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Arrancones en Neutral
Por Arturo Franco
Arturo es un economista, autor y emprendedor mexicano. Es cofundador de Causas.org, vicepresident... Arturo es un economista, autor y emprendedor mexicano. Es cofundador de Causas.org, vicepresidente del consejo directivo de la Harvard Kennedy School, y profesor de cátedra en el Tecnológico de Monterrey. Ha trabajado para el Banco Mundial, el Foro Económico Mundial y el Centro para el Desarrollo Internacional. (Leer más)
Por No Confiar
Por Arturo Franco
29 de marzo, 2012
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La semana pasada, después de asistir a un evento familiar, viajé de Cuernavaca a los Estados Unidos. Traía conmigo solamente una pequeña maleta y una mochila. Tomé en total, dos taxis, un camión y dos vuelos para llegar a mi casa.

Algo me llamó mucho la atención durante las 8 horas de trayecto: antes de salir del territorio mexicano me abrieron mis bultos 4 veces (incluyendo dos antes de subirme al camión), me revisaron con detector de metales 3 veces y me hicieron cuestionamientos sobre origen y/o destino 4 veces. En Estados Unidos, solamente pase por un filtro de seguridad, con detector de metales, una revisión de destino y un cuestionamiento en la fila de inmigración. En el marcador final, si medimos de manera independiente el número de revisiones, México 11 – Estados Unidos 3.

Pero como no estamos hablando de futbol, (lamentablemente) este no es un resultado final que favorezca a México. Si bien, habrá quien argumente que cada filtro requiere de una o dos personas debidamente capacitadas, además de herramientas de trabajo y supervisores, y que todo esto genera empleos y ventas de productos y finalmente apoya a la economía del país, la verdad es que este uso del capital humano y físico de México no aporta nada al crecimiento sostenido. Al contrario, el país, sus empresas y sus ciudadanos pierden recursos, eficiencia y tiempo.

Los altos costos de la desconfianza en el país han sido tema de análisis por muchos años. Héctor Aguilar Camín, en Pensar en México sugiere que “el mexicano tiene la desconfianza como marca de nacimiento” y clasifica sus costos en dos: los que surgen por la falta de cumplimiento de normas, sociales y jurídicas, y los que se producen a raíz del aumento de regulaciones innecesarias.

Un ejemplo del primer tipo de costos es la evasión fiscal. Otro ejemplo, cada vez más común en nuestro país, es la utilización de instrumentos de ahorro informal en el sector financiero. Curiosamente, los mecanismos informales de ahorro como las tandas no solicitan casi ningún trámite para inscribirse en ellas. Esta informalidad sugiere que este esquema se basa, precisamente, en la confianza. Pero una Encuesta sobre Cultura Financiera en México, elaborada por Banamex, nos muestra que el 70% de las personas que participan en las tandas cree que es la única forma de ahorrar.

Si la ignorancia conduce a la confianza (en el caso de las tandas), ¿será entonces el conocimiento el que genera la desconfianza en México?

Por el otro lado, el mejor (o peor más bien) ejemplo del segundo tipo de costos de no confiar en nuestro país lo encontramos en las elecciones. México, través del IFE, tiene uno de los sistemas electorales más complejos y costosos del mundo.

Por ejemplo, un estudio reciente muestra que los costos para una elección presidencial en un país desarrollado son aproximadamente $ 1 a $ 3 por elector registrado, y tienden a ser menores en los países con mayor experiencia electoral, incluyendo los Estados Unidos y la mayoría de la Europa occidental. Este es el caso también, en América Latina, de Chile (1.2), Costa Rica (1.8 dólares) e incluso Brasil (2.3 dólares). Algunos otros países en vías del desarrollo con bajos costos electorales incluyen a Benin ($ 1.6), Botswana (2.7 dólares), Ghana (0.7 dólares) y Senegal (1.2 dólares) en África, la India ($ 1) y Pakistán (0.5 dólares) en Asia, y Australia (3.2 dólares).

México, con un costo estimado de US $ 5.9 por elector registrado, se encuentra cerca de países que viven en conflicto como El Salvador ($ 4.1) y Liberia (6.1 dólares) y Uganda (3.7 dólares) y Rusia (7.5 dólares). Esto, sin contar el financiamiento a los partidos políticos, que representa la mayor parte del presupuesto del IFE. La mayor parte del costo electoral se lo llevan las actividades llamadas de integridad. Esto quiere decir que nos gastamos más en checar y re-checar el proceso de elección, que en elegir al presidente.

Eduardo Revilla, en un editorial del año pasado nos dejaba la siguiente reflexión:

“Es cierto, como indicó Enrique Krauze en 1986, que la democracia comienza con “el respeto escrupuloso al voto” y que, por lo tanto, no se agota con lo que acontece en la jornada electoral; sin embargo, si esa mera jornada electoral implica que sus organizadores le cuesten a los que sufragan en promedio cada día del sexenio más de 35 millones de pesos, cabe preguntarnos: ¿cuánto debe costarnos a los contribuyentes vivir en una democracia plena? No resulta sostenible que la democracia electoral nos cueste más de 1 millón de pesos cada hora, mientras atestiguamos hace algunos días la manifestación de miles de jóvenes que no tuvieron acceso a la universidad y, probablemente, no lo tengan nunca.”

La respuesta, para mí, es clara. Los mexicanos debemos estar siempre dispuestos a pagar los costos de la democracia. Pero ¿como podemos bajar los costos de la desconfianza?

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