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Por Arturo Franco
Arturo es un economista, autor y emprendedor mexicano. Es cofundador de Causas.org, vicepresident... Arturo es un economista, autor y emprendedor mexicano. Es cofundador de Causas.org, vicepresidente del consejo directivo de la Harvard Kennedy School, y profesor de cátedra en el Tecnológico de Monterrey. Ha trabajado para el Banco Mundial, el Foro Económico Mundial y el Centro para el Desarrollo Internacional. (Leer más)
Pemex: la tragedia y la farsa
La verdadera tragedia del sector energético en México comenzó hace 20 años, justo cuando Emilio Lozoya Thalmann, padre de @EmilioLozoyaAus, fungía como Secretario de Energía en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari. Desde entonces comenzó a crecer la corrupción y empeorar la situación del sector que debería ser “motor del desarrollo” del país.
Por Arturo Franco
13 de febrero, 2013
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Karl Marx escribió al inicio de su 18 Brumario de Luis Bonaparte (en una frase que a su vez obtuvo de Hegel) que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen o suceden dos veces. La primera, añadió puntualmente, como una tragedia, la segunda como una farsa.

Para validar esta inusual proposición, Marx citó algunos ejemplos de personajes  y hechos contiguos a su época: Caussidière por Dantón, Luis Blanc por Robespierre y por supuesto, Luis Bonaparte y su tío Napoleón. Una frase en particular de este ensayo, publicado en Nueva York en 1852, me vino a la mente la semana pasada:

“Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre albedrío, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado”.

 Estaba en Davos, Suiza, la semana pasada cuando me enteré de la trágica explosión en el edificio B2 de la #TorredePemex. Me acuerdo que en una de mis primeras chambas me tocó formar parte de un comité de Salud y Seguridad en una empresa transnacional y cada vez que ocurría un accidente fatal nos llegaba un mensaje de texto automático con detalles sobre el asunto. Desde entonces, no he olvidado ese horrible sentimiento de saber que la vida de una persona, con hijos, padres, amigos, sueños y esperanzas, terminó en el lugar de su trabajo (y del mío). No puedo imaginar lo que sintieron en estos días quienes fungen como responsables de nuestra mayor empresa pública,  mientras subía hasta 37 la cuenta mortal.

Sin embargo, no fue esta la razón por la que me acordé de Marx la semana pasada. Fue más bien por unos comentarios que desde esa aldea montañosa nuestro Secretario de Hacienda y el Director General de Pemex compartieron sobre una “inminente” reforma energética en México. Según esta nota de AnimalPolítico.com, Luis Videgaray dijo que “para acometer la reforma será necesario cambiar el marco legal mexicano y lamentó que durante años la cuestión de la reforma energética fue vista en México desde un punto de vista exclusivamente ideológico”. Más adelante, añadió:

“El presidente Peña cuando era candidato dijo que necesitamos ser más prácticos, más modernos en nuestro planteamiento, no tan ideológicos”.

No es sorprendente que Videgaray y Lozoya hayan enfatizado la cuestión ideológica al hablar con la comunidad internacional sobre una posible apertura del sector energético y la entrada de capital privado a Pemex. No hay forma de explicarle al mundo cómo un país con tantas riquezas naturales, y con grandes reservas del famoso “oro negro”, ha perdido tanto terreno en materia de competitividad. A pesar de los altos precios del crudo a nivel mundial, una bendición para países productores de petróleo como el nuestro, los costos de energía en México se han disparado y la productividad de Pemex está por los suelos.

Sin embargo, no entiendo muy bien a que se refieren Luis Videgaray o el presidente Peña Nieto, o incluso el Director General de Pemex, al hablar de ideología y de pragmatismo en torno a la reforma energética. ¿Se refieren a la ideología de su propio partido, que entre sus estatutos explícitamente defienden la soberanía de @Pemex? Lo dudo, pues la historia nos muestra que el PRI nunca ha sido ideológico en este sentido.

