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El Estado Cultural y el legado de un poeta
La muerte del maestro Víctor Sandoval encierra numerosos significados. Uno de ellos es el duelo incesante entre nacionalismo y neoliberalismo; otro, la confrontación (en distintos frentes) entre sus partidarios.
Por Arena Ciudadana
3 de abril, 2013
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Por: Eduardo Cruz Vázquez (@eduardocruzvaes)

Las anécdotas aleccionan, ayudan a comprender, generan especulación, se incrustan en la historia cuya verdad a pocos se revela. Al intentar hacer un repaso del legado de Víctor Sandoval, recordé el entusiasmo con el que tras una larga carrera dentro de la institución, asumió la dirección del INBA. Poco le (nos) duró el gusto. El encontronazo ideológico y generacional lo puso poco después de dos años de gestión en la diplomacia cultural. En España alcanzó a Laura Ramírez, agregada cultural, y quien le acompañara como Subdirectora General de Bellas Artes hasta 1990. Para mayor dotación simbólica, a ambos les tocó la transición de dos embajadores -exiliados por razones similares- Enrique González Pedrero y Jesús Silva Herzog Flores.

Don Víctor operó en 1990, muy a su pesar, la actuación de Juan Gabriel en el Palacio de Bellas Artes. Este hecho marcó su salida del INBA, aunque sin duda otros desencuentros le hicieron desistir no sólo de la merecida titularidad alcanzada; también de proyectarse en un momento dado a la Presidencia del Conaculta. Los caminos del salinismo aún son inescrutables.

Hacia 1993, la visita de Madonna sacudió al Distrito Federal. Un año antes se publicó su estupendo libro Sex, cuya venta fue prohibida en varios países, entre ellos México. Logré hacerme de un ejemplar por mi amiga Abigail García, quien cruzó de Ciudad Juárez a El Paso para adquirirlo. El concierto de Madonna fue tema en el Congreso. Temeroso, el entonces Regente Manuel Camacho no quería otorgar los permisos a los promotores de OCESA, encabezados por Alejandro Soberón. El empresario acudió al Presidente Salinas quien, tras escucharlo, levantó el teléfono rojo y le soltó al Jefe del DDF: “Oye, necesito unos boletos para el concierto de Madonna”. Ejecutivo remedio.

Muchos años después, como candidata al Gobierno del Distrito Federal, Beatriz Paredes se lamentó de la imposibilidad de legislar, tan profundamente como se demandaba, en materia cultural. El obstáculo, dijo en una reunión en la Cámara de Comercio de la Ciudad de México, es la imposibilidad de acuerdo entre el nacionalismo que procreó el PRI y el neoliberalismo que impulsó el PRI. Dos visiones culturales que por igual adoptaron corrientes dominantes del PRD y del PAN. Dos rutas a las que el modelo económico y propiamente de economía cultural trastocaron. Se trata de dos generaciones que desde las reformas iniciadas con De la Madrid no cesan de disputar territorios que atañen a la cultura en el desarrollo. Va de la manera en que se ha venido conformando el cuerpo de servidores públicos que, en los distintos niveles de gobierno, atienden los asuntos culturales, a aquellos que en más de cinco lustros revolcaron los paradigmas del mercado, las prácticas y el consumo cultural. Pasa por la reconfiguración de numerosos actores privados y sociales que dan sentido a un sector cultural que tomó protagonismo. Esos grupos generacionales proyectan la ríspida convivencia del viejo cuño con la nueva marca. Los caminos de la revolución tecnológica y del poder empresarial son inescrutables.

Víctor Sandoval fue una punta de lanza de la intervención del Estado cultural; de un sistema político que diseñó políticas, instituciones y programas. Al lado de muchos otros, puso bases a la profesionalización del promotor cultural, hoy estacionado en la patente de gestor. Es parte de una estirpe convencida del diálogo entre los intelectuales y el poder. Un alentador de libertades en la refriega del sistema dominante al que sirvió. Polémico ante las posiciones sindicales. El poeta esculpió discípulos, unos a conciencia que cada día extienden su huella sobre todo en la función pública, y a otros tantos sin que sepan reconocerlo.

El poeta de Aguascalientes se fue sin ver resueltas las diferencias entre el nacionalismo y el neoliberalismo. El acuerdo se antoja aún lejano. Quizá llegue cuando un nuevo relevo generacional tenga lugar o cuando la partida la hayan ganado, a todas, los segundos.

 

* Eduardo Cruz Vázquez es periodista y Coordinador del Grupo de Reflexión sobre Economía y Cultura de la UAM Xochimilco. Su obra más reciente al lado de Carlos Lara es 1988-2012. Cultura y transición.

 

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