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Arrancones en Neutral
Por Arturo Franco
Arturo es un economista, autor y emprendedor mexicano. Es cofundador de Causas.org, vicepresident... Arturo es un economista, autor y emprendedor mexicano. Es cofundador de Causas.org, vicepresidente del consejo directivo de la Harvard Kennedy School, y profesor de cátedra en el Tecnológico de Monterrey. Ha trabajado para el Banco Mundial, el Foro Económico Mundial y el Centro para el Desarrollo Internacional. (Leer más)
México: ¿Medalla de Bronce en Felicidad?
Por Arturo Franco
27 de febrero, 2012
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Los economistas y politólogos, a diferencia de otros científicos sociales, por lo general mantienen una sana distancia ante cualquier tipo de evaluación subjetiva del desarrollo humano. La tendencia, más bien, ha sido enfocarse en variables objetivas, como el crecimiento económico y material,  la reducción de la pobreza y  una amplia gama de indicadores que son tomados como medidas de bienestar.

Por eso, cuando salen a la luz estudios y reportes que miden, o dicen medir, cosas como la felicidad o la satisfacción de vida de personas y países, así como la más reciente encuesta de Ipsos publicada antier por The Economist, no tardan mucho en surgir las críticas y trivializaciones, visibles en los comentarios al final de la nota. Pero muy pocos en realidad se han tomado el tiempo de verdaderamente estudiar el fenómeno de la felicidad.

A primera vista, el resultado de esta encuesta podría ser difícil de creer…

Lo primero que resalta el artículo es que, pese al pesimismo económico global, el mundo es un lugar más feliz de lo que era antes de la crisis financiera. Además, los cuatro países más felices del mundo, de acuerdo al estudio son todos países en desarrollo con ingresos per capita bastante mediocres. Para rematar, entre otras curiosidades, tres de los BRIC están entre los primeros diez más contentos, con la excepción de Rusia que sale hasta el final de la lista y Estados Unidos, el país más democrático del mundo, se encuentra a un puesto de su opuesto, Arabia Saudita.

Y si todo esto no fuera suficiente para descartar el reporte por completo, como pueden ver en la gráfica, México se lleva el 3er lugar. De hecho, el porcentaje de mexicanos que respondieron “muy contento” (la clasificación más alta) creció diez puntos en México desde 2007.

Y, entonces ¿por qué estoy escribiendo una entrada de blog sobre un reporte tan ridículo? ¿Y ustedes por qué están leyendo un blog ridículo sobre un reporte ridículo?

Mi razón es simple. Hace algunos años me puse a estudiar un poco sobre el tema de la interacción entre la felicidad agregada y el ingreso de los países (aquí les paso lo que escribí en ese entonces sobre el tema, por si les interesa algo más técnico), y creo que hay algo interesante que podemos rescatar de los resultados de esta encuesta, para entender la naturaleza de nuestro país y nuestros compatriotas.

La Paradoja entre Felicidad y Desarrollo

Mientras la mayoría de los modelos económicos modernos asumen que los ingresos y la utilidad se mueven de forma paralela, muchos estudios muestran que los niveles de ingresos son, en cierto momento dentro del desarrollo de los países, inversamente proporcionales a la felicidad. Por muchas décadas en Estados Unidos, por ejemplo, los niveles de bienestar subjetivo han venido cayendo dramáticamente. Este fenómeno se explica más o menos así:

Al crecer materialmente una sociedad, y pasar más allá de la satisfacción de necesidades básicas, también tienden a subir las horas promedio dedicadas al trabajo y se reduce el tiempo de ocio (oséa, de disfrute). Poco a poco, el crecimiento nos atrapa en una especie de dinámica perversa: mientras más se desarrolla la sociedad, menos se disfruta de los frutos de este desarrollo. Las personas se dan cuenta, entre otras cosas, que no pueden comprar el tiempo perdido. Aunque tienen más, sienten que sus vidas valen menos.

(Formalmente, la paradoja es un poco más compleja. Primero por que sociológicamente la felicidad y satisfacción con la vida son construcciones socio-culturales modernas de las sociedades industrializadas, en las que existe una tendencia a incentivar la  producción de bienes en detrimento del tiempo de ocio. Segundo por que el ingreso entra en la función de bienestar de manera relativa y el tiempo de manera absoluta, creando rendimientos decrecientes.)

Todo esto, pues, genera adicionalmente una serie de dinámicas interesantes, por ejemplo, cambios en el llamado ciclo de vida de la felicidad. Aquí se comparan los niveles de felicidad en la vida de un americano y un latinoamericano promedio. El gringo es más feliz a los 44, y nosotros los latinos somos más infelices a los 48.

 

 

 

 

 

 

Saber Adaptarse…

Con algunos de los elementos que les acabo de presentar es más fácil explicar los resultados de la encuesta de Ipsos. Los países con clases medias crecientes como Indonesia, India, México y Brazil se encuentran precisamente en este punto de inflexión en el que más ingreso comienza a restar satisfacción, en vez de hacernos más felices. Por otro lado, la demografía de estos países, con mucha gente joven, en combinación con una curva que probablemente se ve como la “U” latinoamericana, hace más probable que la gente diga estar feliz. Ahí está, el misterio esta resuelto.

Sin embargo, esto no explica porque México creció el grupo de los “muy contentos” durante los últimos años. Pues, como sabemos, el ingreso no ha crecido mucho en el país y la desigualdad ha aumentado en ese tiempo.

Esto se puede explicar con otra teoría desarrollada por Richard Easterlin de la Universidad de California, en la que demuestra que en gran medida la felicidad está determinada principalmente por factores genéticos, contextuales y culturales, los cuales permanecen bastante estables durante el curso de una vida. El hecho de que México salga constantemente bien evaluado en este tipo de estudios, es un punto a favor de esta teoría.

La conclusión más importante de Easterlin es que la felicidad está sujeta a la capacidad de adaptación, o lo que en México llamamos aguantar bara. En pocas palabras, parece que los mexicanos tenemos una pre-disposición genética y cultural a ser felices (o al menos decir que lo somos) y sabemos adaptarnos rápidamente a un entorno cambiante. Cuando las cosas salen mal (como cuando pierde la selección en el Mundial) ni nos agüitamos, ni nos deprimimos tanto como los ciudadanos de otros países del mundo... nos adaptamos.

¿Será una buena cualidad el saber mantener la misma capacidad de ser feliz independientemente de lo que sucede a nuestro alrededor? Personalmente, yo creo que sí. Busquemos el oro.

 

 

 

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