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Por Arturo Franco
Arturo es un economista, autor y emprendedor mexicano. Es cofundador de Causas.org, vicepresident... Arturo es un economista, autor y emprendedor mexicano. Es cofundador de Causas.org, vicepresidente del consejo directivo de la Harvard Kennedy School, y profesor de cátedra en el Tecnológico de Monterrey. Ha trabajado para el Banco Mundial, el Foro Económico Mundial y el Centro para el Desarrollo Internacional. (Leer más)
Creatividad no es innovación
Si queremos como país lograr adaptarnos a los fuertes cambios tecnológicos y a las nuevas oportunidades que se presentan hoy en día a nivel global, tenemos que ir más allá del ingenio.
Por Arturo Franco
5 de abril, 2016
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Algunos de ustedes, los que nacieron antes del internet y de Google, seguramente se acuerdan de las famosas monografías. (Para los Millenials, una monografía es como Wikipedia de la prehistoria).

Una de las monografías que más recuerdo es esta, de Guillermo González Camarena. ¿Se acuerdan?

Guillermo González Camarena

González Camarena es un reconocido inventor mexicano que en 1940 desarrolló un sistema bicolor simplificado que podía transmitir imágenes a color a través de la televisión. En otras palabras, creó la televisión a color.

Además de la tele de Camarena, existen un par de inventos “mexicanos” más que la gente conoce: La píldora anticonceptiva, inventada en 1951 por Luis Ernesto Miramontes, y el foco para producir la luz de incandescencia, inventado y perfeccionado por un ilustre físico nacido en México de nombre Tomás Alva Edison.

Pero fuera de estos tres creadores –que datan de más de medio siglo– y algunos otros más recientes como el Dr. Mario Molina, existen muy pocos ejemplos de descubrimientos o inventos nacidos en México que hayan transformado al mundo.

Los límites del “ingenio” mexicano

Ayer pregunté en mi página de Facebook¿Cuál es la diferencia entre “ser creativo” y “ser innovador”? Y ¿que es lo más “creativo” que han visto en México recientemente?

Después de varias respuestas que variaban entre el taco “Donald Trump” (uno de mucha lengua y un poco de sesos) y una APP que traduce el español al zapoteco, un usuario contestó: “No hay más ingenio que el de los mexicanos, todo lo arreglamos, para todo tenemos solución, nada se nos complica”.

Y definitivamente tenemos, como pueblo, un enorme acervo de creatividad, de ingenio y de energía inventiva. Para muestra, solo basta ver la enorme cantidad de “memes” que surgen semana tras semana y después de cualquier evento noticioso.

Pero si queremos como país lograr adaptarnos a los fuertes cambios tecnológicos y a las nuevas oportunidades que se presentan hoy en día a nivel global, tenemos que ir más allá del ingenio.

Para prosperar, México debe ir más allá de sus materias primas, recursos naturales y mano de obra barata, y empezar a construir una verdadera economía del conocimiento. Y esto solo se logra con verdadera innovación… del tipo de Camarena, Miramontes y Alva Edison.

En otras palabras, ser creativo, ingenioso, ocurrente o incluso inventivo, no es lo mismo que ser innovador. 

Para entender la diferencia entre creatividad e innovación, México puede tomar ejemplos de otras latitudes en el mundo. Israel, por ejemplo, es un país con menos del 10 por ciento del tamaño de la población mexicana, que consigue atraer más de $2,000 millones en capital de riesgo anualmente, y produce un 600 por ciento más patentes que México.

Además de tener el mayor número de empresas enlistadas en el NASDAQ fuera de Norteamérica y el mayor nivel de capital de riesgo como proporción del PIB a nivel global, es también líder en innovación. Israel goza del gasto más elevado del planeta en investigación y desarrollo, con un 4.3 por ciento de su PIB de acuerdo a la OCDE. El país produce el mayor número de patentes –alrededor de 14,000 en 2014, comparado con 2,700 en México. El Índice de Innovación Global de Bloomberg de 2015 colocó a Israel entre los cinco países más innovadores del mundo.

¿Cuál es la receta para evolucionar de una nación de creadores a una nación de innovadores?

Según el libro Start-Up Nation, que documenta el ascenso de Israel como una nación innovadora, la fórmula es bastante simple: una fuerte vinculación entre universidades, investigadores, grandes firmas y empresas, atracción de talentos de todas partes del mundo, un ecosistema de capital de riesgo, y un sólido financiamiento gubernamental para la investigación y el desarrollo.

Este martes se publica un informe que escribí para el Centro Adrienne Arsht para América Latina –parte del Consejo Atlantico, uno de los think-tanks más respetados del mundo– que hace un análisis de las políticas del sector público y privado que facilitarían la innovación en el país.

Y es que, aunque ciertamente muchos innovadores, inversionistas y emprendedores empiezan a beneficiarse de las reformas de la actual administración, entre ellas las reformas de los sectores financieros, salud, y telecomunicaciones, las historias personales de algunos de los más reconocidos innovadores mexicanos –que también forman parte del reporte– nos muestran que todavía existen grandes retos.

“Los mexicanos vienen ya con el ‘chip’ para crear,” afirma Marcus Dantus, CEO de Start-up México, en el reporte mencionado. “El problema es que rara vez se convierten en innovaciones reales, en grandes empresas”.

Portada informe Arturo Franco

“El proceso de convertir una idea en algo por lo que  los clientes  estén dispuestos a pagar,” explica Pablo Salazar, Socio Director de Nxtp.Labs (el fondo de aceleración y fase inicial más activo de Latinoamérica), “así es como definimos la innovación desde un punto de vista de financiamiento”.

Y entonces, ¿qué necesitamos en México para pasar de un país creativo a uno innovador?

El reporte incluye recomendaciones concretas de políticas y prácticas para que los múltiples actores que interactúan en el ámbito de la innovación puedan aprovechar los beneficios de una economía de conocimiento:

  1.   Alinear la investigación públicacon las necesidades empresariales.
  2.   Mejorar la coordinaciónentre las distintas fuentes de financiamiento de investigación y desarrollo.
  3.   Enseñar y enfatizar más efectivamentelas habilidades requeridas para distintos tipos de innovación.
  4.   Encontrar nuevas formas de movilizar el financiamiento privadopara la innovación e incrementar la generación de patentes.
  5.   Desarrollar un modelode transferencia de tecnología más eficiente.

Así, para apoyar plenamente esta transición de una economía del siglo pasado hacia una del siglo XXI, el país tendrá que acelerar las políticas que sincronicen los sectores público y privado para generar mayor conocimiento productivo.

Creando innovaciones genuinas, y de alto impacto, México podrá seguir avanzando en la cadena de valores y convertirse en un destino de inversión nacional y extranjera de alta tecnología.

 

@arturofranco

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