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Por Oceana México
ATARRAYA publica temas sobre océanos, diversidad marina, protección y restauración de los mare... ATARRAYA publica temas sobre océanos, diversidad marina, protección y restauración de los mares de México, así como temas de la agenda pública del sector pesquero nacional. Twitter: @OceanaMexico (Leer más)
Incongruencia por el plástico
Parece que el combate a la contaminación plástica, más que una necesidad urgente para mejorar la calidad de vida de la sociedad, se convirtió en tema de moda en el poder legislativo y pocos quieren quedar fuera de los reflectores.
Por Esteban García-Peña Valenzuela
18 de febrero, 2020
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Sin necesidad de buscar su significado en la Real Academia Española o en Wikipedia, la incongruencia tiene verificativo cuando las intenciones o las promesas anunciadas, simplemente no se ejecutan, o los actos de las personas son contrarias a sus dichos. “A las palabras se las lleva el viento”, versa el vernáculo dicho que usamos con frecuencia, cuando nos damos cuenta de que alguien -incluso uno mismo-, se comporta de manera contraria a lo que pregona cotidianamente.

Podríamos decir que la incongruencia es parte de la naturaleza humana que se bate entre lo racional y lo irracional. De esta manera, podríamos jactarnos, incluso convencer a propios o extraños de nuestra gran valentía y sangre fría, pero salir corriendo con despavorida actitud ante la primera señal de la alarma sísmica. Hasta cierto punto la incongruencia es inconsciente.

Pero la incongruencia deja de serlo cuando las acciones, los dichos o los pregones, son contrarios por reticencia, negligencia o conveniencia. Piense en todo aquello que un gobernante o legislador incumplió, o incluso nunca hizo y que prometió durante su campaña. O peor aún, contravino lo que la ley le confería. No piense tanto, podría llevarle horas.

En un intento por aparecer congruentes, comprometidos y leales servidores públicos ante la ciudadanía, un sinnúmero de legisladores y legisladoras de diversos partidos han elaborado -hasta la fecha- un total de 30 propuestas para reformar la Ley General para la Prevención y Gestión Integral de residuos, y atacar de una vez por todas el grave problema de la contaminación por plásticos que sufrimos en el país.

Algunas buenas, otras no tanto, una que otra que va al fondo del problema, sin faltar las que lo ven de manera superficial o aquellas que son favorables a los industriales del plástico, lo cierto es que la diversidad de las ideas se ha vertido, aparentemente, en estas piezas de arte legislativo. Vaya, podría decirse que se respira un ambiente de entusiasmo alrededor de la necesidad de abatir la contaminación por plásticos en México.

Pero cuando ninguna -sí, leyó bien, NINGUNA- de las 30 propuestas de reforma ha sido dictaminada o turnada por la comisión correspondiente, el entusiasmo se convierte en decepción. Parece que el combate a la contaminación plástica, más que una necesidad urgente para mejorar la calidad de vida de la sociedad, se convirtió en tema de moda en el poder legislativo y pocos quieren quedar fuera de los reflectores. ¿Le parece incongruente? A mi parecer se reafirman.

Cuando el entonces senador Eduardo Murat presidía la Comisión de Medio Ambiente, Recursos Naturales y Cambio Climático, convocó a un interesante ejercicio de parlamento abierto con representantes de sociedad civil, industria, academia y gobiernos, para discutir alternativas legislativas que pudieran abatir la grave contaminación por plásticos. Entusiasta y abierto, Eduardo Murat siempre contó con el marcaje personal de un experimentado Jorge Carlo Ramírez Marín, quien parecía más proclive a los intereses de la industria.

Como resultado, además de algunos acuerdos para lograr la reducción de los plásticos de un sólo uso, vislumbrar una responsabilidad extendida para quienes los producen y optar por el esquema de la economía circular para los plásticos ya existentes, aparentemente se hizo funcionar la compleja maquinaria legislativa y varios apostaban a que pronto vería la luz una nueva legislación para combatir a fondo la contaminación plástica.

Pero la incongruencia, negligencia, reticencia y conveniencias no se hicieron esperar: tras sufrir cambios la Comisión de Medio Ambiente en el Senado, los esfuerzos y acuerdos del parlamento abierto fueron enrollados y dejados de lado, y lo que pudo ser un proyecto de reforma más o menos acabado, terminó siendo parte de los 30 que hoy se encuentran en “la congeladora” esperando un turno que tal vez nunca llegue.

Mientras legisladores como Ricardo Monreal Ávila y Jorge Carlos Ramírez Marín bloquean iniciativas que pudieran afectar los intereses de la industria del plástico y tratan de impulsar espurios acuerdos nacionales y leyes a modo para simular un combate a la contaminación, en México se siguen arrojando diariamente cientos de miles de botellas y otros desperdicios de plástico al océano. Lo mismo, en lagos, ríos, bosques, selvas y en las ciudades. Sin darse cuenta, usted diariamente consume contaminación plástica al respirar, comer o beber agua.

Necesitamos que las y los legisladores hagan, por fin, un ejercicio de congruencia, y buscando el interés común, logren las mejores leyes que garanticen el derecho de toda persona a un medio ambiente sano para su desarrollo y bienestar.

Un buen reto, para empezar, será trabajar en una sola reforma lo suficientemente profunda, que tome elementos esenciales de las 30 iniciativas hoy existentes, y que busque reducir la contaminación plástica que tanto nos afecta.

* Esteban García-Peña Valenzuela (@TheSighthound) es director de campañas en pesquerías en Oceana México, la organización internacional más influyente centrada en la conservación de los océanos, la protección, restauración de los mares del mundo y en cambios de política pública para aumentar la biodiversidad y la abundancia de la vida marina.

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