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De Safari en Tepito
El barrio bravo es peligroso, no cabe duda. De aquí han salido legendarios cacos y carteristas, de esos de antaño. Aquí se vende piratería y también se vende droga, como sucede en casi todo el DF. Tepito es lo que es, y lo que se dice que es, pero también lo que se calla es Tepito.
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19 de marzo, 2014
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Por: José Manuel Azpiroz (@jmazpiroz

“Súmate a esta aventura. Súbete a una moto abrazado de alguien a quien le importas. Pon tus pies en la casa de un habitante de Tepito y comienza un viaje lleno de intensos encuentros”.

 

Apenas logré escapar del trabajo para llegar puntual a la Iglesia de Santo Domingo, en donde nos citaron para iniciar el recorrido. De todos los participantes, yo era el más formal, el único entacuchado. Pero aunque lo parecía, no iba como interventor de la Secretaría de Gobernación pretendiendo dar fe y legalidad al evento, sino como un curioso más, un chilango dispuesto a vivir una experiencia inolvidable.

Para el público que asiste a este evento, la aventura arranca al sumarse a un escuadrón de motocicletas para recorrer las calles de Tepito. Ese lugar indefinido, que todos sabemos que existe. Pocos saben que Tepito es compartido por las Delegaciones Cuauhtémoc y Venustiano Carranza, que comprende tres distritos electorales, que su corazón está en la colonia Morelos, pero a muchos no nos quedan claras sus dimensiones y sus fronteras. Tepito es un espacio tan común en nuestro imaginario, pero es a la vez tan desconocido.

En moto y a patín visitamos infinidad de lugares emblemáticos del barrio, desde una escuela pública hasta una iglesia, el Centro Deportivo Tepito -conocido popularmente como el Maracaná por su cancha de futbol- y el gimnasio José Huitlacoche Medel, cuna de los más grandes boxeadores del DF. Fuimos también a la casa de La reina del albur en la unidad habitacional La Fortaleza, al Centro de Estudios Tepiteños (existe) y a la casa de El Power, ahí mero en la V. Carranza.

En años recientes se ha criminalizado el barrio de Tepito. “Nos hicieron muy mala fama”, dice la gente del barrio. “¿Rateros? Por supuesto que hay, y muchos… pero también en Las Lomas”, dice Martín Camarillo El Power, uno de los protagonistas de esta historia. “La gente habla de lo malo, pero ¿por qué no habla de lo bueno? De los miles que salimos muy temprano a trabajar, a rifárnosla por nuestra familia. Que no se equivoquen. Aquí la mayoría somos gente trabajadora”, dice otro vecino. “Crea fama y échate a dormir”, pero como bien dicen por ahí, “Tepito existe, porque resiste”.

El barrio bravo es peligroso, no cabe duda. De aquí han salido legendarios cacos y carteristas, de esos de antaño. Aquí se vende piratería y también se vende droga, como sucede en casi todo el DF. Tepito es lo que es, y lo que se dice que es, pero también lo que se calla es Tepito. Tepito es solidario y generoso. Hasta bonito lo ven algunos, como Verónica Hernández, otra protagonista de este Safari. Tepito es pasado prehispánico, es mestizaje, es origen del intercambio. Tepito es mercado, es comercio, es trabajo. El barrio es de lucha y esfuerzo, Tepito es chido. Tepito es orgullo porque es identidad.

Cuatro tremendos actores son protagonistas de esta experiencia teatral: Norma Angélica, Mauricio Isaac, Mónica del Carmen y Raúl Briones, quienes interactúan con cuatro personajes maravillosos del barrio tepiteño, sus “parientes adoptivos”: Lourdes Ruiz La reina del albur, Verónica Hernández, Mayra Valenzuela y Martín Camarillo El Power. No están claras las fronteras entre la ficción y lo real, los actores y los personajes se reflejan mientras se confiesan, lloran, ríen y gritan sus vidas… como cómplices, como familia, como amigos, como auténticos carnales.

Durante cuatro horas que se van como agua, el espectador se adentra al barrio, a la forma de vida de los personajes y a sus historias, comparte el pan y la sal. Va dejando de ser un turista ajeno para convertirse en cómplice. Conforme avanzan los minutos, al miedo, a los prejuicios y a la incertidumbre los van venciendo el descubrimiento, la autenticidad y la confianza.

¿Qué es #SafariTepito? La oportunidad de conocer otra cara de este barrio, la más importante: la de su gente, que como todos, tiene sus cielos luminosos y sus infiernos secretos. La posibilidad de entrar a su casa, a su mundo, a sus frustraciones y a sus más grandes sueños. #SafariTepito es la aventura de conocer al otro, pero también de reconocernos en el otro. Un tianguis de espejos en donde actores profesionales se ven reflejados en personajes del barrio, para contar historias compartidas. De espejos en donde el espectador también se refleja, se cuestiona, se conoce y se reconoce, mirando al otro para mirarse a sí mismo.

Aplaudo esta iniciativa de Daniel Giménez Cacho y El Milagro, que una vez más, quijotescos como siempre, se atreven a hacer algo distinto, a desfacer entuertos nuevos enfrentándose a los molinos de siempre. Basado en el concepto de Wijksafari de la holandesa Adelheid Roosen, #SafariTepito es un proyecto cultural que es más bien social. Un experimento antropológico-sociológico-terapéutico-teatral que es auténticamente transformador.

Bien por la Secretaría de Cultura del DF, y muy bien por los delegados de Cuauhtémoc y Venustiano Carranza, quienes se han comprometido a destinar recursos de prevención para pagar este proyecto. Da gusto ver que el Programa Nacional de Prevención Social de la Violencia y la Delincuencia permite apoyar este tipo de proyectos culturales que son inteligentes y originales. Se agradece que el dinero público sirva para apoyar el talento de los audaces. Proyectos así previenen la violencia porque se invierte en la cohesión, en lo social, en la participación de la comunidad, se apuesta a la solidaridad y al trabajo honesto, cambiando paradigmas, combatiendo estereotipos pero sobre todo, transformando  a las personas.

Les recomiendo que aparten sus boletos en elmilagro y vayan cuanto antes. Podría decirles que porque la primera temporada es corta y quedan muy pocas funciones, o porque ésta es una de las típicas cosas maravillosas que pasan en nuestra Ciudad, y que por ningún motivo pueden darse el lujo de perderse. Podría argumentar que hay que acudir, porque debemos apoyar iniciativas como esta que van más allá, que buscan transformar creando. Les podría asegurar que este tipo de experiencias le sirven mucho a la comunidad, pero le sirven más a quien las mira, porque hay que mirar al otro para mirarnos a nosotros. Todo eso podría yo argumentarles, pero mejor se los digo al estilo Tepito, con una frase llena de contradicciones pero también de perfección: vayan a #SafariTepito porque, simple y sencillamente, está bien pinche chingón.

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