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Por Oceana México
ATARRAYA publica temas sobre océanos, diversidad marina, protección y restauración de los mare... ATARRAYA publica temas sobre océanos, diversidad marina, protección y restauración de los mares de México, así como temas de la agenda pública del sector pesquero nacional. Twitter: @OceanaMexico (Leer más)
Cinco Mitos de la Pesca en México
Los mexicanos ni comemos demasiado pescado, ni nos importa mucho qué es, ni cómo se pescó. Incluso los pocos a los que les importan los temas ambientales tienen arraigados varios mitos que en Oceana escuchamos con frecuencia.
Por Pedro Zapata
10 de diciembre, 2019
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Uno de los efectos secundarios de pasar todo el día pensando en temas marinos y pesqueros es que se vuelve más y más fácil caer en la trampa de pensar que los términos que uno utiliza son de conocimiento universal. Que todo el mundo sabe lo que es un palangre, y que uno puede hablar de la evisceración y los elasmobranqios con holgura, con la expectativa de que todos entenderán. 

La realidad, naturalmente, es que la mayoría de las personas prácticamente nunca piensan en temas pesqueros. Los mexicanos ni comemos demasiado pescado, ni nos importa mucho qué es, ni cómo se pescó. Más aun, incluso los pocos a los que les importan los temas ambientales y que tienen un interés tangencial por la pesca y sus temas, tienen arraigados varios mitos que en Oceana escuchamos con frecuencia. Aquí va un intento por describir cinco de ellos y por empezar a desenmascararlos como lo que son: mitos. 

1. La pesca y la conservación están peleadas

Este es uno de los que más oímos. No son pocas las veces que nos lanzan acusaciones en redes sociales: “¿¡¿cómo es posible que una organización ambientalista hable de las bondades de la pesca y de comer pescado?!?”. Para nosotros no hay oposición, ni inconsistencia en ser ambientalistas y al mismo tiempo admiradores de los hombres y mujeres del mar y buscar que la gente consuma más mariscos y pescados. 

Para empezar, cada kilo de mariscos que se consuma es un kilo menos que se consume de carne de res, pollo o cerdo, productos con una huella ambiental mucho mayor a la del pescado. En segundo lugar, un manejo pesquero adecuado busca lo mismo que la conservación: la abundancia y salud de las especies. Sin abundancia en el mar, no hay pesca, por lo que muchos de los ambientalistas más apasionados son los pescadores que he conocido en los estados costeros que he tenido la suerte de recorrer.

Desde luego que queda mucho por hacer. Muchas pesquerías en México están sobreexplotadas y en la gran mayoría de los casos, no sabemos el estado de sus poblaciones, ya sea porque no se conoce, o porque el gobierno lo mantiene en secreto.

En cualquier caso, es importante entender que los primeros perjudicados por la sobreexplotación son los propios pescadores, y por la misma moneda, son los más interesados en la sostenibilidad. Las reglas tan pobres que tenemos, la opacidad, la corrupción y la falta de cumplimiento de las pocas reglas que hay conspiran para la sobreexplotación pesquera, pero ello no significa que pesca y conservación no puedan convivir.

2. La pesca ribereña es muy muy buena, y la pesca industrial es muy muy mala

Este es un mito que está bien anclado entre mucha gente que está genuinamente preocupada por el medio ambiente, y a menudo es una equivocación honesta, pero no por ello menos peligrosa. Y se entiene: la pesca industrial es un villano muy cómodo. Son barcos grandes que pertenecen a veces a grandes empresas, de propietarios ricos y cuyos barcos son capaces de capturar en un lance lo que varias lanchas tardan días en pescar. 

Ojo: este mito tiene sus bases en algunas verdades, sin duda. Existen problemas serios con algunas embarcaciones y empresas de pesca industrial. A veces entran a pescar en zonas prohibidas, o algunos usan artes de pesca que son dañinas con el medio ambiente. Sin embargo, es una generalización demasiado burda pintarlos a todos con la misma brocha. Hay empresas pesqueras que son empleadores ejemplares, que generan bienestar en sus comunidades, que invierten en innovación y en mejorar sus procesos para reducir su impacto en el medio ambiente. Muchas de ellas han hecho inversiones multimillonarias y les conviene menos que a nadie el agotamiento de la especie de la que dependen. 

Por el otro lado, así como hay cooperativas pesqueras en México que son ejemplos de clase mundial, que son la envidia de cooperativas en Suecia, Japón, Chile, y otras potencias pesqueras, también las hay con prácticas terribles y sin respeto por la ley. 

En algunas regiones de México, la pesca artesanal está hundida en el desorden, ya por negligencia del gobierno, ya por años de políticas clientelares que eso han dejado. Más allá de eso, el nombre de la pesca artesanal o de pequeña escala es engañoso. Si bien una panga de 11 metros de largo es pequeña y su impacto limitado, hay que recordar que en México pescan entre 70 y 100 mil de estas embarcaciones, la mayoría de ellas muy cerca de la costa. Su impacto en el volumen de producción es innegable, como lo ha descrito la magnifica iniciativa internacional “Too Big to Ignore”.

