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México entrampado en su política exterior
Por Arena Ciudadana
6 de junio, 2012
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 Por: Javier Berain* (@javierberain)

 “Estos son mis principios. Si no te gustan tengo otros” – Groucho Marx

 

Resulta que México es de los pocos países que han elevado sus principios de política exterior a nivel constitucional. Normalmente tomaríamos esto como algo bueno, el problema es que estos principios son opacados por doctrinas propias del siglo XX.  Me explico.

Los siguientes principios son los expresados en el artículo 89, fracc. X constitucional: la autodeterminación de los pueblos; la no intervención; la solución pacífica de controversias; la proscripción de la amenaza o el uso de la fuerza en las relaciones internacionales; la igualdad jurídica de los Estados; la protección y promoción de los derechos humanos, la cooperación internacional para el desarrollo; y la lucha por la paz y la seguridad internacionales.

México debe posicionarse como un actor regional de peso y sin embargo la doctrina de política exterior heredada del priismo del siglo XX nos tiene maniatados. Tomemos el ejemplo cubano. Gracias a la Doctrina Díaz Ordaz mantuvimos relaciones diplomáticas con Cuba tras la Revolución; sin embargo, no rompimos lazos diplomáticos por principio sino, según lo ha explicado Mario Ojeda, por una estrategia entre el sistema de partido único en México y la necesidad cubana de crear aliados para sí en una región que le daba cada vez más la espalda. México legitimaba a Cuba y Cuba a su vez se comprometía a no apoyar movimientos de izquierda en México. Algo que sin duda hizo a lo largo y ancho de América Latina y en algún momento hasta en África. Sin duda esto fue tolerado por Estados Unidos, se necesitaba evitar movimientos de izquierda al sur de la frontera y un canal de comunicación con la isla a través de México no estaba de más.

Pero la Guerra Fría ha terminado y el sistema de partido único en México ha implosionado. Es hora de que México asuma su lugar en la región. El problema es que cuando se debe promover el respeto a los derechos humanos no podemos hacerlo como potencia porque existe el principio de no intervención. Cuando vemos violaciones y matanzas en Siria ni siquiera retiramos nuestro cuerpo diplomático invocando a Díaz Ordaz (sí, leyeron bien, el de la matanza del 68). Cuando en lugar de apoyar un referéndum para que los habitantes de Las Malvinas en su libre ejercicio de autodeterminación se pronuncien sobre a quién pertenecer y en lugar de eso apoyamos ciegamente a Argentina. Cuando no pujamos por reconocer a países como Kosovo, Palestina o Taiwán pero sí al Vaticano. Cuando nos lavamos las manos de mandar militares mexicanos a Misiones de Paz de las Naciones Unidas aduciendo la no intromisión y nos quedamos inertes ante pueblos desolados.

México tiene que modernizar su política exterior y entender que las bases que heredó del siglo XX son precisamente eso, del siglo XX y no del actual. Tiene que exigir democracia en Cuba y el levantamiento del embargo americano. Tiene que denunciar a China, Cuba y a Arabia Saudita en el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, así como denunciar el secuestro del Consejo de Seguridad por los cinco países con poder de veto.

Sin duda estos principios surgieron de manera legítima en el siglo pasado por eventos de los que fuimos víctimas en el siglo XIX, pero hay que dejar morir la visión decimonónica si queremos algún día llegar como país a nuestro máximo potencial.

 

* Javier Berain estudia Relaciones Internacionales en el ITESM campus Santa Fe, trabajó en el área de coordinación política de la Secretaría de Relaciones Exteriores y  forma parte del staff de Arena Electoral.

 

 

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