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Arrancones en Neutral
Por Arturo Franco
Arturo es un economista, autor y emprendedor mexicano. Es cofundador de Causas.org, vicepresident... Arturo es un economista, autor y emprendedor mexicano. Es cofundador de Causas.org, vicepresidente del consejo directivo de la Harvard Kennedy School, y profesor de cátedra en el Tecnológico de Monterrey. Ha trabajado para el Banco Mundial, el Foro Económico Mundial y el Centro para el Desarrollo Internacional. (Leer más)
Como Bueyes Sin Carreta
Por Arturo Franco
20 de marzo, 2012
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Hace muchos años cuando tuve que tomar la decisión de que carrera profesional estudiar, me enfrente a lo que en ese entonces parecía el mayor dilema de mi vida. Tenía 18 años y había conseguido una beca que me daba la oportunidad de entrar a una prestigiosa Universidad en el país, un sueño que muchos jóvenes de mi edad y mi condición social no iban a ver cumplido. Pero incluso reconociendo el enorme privilegio que tenía, no me sentía listo para decidir mi “futuro” en ese momento. La educación superior en México exige una especialización muy prematura, y es una experiencia muy diferente a la que se vive en otros países, donde se tiende a ser más generalista.

En fin, tenía que decidir en cuestión de algunas semanas y no sabía por donde empezar. Por ejemplo, recuerdo que me apasionaba el mundo de las ideas, de la psicología y la filosofía, pero también me atraía mucho la creatividad de la arquitectura y el diseño. Era bueno en matemáticas y ciencias, aunque no me veía como físico nuclear o biólogo marino, más bien, siempre me vi a mi mismo (en una especie de proyección heroica) siendo médico y salvando vidas. No tenía mucha claridad ni enfoque.

Un buen día, buscando “respuestas” en la biblioteca de mi escuela preparatoria, encontré al azar un pequeño libro de Jesus Silva Herzog (el primero) escrito en 1967 llamado “A un joven economista Mexicano” que me presento una visión de mi posible futuro contenida en una frase: los economistas son arquitectos de naciones.  Además, según recuerdo, el pequeño libro no solamente destacaba los posibles buenos usos de la ciencia económica, también advertía sobre posibles malos usos para aquellos que a través de su estudio y dominio llegasen a posiciones de poder.

No lo pensé dos veces. Había encontrado la manera de hacer compatibles todos mis intereses: entender, descubrir, construir y ayudar a mi país a gran escala. Para no echarles mentiras, y como nunca más he encontrado una copia física de ese libro, lo único que puedo compartirles es la siguiente narración de la socióloga Sarah Babb, en su Proyecto: México. Los economistas del nacionalismo al neoliberalismo:

“A finales de los años sesenta, uno de los padres fundadores del primer programa de economía de México publicó un delgado volumen. El mensaje de Jesús Silva Herzog estaba dirigido en particular al creciente número de economistas mexicanos que se graduaban en universidades extranjeras. Como ex funcionario del gobierno, economista autodidacta y «socialista» –como se describía a sí mismo–, Silva Herzog advertía contra la fácil aplicación de teorías ajenas a las complejas realidades locales. No se debe aplicar servilmente la teoría elaborada en los grandes centros del capitalismo , escribió. Toda adaptación teórica debe hacerse después de un cuidadoso trabajo analítico, con los pies bien hundidos en la propia tierra y con clara visión de las necesidades primarias y las legítimas aspiraciones del pueblo.”

¿Hicieron caso a estos consejos los economistas mexicanos?

Durante las últimas décadas en nuestro país, economistas graduados principalmente de Harvard, Yale, el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), la Universidad de Chicago y la Universidad de Pennsylvania, han dominado las políticas publicas y la academia. Estos jóvenes economistas para quienes Silva Herzog había dedicado su manuscrito, y los muchos que les siguieron, parecen haber perdido esos “pies bien hundidos” de los que hablaba el abuelo de @jshm00.

Basta escuchar unos minutos del más reciente debate entre los asesores económicos de los candidatos presidenciales, para darnos cuenta de ello. En la discusión faltaron todos los elementos que Silva Herzog hubiera exigido a las personas que aspiran a tomar las riendas de nuestra economía: humildad, pasión, sensibilidad y conciencia social. El único que demostró una visión más o menos aterrizada fue el empresario regiomontano Fernando Turner, cuando dijo que “la receta está equivocada y están poniendo la carreta enfrente de los bueyes” refiriéndose al daño que los economistas le han hecho al país. Y por supuesto, Turner no es economista.

Y entonces ¿dónde quedaron esos arquitectos de naciones?

La semana pasada fui invitado a la Universidad de Cambridge, en Inglaterra, la casa de John Maynard Keynes, a participar en un pequeño Foro con un tema muy interesante, “El Futuro del Capitalismo Global.”  Sin embargo, gran parte de la discusión no fue sobre las distintas corrientes del pensamiento económico, ni sobre la crisis del capitalismo moderno, sino mucho más fundamental: la crisis misma de la ciencia económica. Entre profesores y estudiosos de muchas de las Universidades previamente mencionadas,  llegamos a una triste conclusión: la economía, como ciencia y profesión, ha perdido su cauce.

A quince años de haber decidido ser economista, me sentí por primera vez, completamente fuera de lugar. ¿Somos los economistas como bueyes sin carreta? Me preguntaba. Curiosamente, la respuesta me llegó de una manera muy similar a la experiencia que les conté antes. Saliendo del evento, y antes de tomar el tren de regreso a Londres, me encontré, en una de esas librerías de las que quedan muy pocas, con un pequeño libro de 1926 escrito por el mismo Keynes llamado El Fin del Laissez-Faire. Las ideas de Keynes son filosóficamente impecables, pero además, muy aplicables a la realidad actual.

La idea de una armonía divina entre beneficio privado y el bien público ya existía. Pero fueron los economistas que dieron la idea de una base científica. Ahora debemos suponer que por la acción de leyes naturales, individuos que persiguen sus propios intereses iluminados, en condición de plena libertad, siempre tienden a promover el interés general, al mismo tiempo! – escribió Keynes, sarcásticamente, en una especie de crítica a las premisas del Capitalismo. Y después concluyó:

La confusión del pensamiento y el sentimiento lleva a la confusión de la palabra… Nuestro problema es diseñar una organización social que sea lo más eficiente posible sin ofender nuestra noción de un modo de vida satisfactorio. El siguiente paso debe venir, no de la agitación política o de experimentos prematuros, sino del pensamiento.

A los jóvenes economistas mexicanos, los que están hoy comenzando sus carreras, les tengo una buena noticia. Con un sistema económico global en crisis, y un país como México en donde casi todo también esta en crisis, existe una enorme necesidad de grandes y buenas ideas. Estudien economía, pero no se olviden de Silva Herzog, ni de Keynes.

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