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Por Oceana México
ATARRAYA publica temas sobre océanos, diversidad marina, protección y restauración de los mare... ATARRAYA publica temas sobre océanos, diversidad marina, protección y restauración de los mares de México, así como temas de la agenda pública del sector pesquero nacional. Twitter: @OceanaMexico (Leer más)
Comemos y respiramos plástico
¿Piensa usted que el reciclaje es la opción? Déjeme decirle que en México, en promedio, únicamente se reciclan 5 de cada 100 piezas de plástico de un solo uso descartados. De estos, 7 de cada 10 piezas de plástico llegan al proceso de reciclado gracias a la economía informal, como es la pepena y no por a la intervención de la industria.
Por Esteban García-Peña
4 de febrero, 2020
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Recuerdo cuando llegaba a comer a casa al terminar la escuela; los rituales eran los mismos: acomodar mochila y ropa limpia en el perchero del cuarto, lavarme las manos y sentarme a la mesa.

El mantel, platos, cubiertos, y siempre una jarra de agua de frutas, de la que nunca dudaba en servir y beber un vaso de un solo jalón, y si se trataba de un día caluroso podría beber hasta dos vasos antes de empezar a comer.

Todos los días se hervía el agua (pues no teníamos confianza de la calidad con que salía de la llave) en una gran olla, asegurando así el abasto cotidiano para saciar la sed de todos. Cuando éramos niños, papá y mamá eran responsables de proveer tanto los alimentos como el agua para beber.

Las responsabilidades eran claras: a los niños nos tocaba participar en algunas labores de la casa, como levantar y ordenar nuestros cuartos, una vez que hubiéramos terminado nuestras obligaciones escolares. En cambio, a papá y mamá les tocaba asegurarse de que todo estuviera en orden y funcionado, incluyendo alimentos de buena calidad y agua purificada disponible.

Un buen día llegué a casa y en la cocina se escuchaban ruidos de herramientas. Se estaba instalando el primer filtro de agua, del que podríamos beber en cualquier momento, sin necesidad de hervir y esperar a que se enfriara.

Nuestra responsabilidad ahora era darle un buen uso y el de mis padres que el filtro funcionara adecuadamente, incluyendo el cambio de piezas y el confinamiento de los desperdicios que este produjera.

No cabe duda que las cosas que hacen fácil la vida también generan una creciente, y en ocasiones irreversible, dependencia. El filtro dejó en el olvido hervir el agua y nos hizo depender de un filtro para asegurar una calidad suficiente para beberla.

De la misma manera, una vez que la industria del plástico vendió la idea de que el agua embotellada aseguraba mayor calidad y además facilitaba su acceso inmediato en cualquier establecimiento comercial o de abarrotes, la sociedad se hizo prácticamente dependiente. Vaya, ni siquiera se tenía que pensar en botellones de vidrio o plástico retornables. Agua, pura, cristalina, altamente saludable e incluso dietética, accesible en cualquier esquina.

Así, el agua, vital líquido para nuestra sobrevivencia, se volvió un producto confinado en una botella plástica con un precio 100 veces mayor al costo de bombearla hacia la ciudad y obtenerla con sólo abrir la llave del grifo.

Desde la costa, la sierra, grandes ciudades, hasta pequeños pueblos, se adoptó rápidamente la cómoda práctica de comprar, beber y tirar.

La cultura y conciencia ante las amenazas que trajo el excesivo proceso de “tirar” llegó demasiado tarde. Hoy por hoy, en el mundo se consume medio millón de botes de plásticos de agua por minuto, cuya mayoría acabará contaminando barrancas, bosques, selvas, lagos, ríos y finalmente el océano. Algo así como tirar un camión de basura (lleno de plástico) al mar, cada minuto.

Tras haber generado tanto plástico de un solo uso que se ha convertido en contaminante, la industria ha tratado de posicionarse como la gran salvadora de este problema, apostando todas sus cartas hacia el reciclaje y la llamada “economía circular”. Sin embargo, en todas sus acciones y mensajes nunca se hace alusión a la eliminación, o al menos reducción de los plásticos de un solo uso.

¿Piensa usted que el reciclaje es la opción? Déjeme decirle que en México, en promedio, únicamente se reciclan 5 de cada 100 piezas de plástico de un solo uso descartados. De estos, 7 de cada 10 piezas de plástico llegan al proceso de reciclado gracias a la economía informal, como es la pepena y no por a la intervención de la industria.

Imagine. Si estas son las tendencias y las empresas se niegan a reducir su producción tanto de botes como de todo tipo de embalajes de un solo uso, todo parece indicar que la industria del plástico será la nueva industria del tabaco, por aquello de volverse los malos de la película que atentan contra la salud de la humanidad, y es que hoy respiramos y comemos plástico. No lo dude, el plástico es un contaminante que afecta tanto a las especies y ecosistemas, como a la salud humana.

Reconociendo que los ciudadanos tenemos la responsabilidad de hacer un buen uso de los productos que adquirimos y de depositar los desperdicios en los lugares adecuados, es innegable la responsabilidad de quienes los producen de ir más allá y hacerse cargo del acopio, tratamiento, reciclaje y en su caso disposición final, asegurando que estos no contaminarán el medio ambiente.

En otras palabras, es a la industria a quien corresponde la responsabilidad extendida de garantizar que los plásticos de un solo uso que producen, que tarde o temprano acabarán convirtiéndose en desperdicios, no se conviertan en productos contaminantes que afecten a los ecosistemas, a las especies y a las personas. A esto se denomina Responsabilidad Extendida del Productor/importador (REP).

Varios países, como son los miembros de la Comunidad Económica Europea, así como Canadá, Estados Unidos, Chile y Perú, entre otros, han adoptado el esquema de la REP.

Esto confiere a la industria la responsabilidad de reducir la producción de plásticos y embalajes de un solo uso, brindar alternativas para el consumidor y de reciclarlos y confinarlos adecuadamente para que no se conviertan en contaminantes.

Ya es momento de que en México se tomen acciones contundentes para detener la contaminación plástica. La promulgación de leyes estatales que promueven el desuso de bolsas de plástico y otros embalajes es buena idea, pero aún insuficiente. Lograrlo deberá pasar por cambios de fondo y la REP es un buen comienzo. 

* Esteban García-Peña Valenzuela (@TheSighthound) es director de campañas en pesquerías en Oceana México, la organización internacional más influyente centrada en la conservación de los océanos, la protección, restauración de los mares del mundo y en cambios de política pública para aumentar la biodiversidad y la abundancia de la vida marina.

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