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ATARRAYA publica temas sobre océanos, diversidad marina, protección y restauración de los mare... ATARRAYA publica temas sobre océanos, diversidad marina, protección y restauración de los mares de México, así como temas de la agenda pública del sector pesquero nacional. Twitter: @OceanaMexico (Leer más)
De huracanes y la importancia de la naturaleza
La pérdida acelerada de arrecifes y manglares nos ha dejado sin herramientas para frenar la velocidad de los huracanes y su impacto económico y social.
Por Miguel Rivas
27 de octubre, 2020
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Semanas atrás el huracán Delta en Yucatán, hoy el huracán Zeta en Quintana Roo. Una vez más somos testigos de nuestra vulnerabilidad ante las fuerzas de la naturaleza.

El huracán Delta hizo su aparición en la península de Yucatán como categoría 4, es decir, con vientos sobre 210 km por hora y alto poder destructivo de la infraestructura, de acuerdo con la escala Saffir-Simpson. Afortunadamente tras pocas horas de tocar tierra el huracán bajó a categoría 2, y salvo daños estructurales, no hubo vidas que lamentar. Anoche Zeta alcanzaba vientos de 255 kilómetros por hora y aún no tenemos información de los daños causados.

Esto nos recuerda el poder que tiene la naturaleza y cómo los desequilibrios climáticos han hecho que estos eventos sean cada vez más frecuentes y con mayor intensidad, como lo reportan numerosas investigaciones científicas.

Estos dos últimos huracanes son un recordatorio de cómo hemos subestimado el poder de la naturaleza y hemos hecho caso omiso a las señales de alarmas climáticas, y peor aún, hemos destruido los ecosistemas que nos ayudan contra estos eventos catastróficos.

Manglares y arrecifes son nuestros aliados a la hora de enfrentar estos huracanes frenando su velocidad y contribuyendo económicamente a que los costos de estos eventos sean más “baratos”, por decirlo de alguna forma coloquial.

Los manglares no sólo sirven como sitios de anidación y crecimiento de recursos pesqueros que se calculan con un valor de más de 30 mil dólares por hectárea al año, sino que además pueden detener la fuerza de los vientos y la entrada de las aguas a tierra firme.

Lo mismo ocurre con los arrecifes que son capaces de disipar las fuerzas de las mareas y con ello hacer que lleguen más calmas a la costa. Todo esto se conoce como servicios ecosistémicos, es decir servicios que la naturaleza nos ofrece de forma gratuita, pero si les tuviéramos que poner un precio, ¿cuánto nos costaría construir barreras que hagan lo mismo? Estaríamos hablando de miles de millones de dólares.

Sin embargo, la pérdida de manglares se da a una tasa acelerada. El estado de Quintana Roo es un ícono de la degradación de arrecifes y manglares, al perder más del 50% de la cobertura de ambos ecosistemas en los últimos 40 años.

El turismo descontrolado que además construye sobre las dunas costeras, daña su propia versión de la gallina de los huevos de oro y provoca impactos en la pérdida de los servicios ecosistémicos locales que hoy se requieren más que nunca para hacer frente a los embates de la naturaleza.

De continuar con esta tendencia de degradación de estos valiosos ecosistemas, nos hará cada vez más vulnerable a los eventos climáticos como son los huracanes. Debemos frenar su destrucción y poner énfasis en la recuperación de estos hábitats de cientos de especies.

Si lo vemos desde la óptica del antropocentrismo, donde la naturaleza debe servirnos para algo, aquí tenemos la respuesta de por qué debemos ser responsable con la preservación de los hábitat y ecosistemas.

Si lo vemos desde la perspectiva económica, la naturaleza nos trae ahorros: sólo en el 2020 el presupuesto de México para catástrofes naturales fue de tres mil 353 millones de pesos. Y si lo vemos desde el punto de vista ecológico, proteger los hábitats de cientos de especies es protegernos a nosotros mismos como parte del ecosistema.

Hoy, cuando enfrentamos estos impactantes huracanes, se habla mucho de la adaptación al cambio climático (más que de la mitigación al mismo, lamentablemente) y esto significa que al menos debemos proteger lo que ya tenemos, lo que nos va quedando.

Desde Oceana queremos hacer énfasis en la protección de los hábitats y ecosistemas marino-costeros, pues en ellos encontraremos refugio para un mundo cambiante como resultados de las alteraciones que nosotros mismos hemos creado con nuestros estilos de vida.

Preservar los ecosistemas que nos quedan es lo mínimo que podemos hacer y por eso es tan importante proteger, por ejemplo, nuestras Áreas Naturales Protegidas.

Hay que fortalecerlas e incrementarlas, pues son el mejor seguro en el que podemos invertir para cuidar de nosotros mismos y de las actividades económicas que dependen de la naturaleza, después de todo cada dólar invertido en soluciones oceánicas sostenibles producirá al menos cinco dólares a cambio.

La protección de los ecosistemas es un negocio redondo, por donde se le mire.

* Miguel Rivas (@migrivass) es el director de las campañas de hábitat en Oceana México. Es doctor en ciencias por el Instituto de Ecología de la Universidad Nacional Autónoma de México y ferviente divulgador de la ciencia para la protección de los océanos y el medio ambiente.

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