Hay de todo en ambas flotas.

3. La pesca deportiva es sustentable

Este mito va más allá de las fronteras de México. A lo largo del mundo, las asociaciones de pesca deportiva, que con frecuencia están asociadas a los poderosos intereses de la industria turística, aseguran ser una actividad sostenible, sobre todo porque practican la captura con devolución (catch and release, le dicen en inglés). La realidad es que se sabe poco del impacto de la pesca deportiva. En México casi no hay estadísticas oficiales sobre la cantidad de peces que son capturados por la pesca deportiva, y las pocas que hay no son confiables. Mientras que la pesca comercial está en algunos casos sobreregulada, los pescadores deportivos requieren apenas un permiso, y son pocas las actividades de inspección y vigilancia para asegurar el cumplimiento de este pequeño requisito. No hay, por ejemplo, registros de cuántos animales se capturan, cuántos se regresan, y cuántos terminan en el comercio informal. 

Basta con pararse en la terminal internacional del aeropuerto de Los Cabos un día cualquiera. Vuelo tras vuelo lleno de turistas que regresan a Estados Unidos con hieleras llenas de marlin, pez espada, atún, wahoo, etc… Algo de ello, sí, para consumo personal, pero la mayoría de ellos terminará al día siguiente en el plato de un restaurante en Los Ángeles, San Diego o Phoenix, sin haber causado impuestos en México, sin haber sido sujeto a un plan de manejo, ni a un aviso de arribo.

Incluso los animales que se regresan al mar tienen un futuro incierto. Tomemos como ejemplo una de las especies que más gusta a la pesca deportiva en México: el Marlin. Este estudio de 2003 estimó que el marlin tiene una mortalidad post-captura de un poco más de 26%. Es decir, que casi uno de cada 3 animales que son capturados y regresados al agua mueren de todas formas, las más de las veces como resultado de sus heridas. Parece sensato asumir que lo mismo es cierto de peces como el atún o el pez vela, que también son preciados por la fuerza con la que resisten la captura. 

4. Las aguas mexicanas son constantemente depredadas por flotas extranjeras, especialmente la china

Los rumores y la xenofobia parecen conspirar para que este mito se haya propagado. Cuando llegamos a abrir la oficina de Oceana en México hicimos una encuesta sobre las percepciones de los mexicanos alrededor de la pesca y la conservación marina. Entre las cosas que queríamos saber estaba la percepción de los mexicanos sobre las mayores amenazas a los mares mexicanos. Un 10% de los que respondieron dijeron que la principal amenaza a las poblaciones de peces en México era la sobreexplotación por parte de flotas extranjeras operando en aguas mexicanas. 

Sin embargo, la evidencia no parece respaldar esta percepción. En el portal Global Fishing Watch, que muestra la actividad pesquera en casi tiempo real, podemos apreciar que no existe actividad significativa de flotas extranjeras en aguas mexicanas. Acaso lo que más se aproxima es la actividad constante de embarcaciones con bandera de Estados Unidos que bajan a aguas mexicanas de San Diego y Los Ángeles.

No hay a donde voltear, los errores y los aciertos en la pesca en aguas mexicanas han sido culpa de los mexicanos.

5. En México se come mucha comida de mar

El sexenio pasado, una de las estadísticas favoritas del Comisionado de Pesca era la que mostraba que México pasó en seis años de ser un país que consumía 8.9 kgs por persona en 2012 a los casi 13 kg en 2018. Los funcionarios públicos lo repetían con entusiasmo.

Lo que le faltaba decir al Comisionado, era que, en los mismos años, el promedio mundial rondaba los 20 kg por persona por año. Lo que también le faltaba decir era cuánto de ese consumo era de especies importadas como basa y tilapia.

México sigue siendo un país que consume pocos pescados y mariscos. Eso nos preocupa en Oceana, y creemos que nos debería preocupar como país. Los productos del mar son una fuente de proteína de alta calidad y bajo precio, que provee empleos a más de 300 mil personas en comunidades costeras que los necesitan. Como lo mencionamos arriba, cada kilo de pescado que se consume en México reduce la presión sobre la ganadería extensiva, uno de los motores más importantes de la deforestación y uno de los consumidores más grandes de agua potable.

Por si ello fuera poco, los pescados y mariscos aportan micronutrientes básicos para el desarrollo motriz y cerebral, especialmente de los niños. Tenemos que comer más mariscos y pescados, de preferencia nacionales.

* Pedro Zapata (@pedrobisonte) es Vicepresidente de Oceana México, la organización internacional más influyente centrada en la conservación de los océanos, la protección, restauración de los mares del mundo y en cambios de política pública para aumentar la biodiversidad y la abundancia de la vida marina.

@OceanaMexico

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