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Cultura, mucho más que las bellas artes
Por Arena Ciudadana
2 de junio, 2012
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Por: Dulce Colín

 

¿Cuál es el nuevo lugar del Estado en la cultura?, se pregunta Lucina Jiménez en el ejercicio epistolar que realiza con Sabina Berman en el libro Democracia Cultural. Este planteamiento, que tendría que estar presente en la definición de las políticas culturales de nuestro país, se pierde de foco por la dificultad que tienen algunos actores políticos para definir “qué es cultura”, una discusión que, aunque podría parecer ociosa, aún no ha sido superada y resulta ser un indicador que evidencia el discurso de los candidatos en sus propuestas de campaña.

Los prejuicios y encasillamientos a los que se somete a la cultura tienen consecuencias adversas para el desarrollo social, educativo y económico del país. Enaltecemos nuestro rico patrimonio arqueológico pero la marginación social y la discriminación hacia los grupos étnicos se debe en parte al gravísimo desconocimiento que tenemos de ellos. Se invierten millones en la construcción de nueva infraestructura pero proyectos independientes fracasan por no contar con modelos fiscales y de financiamiento acordes con su actividad y propósito.

¿Qué buscamos? Mantener el modelo de un Estado monopólico, un Ogro Filantrópico que defina y oriente las expresiones culturales que deben ser fomentadas, o uno facilitador que establezca las condiciones de libertad de gestión y de financiamiento ideales para la vida cultural.

El ejercicio de evaluación de propuestas que realizó Arena Electoral con la metodología de Gobierno Responsable revela la pobreza en el diagnóstico y la reflexión que hacen la candidata y los candidatos en este tema. Lo primero a destacar, a manera de anécdota si se quiere, es que los siete evaluadores de diferentes disciplinas (un economista, un escritor, un artista con estudios de gestión cultural y académicos) reprobaron todos los proyectos culturales propuestos.

Las conclusiones generales de los evaluadores es que las propuestas que se presentaron en las plataformas electorales son una respuesta vaga y superficial a las exigencias de las comunidad artística, de creadores, gestores, iniciativa privada, audiencias, y de las necesidades de la sociedad civil. Muchas de las propuestas parecen asumir que la cultura tiene que ver sólo con la creación y disfrute de las bellas artes o con la conservación del patrimonio histórico, como si la cultura fuera un elemento de ornato, de recreación o una curiosidad folclórica. Es grave que ninguna plataforma plantee garantizar el derecho del uso de la banda ancha, propuesta que daría cuenta un reconocimiento a la realidad internacional.

En las propuestas de Andrés Manuel López Obrador destacan algunas reformas en la Constitución estancadas desde hace algunos años en el páramo legislativo: la promulgación de una Ley General de Cultura que dé autonomía de gestión y operación y con recursos propios a un órgano rector descentralizado (la lógica indica que ese órgano es Conaculta pero no lo aclara), y la Ley de Mecenazgo. Habla de rediseñar la estructura institucional sobre la que opera la política cultural pero no menciona por qué hacerlo ni cómo sería esta reorganización.

Por su parte, Enrique Peña Nieto, candidato del partido que nos legó un aparato cultural importante, tanto de instituciones como de infraestructura cultural y uno de los fondos de apoyo a la creación más importantes del mundo, presenta como proyecto un listado de propósitos que carecen de acciones concretas y medibles. “La propuesta es viable presupuestal y políticamente dado que no propone cambios significativos a la política cultural que se aplica actualmente”, comenta la doctora Tania Arroyo.

De Josefina Vázquez Mota destacan tres propuestas: facilitar el acceso al crédito a empresas culturales, dar seguridad social a los artistas e integrar la filosofía a los planes de estudio desde la educación básica. La candidata ha reiterado públicamente que un niño que aprende a tocar un instrumento difícilmente tocará un arma, pero habría que recordar cuántas personas han vuelto a tocar la flauta dulce al egresar de la Secundaria. Confunde que en sus propuestas mencione también la necesidad de dar autonomía a Conaculta y, más adelante, plantee la creación de una Secretaría de Cultura sin distinguir atribuciones ni funciones y plantea incrementar el presupuesto por diez cuando los recursos financieros no son importantes por sí solos.

Las propuestas de Gabriel Quadri de la Torre hacen énfasis en el reordenamiento de las instituciones culturales, las cuales fueron consideradas  como inviables a nivel jurídico y político. Los mecanismos de evaluación a funcionarios son un planteamiento de rendición de cuentas interesante pero propone evaluar también el desempeño de museos, teatros y zonas arqueológicas, lo cual puede resultar una trampa si se enfoca sólo en indicadores corporativos.

En conjunto, muchas de las propuestas de quienes aspiran a ocupar la presidencia resultan generalistas, carecen de una estrategia integral y son poco innovadoras. Ninguna plataforma representa un proyecto real que haga un balance entre el reconocimiento de la cultura como sector productivo y su importancia en la construcción de identidad, de diálogo y regenerador de la paz social y que concilie la relación entre la práctica artística con algunos sectores de la población. En todas las plataformas se habla de permitir nuevos esquemas fiscales y de inversión privada en actividades culturales pero ninguno presenta una propuesta de modelo viable y sustentable.

Al no exponer medidas concretas, con una visión intersectorial (la cultura debe ser un elemento transversal que influya en todas las políticas públicas de la agenda nacional), sin mecanismos de evaluación y rendición de cuentas, terminan por convertirse en propósitos que habitan en el lugar común de la retórica. La pregunta que hace Lucina Jiménez aún no tiene respuesta.

 

* Dulce Colín es @dool es periodista por la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Ha colaborado en distintos medios como El Universal, Emeequis, Inside Mexico, Expansión y otros proyectos editoriales. Actualmente hace gestión cultural en Central Art Projects (@centralcenter) y gestiona la relación entre las organizaciones de la sociedad civil y Fundación Ethos para Arena Electoral.

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