuerpo, decidir sobre nuestra vida sexual y reproductiva, sentir, imaginar y pensar informada y educadamente, generar vínculos emocionales, amar, no vivir con miedos ni ansiedades, poder participar en reflexiones críticas de la vida propia, crear redes sociales, sentir compasión, empatía por los demás, convivir con el medio ambiente y jugar, entre otras (Nussbaum, 1999).

Entonces, no se trata únicamente de asignar becas, aumentar el acceso a los servicios de salud o crear programas de discriminación positiva. El reto es diseñar e implementar políticas públicas integrales centradas en modificar las estructuras de desigualdad. Es pensar en formas de expandir equitativamente la calidad de vida de todos los niños y jóvenes de México. Cada política pública vinculada al desarrollo humano debe tener como fin último desarrollar (prioritariamente desde la infancia) capacidades que un futuro nos permitirán ser autónomos y tomar las mejores decisiones sobre nuestra vida. Implica un análisis de los problemas en distintas temporalidades: eventos (hambrunas, deserción escolar, violencia física, embarazos adolescentes), procesos (discriminación, desigualdad de género) y permanencias o procesos de cambio muy lento (corrupción, pobreza). ¡Una tarea compleja y ciertamente urgente!

Si sigues pensando en la realidad de la niña de Cochoapa el Grande, te invito a ver este link: www.girleffect.org

 

* Alethia Fernández es licenciada en Relaciones Internacionales del Tecnológico de Monterrey, maestra en Estudios Europeos por la Universidad de Amsterdam y actualmente estudia el Doctorado en Estudios Humanísticos en el ITESM con estancia en el Colegio de México. Sus áreas de investigación: migración, género y desarrollo humano.

 

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