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Por Oceana México
ATARRAYA publica temas sobre océanos, diversidad marina, protección y restauración de los mare... ATARRAYA publica temas sobre océanos, diversidad marina, protección y restauración de los mares de México, así como temas de la agenda pública del sector pesquero nacional. Twitter: @OceanaMexico (Leer más)
El enemigo no son los tampones
Las empresas que hoy dicen sacar estos productos del mercado porque sus “equipos se encuentran analizando las implicaciones de esta ley”, son las mismas que venden tampones sin plástico igual de cómodos y funcionales en Estados Unidos, Canadá, Australia, Reino Unido y otros países. No queremos dejar de usar tampones y si existen opciones, ¿por qué las mexicanas no podemos elegir?
Por Mariana Reyna y Diana Amador
2 de marzo, 2021
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No queremos dejar de usar tampones. Para una mujer, la elección del producto de gestión menstrual es tan importante como identificar la talla del brasier que necesitamos. Se trata de comodidad, seguridad y la relación íntima que tenemos con nuestros cuerpos. Es una decisión absolutamente personal en la que nadie debería intervenir, pero en la Ciudad de México la industria del plástico decidió por nosotras.

Hay un problema con los tampones que no podemos ignorar. No es el tampón mismo, sino el instrumento que los contiene y “facilita” su colocación. Los famosos aplicadores fueron creados en 1936, bajo la lógica del estigma y la moralidad de evitar que las mujeres tocaran sus propios genitales. Hoy en día esa lógica ya está rebasada y existen muchos otros materiales, pero en su mayoría siguen fabricándose con plástico y, como son considerados “dispositivos médicos”, su reciclaje es imposible.

Ya sabemos que cada año 8 millones de toneladas de plástico acaban en nuestros mares, que el plástico nunca desaparece y sólo se convierte en trozos cada vez más pequeños, pero igual de dañinos para el medio ambiente. Sabemos que reciclar no es suficiente, que el plástico contamina nuestro aire, nuestra agua y hasta nuestros alimentos. Pero no queremos dejar de usar tampones.

Ese aplicador que hoy en los productos en México es de plástico (sólo una marca ofrece una variante con aplicador de cartón), es usado sólo durante 10 segundos y pasa cientos de años contaminando nuestro planeta. Si el ciclo menstrual dura 5 días y es necesario cambiar el tampón cada 4 horas, significa que cada mes necesitamos 30 de estos productos, 360 en un año y 13 mil 320 a lo largo de nuestra vida fértil, si comenzamos a menstruar a los 13 años y alcanzamos la menopausia a los 50. 13 mil 320 trozos de plástico que, está comprobado, llegan a ecosistemas marinos y terrestres.

Para algunas mujeres, ni la copa menstrual ni los calzones absorbentes y otras opciones de menor impacto ambiental tienen la misma funcionalidad o comodidad que un tampón. También existen mujeres que no cuentan con los servicios necesarios para que estas opciones sean viables. Elegirlos no nos convierte en las enemigas de las tortugas; no odiamos al planeta ni queremos llenarlo de plástico y seguir generando contaminación que tarde o temprano llega a nuestros mares y acaba con la vida marina. Lo cierto es que esos productos, tal y como los conocemos hoy en México, sí son los enemigos de las tortugas y de nuestros mares, y de ahí su prohibición.

Cabe aclarar que el gobierno de la Ciudad de México no prohibió los tampones, sino el plástico que se utiliza para colocarlos. En 2019, el Congreso de la Ciudad aprobó reformar la Ley de Residuos Sólidos para establecer la prohibición de los plásticos de un solo uso. La primera etapa de esta legislación entró en vigor el 1 de enero de 2020 y el mismo día de 2021 comenzó esta segunda etapa que incluye los aplicadores de tampones. Es decir, las empresas que los producen tienen conocimiento de estos cambios desde hace dos años.

Las autoridades tampoco pusieron en marcha un operativo de confiscación masiva para sacar todos los tampones existentes en el mercado. Y es en estos matices donde la industria aprovecha la confusión para no asumir su responsabilidad. Sacar los productos repentinamente fue su decisión, no planear un proceso de transición para que las consumidoras tuvieran opciones también fue su decisión, como lo es no vender en nuestro país los tampones que ya fabrican sin plástico e incluso sin aplicador. Tuvieron dos años para prepararse y no hicieron nada.

En Oceana estamos convencidas de que la única solución efectiva para la contaminación plástica es reducir su producción. Esto no es posible sin legislaciones que nos obliguen a replantearnos nuestra forma de consumo y sin la activa participación de los primeros responsables de esta contaminación: los productores. Por eso hemos dicho “no eres tú, es el plástico”, porque las decisiones individuales son importantes, pero de bajo impacto. Se requiere de cambios estructurales que pasan, necesariamente, por dar opciones a quienes no queremos seguir siendo parte del problema.

Las empresas que hoy dicen sacar estos productos del mercado porque sus “equipos se encuentran analizando las implicaciones de esta ley”, son las mismas que venden tampones sin plástico igual de cómodos y funcionales en Estados Unidos, Canadá, Australia, Reino Unido y otros países. No queremos dejar de usar tampones y si existen opciones, ¿por qué las mexicanas no podemos elegir?

Ante el desabasto de tampones en la ciudad más importante del país, como era de esperarse, las quejas de miles de usuarias han resonado en redes sociales y medios de comunicación, lanzando fuertes críticas a una legislación anunciada desde hace dos años, y que fue una victoria para organizaciones ambientalistas que han impulsado el tema desde hace mucho tiempo.

La disyuntiva entre feminismo y ambientalismo es un falso dilema. El problema no es que las nuevas normas “ataquen” o “limiten” nuestras decisiones sobre nuestra menstruación. El problema es que la industria detrás no está dispuesta a adaptarse a los nuevos tiempos, no quieren asumir el costo económico que significa traer al mercado nacional nuevas formas de producción que reduzcan la monumental contaminación que generan.

No queremos dejar de usar tampones y nadie tiene derecho a obligarnos a reemplazarlos por otro producto. No queremos una campaña para promover el uso de copa menstrual, no queremos que nadie nos diga qué es mejor para nosotras, no queremos que decidan sobre nuestros cuerpos y tampoco queremos ser responsables por la muerte de miles de animales marinos. Tuvieron dos años para pensar en sus consumidoras, dos años para prepararse para un cambio que ya es inevitable y que ha sucedido en muchos otros países. Lo que queremos, en este y otros temas, es simplemente que nos dejen elegir.

@OceanaMexico

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