 

La tragedia

La verdadera tragedia del sector energético en México comenzó hace 20 años, justo cuando Emilio Lozoya Thalmann, padre de @EmilioLozoyaAus, fungía como Secretario de Energía en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari. Desde entonces comenzó a crecer la corrupción y empeorar la situación del sector que debería ser “motor del desarrollo” del país.

Aunque lo niega en su autobiografía, el Presidente Salinas de Gortari fue el primero en contemplar una reforma al marco legal para permitir inversión privada y extranjera en el sector petrolero del país. Esto lo sabemos gracias a quien fuera embajador de E.U. en México en esos años, John D. Negroponte. Sin embargo, aunque los beneficios económicos (públicos y muy privados) seguramente eran positivos, los cálculos políticos no dieron para intentarlo entonces.

Unos años después, durante el último sexenio del PRI antes de retomar la Presidencia, quienes fueran maestros y mentores de nuestros actuales Secretarios, Pedro Aspe y Jesús Reyes-Heroles, intentaron reformar el marco legal de Pemex. Según lo recuerda el actual Secretario de Desarrollo Agrario, Jorge Carlos Ramirez Marín, en un editorial de 2011:

“Durante el sexenio de Ernesto Zedillo se llevaron a cabo varios álgidos debates en la Cámara de Diputados. Uno de los que más se recuerdan fue aquel en el que el PAN rechazó una reforma propuesta por el Ejecutivo que permitiría la participación de la iniciativa privada en las actividades de Pemex. Vale la pena recordarlo, porque unos años después el PRI evitó la reforma energética propuesta por Vicente Fox (que en términos generales proponía lo mismo que la de Zedillo)”.

En otras palabras, el #PRI trató discretamente de abrir el sector energético cuando estuvo en el poder, después hizo todo lo posible para evitarlo durante los 12 años que estuvo fuera, y ahora vuelve con un planteamiento pragmático: levantando muertos, dirían si no fuera, después de lo ocurrido, una expresión tan horrenda.

¿Cuál es la ideología, pues, que evita la reforma? Yo intuyo que no es una cuestión de izquierda o derecha, de soberanía contra apertura, a la que se refieren. Probablemente están apuntando a la única ideología que han compartido todos los partidos políticos de México en las últimas décadas: si no lo hago yo, no lo hace nadie.

 

La farsa

Volviendo al 18 Brumario, Marx escribe:

“En esas revoluciones, la resurrección de los muertos servía, pues, para glorificar las nuevas luchas y no para parodiar las antiguas, para exagerar en la fantasía la misión trazada y no para retroceder ante su cumplimiento en la realidad, para encontrar de nuevo el espíritu de la revolución y no para hacer vagar otra vez a su espectro”.

Nuevamente, no es ninguna sorpresa que quieran arropar este debate en una cuestión ideológica. Como nos muestra Marx, ésa es la naturaleza misma de la farsa, la glorificación de la lucha actual a través de la caricatura de la anterior.  ¿Y quién mejor que estos #cachorrosrevolucionarios, los hijos biológicos y políticos de quienes comenzaron esta tragedia?

Ya sabemos que el grupo político que lleve a cabo esta vital reforma para nuestro país, también se llevará muchos beneficios políticos (y posiblemente económicos). Hemos visto, además, como opera el #PRI. El actual Director General de Pemex, por ejemplo, fue hasta Septiembre de 2012 miembro del Consejo de Administración de OHL en México. ¿Conflicto de intereses? No importa, el otro miembro del mismo Consejo, Jesús Reyes-Heroles, seguro lo está asesorando para minimizarlos.

Si reescribiésemos el 18 Brumario de Luis Bonaparte en estos días podríamos hablar de Fidel Castro y Hugo Chavez como una tragedia y una farsa de revolución socialista latinoamericana. En Estados Unidos podríamos hablar de la dinastía de los Bush, el primero… y el segundo atrapado en la sombra de su padre. ¿Y en México? Sin duda a Carlos Salinas de Gortari y Enrique Peña Nieto les cae el saco.

La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos, concluye Marx en el mismo ensayo. Y vaya que hemos entrado en una verdadera pesadilla.

 

 

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