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Reforma financiera, ¿una reforma más?
¿Qué implica la reforma para los consumidores? A corto plazo, nada. A largo plazo tal vez implique más créditos y menores tasas de interés, si el sistema financiero se vuelve más dinámico.
Por Arena Ciudadana
15 de mayo, 2013
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Por: Pablo Cabada (@cabudasan)

Novecientas veintisiete páginas, treinta y cuatro leyes a cambiarse, trece iniciativas: la Reforma Financiera. Sin duda un documento pensado para articularse junto con los programas bandera de la administración de Peña Nieto. ¿Qué pretende? ¿Importará lo suficiente para llamar a un periodo extraordinario de sesiones en el Congreso de la Unión? La primer respuesta puede ser sencilla: impulsar el crecimiento del país. Sí, también el objetivo de las reformas anteriores ha sido el comenzar a sacar del atolladero a México un crecimiento del 1% del PIB en promedio en treinta años es a lo que llamo atolladero.

Para ser breves, podríamos resumir la reforma en cuatro puntos, de los cuales vale la pena hacer un análisis más a fondo -sobre todo al nuevo marco regulatorio. Pero, para no alargar la explicación los cuatro puntos son:

1.- La Condusef tendrá más herramientas para proteger a los consumidores, por ejemplo: obtener una tarjeta de crédito no estará sujeta a contratar un seguro o cobros que la Condusef piense atentan contra el bienestar del consumidor, podrán ser retirados de los contratos.

2.- Un marco institucional y regulatorio más sólido: mayor competencia y fuentes de financiamiento junto con menores costos en los servicios bancarios. No sólo los bancos sabrán quién y cuánto debe, los consumidores tendrán información sobre cómo presta y cómo cobra un banco.

3.- Los créditos serán más baratos: la competencia que se genere con el nuevo marco regulatorio abaratará los créditos y los bancos tendrán más herramientas para asegurar la recuperación del capital invertido, se disminuyen los riesgos y costos del crédito.

4.- La Banca de Desarrollo ya no sólo funcionará como garantía de préstamos, sino volverá a su papel de prestamista a proyectos sociales. Con esto se busca hacer de ella el motor del desarrollo de México, algo ya estaba estipulado en su mandato pero que no había terminado de cuajar.

Entonces, ¿más crédito equivale a un mayor crecimiento? Sin duda. La falta de créditos a proyectos productivos es un problema en cualquier economía, pues el gobierno con su banca de desarrollo no puede cubrir todos los préstamos necesarios para echar a andar todas las empresas. Es la banca privada quien juega un papel fundamental en el impulso a nuevas empresas a través de créditos a proyectos productivos. Los datos son contundentes: la banca privada chilena presta cuatro veces más que la mexicana (comparando respecto al PIB), teniendo un crecimiento en su producción mayor al promedio mexicano.

No es que el crédito no exista, o no haya dinero disponible para las empresas que lo necesiten. El problema: las altas tasas que tienen que pagar los empresarios y consumidores. No por nada el principal cliente de los créditos de los bancos en México es el gobierno, ya sea el federal, estatal o municipal.

¿Importa como para un periodo extraordinario? Sí, lo más probable es que lo haya. Lo importante es demostrar que los vaivenes de la política no afectan el flamante instrumento del Gobierno Federal: el Pacto por México. Lo interesante será el cabildeo de las instituciones bancarias pues no hay duda que México, con sus altas tasas de interés y altos cobros por servicios bancarios, es un gran mercado del cual no querrán deshacerse con tanta facilidad -aun cuando se les den más herramientas para el cobro de morosidades.

Si la reforma se aprueba, se deberá hacer un análisis del sistema financiero con el cual los usuarios de la banca de créditos -y en particular la Condusef- dispondrán de más y mejor información, un punto fundamental para fomentar la competencia entre bancos y a mediano plazo, muy probablemente, comenzarán a verse disminuciones en las tasas de interés. Es decir, las tasas no bajarán de un día para otro, no por decreto, sino por la competencia dentro de un mercado más transparente.

Claro, esto será a cambio de más instrumentos por parte de los bancos para evitar los impagos de los usuarios. Pero la morosidad en el país no es tan alta con los instrumentes existentes ¿para qué aumentar el control de los bancos? La razón podría ser simple: darles seguridad adicional a cambio de incentivar el otorgamiento de más préstamos. Un sencillo juego de ganar-ganar, ¿pero quién más?

Al final el titular de la Secretaría de Hacienda pudo presentar su reforma financiera. Los vaivenes de la política: los partidos de nuevo unidos por el pacto y la aparente capacidad negociadora del presidente Peña Nieto. Pero, ¿qué implica la reforma para los consumidores? Al corto plazo, nada. A largo plazo tal vez implique más créditos y menores tasas de interés, si el sistema financiero se vuelve más dinámico, y con esto una economía más dinámica -siempre y cuando el tipo de cambio se mantenga estable y la inflación promedio continúe a tasas bajas.

¿Será una reforma más dentro de las hasta ahora aprobadas por el Congreso de la Unión y las que vienen el siguiente periodo? O será la que realmente comience a activar la economía mexicana, la que le dé un giro a la economía de las pequeñas y medianas empresas. Todo, me parece, estará en la negociación en los congresos y en el desempeño del país en los próximos años. No me atrevería a dar números como el gobernador del Banco de México.

 

* Pablo Cabada es egresado de las licenciaturas en Economía y Ciencia Política del Instituto Tecnológico Autónomo de México. Actualmente trabaja en el Senado de la República como Asesor Legislativo.

 

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