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Por Oceana México
ATARRAYA publica temas sobre océanos, diversidad marina, protección y restauración de los mare... ATARRAYA publica temas sobre océanos, diversidad marina, protección y restauración de los mares de México, así como temas de la agenda pública del sector pesquero nacional. Twitter: @OceanaMexico (Leer más)
Mi amigo el pulpo
Se puede pescar de manera sustentable y sostenible; es posible cuidar al océano comiéndose sus pescados y mariscos. De hecho, consumidores enterados e interesados son los mejores aliados.
Por Renata Terrazas
16 de febrero, 2021
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Miles de personas vieron Mi maestro el pulpo, el documental de Netflix donde un buzo genera un tipo de relación observadora con un pulpo. Durante meses nada diario en su hábitat y ve cómo enfrenta diferentes retos. Como espectadores nos preguntamos por qué no interviene cuando los tiburones andan al acecho y le arrancan un brazo. Pero el buzo sabe que es parte de la vida del pulpo enfrentar depredadores, y que sus cualidades biológicas le permiten desarrollar una nueva extremidad cuando se la han arrancado.

Después de ver esta historia, hubo quienes reafirmaron su decisión de no comer pulpo porque son inteligentísimos y encantadores. No pienso disuadirlos de esa elección personal. Sin embargo, sí quiero compartirles algo más de la vida de los pulpos y la estrecha relación que los humanos hemos desarrollado con ellos.

La gente de Yucatán es un gran ejemplo. Ese estado es famoso por la pesca de pulpo. Miles de familias dependen de que cada temporada las embarcaciones lleguen con captura abundante, para poder vender y asegurar su sustento.

El pulpo es valioso. Lo pescado en México generalmente se exporta y es tan importante que nos posiciona entre los primeros cinco países productores de pulpo en el mundo. Somos de lo mejor de lo mejor. La mayoría de este pulpo mexicano se vende a países europeos, lo que genera presión para que su pesca sea más ordenada y cumplamos los altos estándares de ese mercado.

Sé que para este momento muchas personas que aman y adoran a los pulpos, y están convencidas de que podrían dominar al mundo por lo inteligentes que son, deben estarse preguntando por qué seguir leyendo a alguien que les habla de comérselos. Y que además le puso de título al texto “Mi amigo el pulpo”. A estas personas quiero decirles dos cosas.

La primera es que el mar es fuente de riqueza y su manejo puede ser sostenible si construimos prácticas y políticas públicas en consecuencia. En el caso del pulpo, es el propio mercado el que genera la presión para que se cumplan con ciertos estándares, ya que los consumidores europeos privilegian cada vez más que su comida sea sustentable. Gracias a estos consumidores, organizaciones civiles y funcionarios que escuchan, se han creado requerimientos para la importación de productos marinos.

La segunda es que miles de personas viven de esta actividad. Pescadores, pescadoras y sus familias se sostienen de la pesca de pulpo. Ya sea que el pulpo se exporte o se consuma localmente. Y es tan valioso para todos ellos, que son los primeros interesados en cuidarlo para que siempre haya suficiente.

Con esto, lo que quiero decirles, es que se puede pescar de manera sustentable y sostenible, y que incluso son las y los consumidores quienes ayudan a que una pesquería sea mejor. Así que cuidar al océano comiéndose sus pescados y mariscos es posible. De hecho, consumidores enterados e interesados son los mejores aliados.

Pero también debo confesar que en México seguimos lejos de la pesca sustentable y sostenible. Hay especies mejor cuidadas que otras, y es normalmente el valor de estos productos lo que genera que se les cuide o no.

Por ejemplo, nuestro amigo el pulpo, del cual dependen miles de familias, es una pesquería que en 2018 generó casi 40 millones de dólares por su exportación a Italia, nuestro principal comprador de pulpo en ese año. Es decir, es una pesquería de alto valor y por ello suele estar mejor vigilada y cuidada, aunque nunca faltan pescadores furtivos que ponen en riesgo la sostenibilidad de la pesca. De esto les platicaré en otro momento.

Por supuesto hay otras especies que no se exportan ni se venden caro, que entran a un hoyo negro de información; se sabe poco de ellas, de quiénes las pescan y si sus poblaciones están saludables o ya se están acabando.

Pero de regreso al pulpo, habrá quienes aquí decidan no comerlo porque les parecen adorables, y eso está perfecto. Habrá quienes no puedan esperar para comérselo en su tinta o en un delicioso taco, y eso también está perfecto. Al final, todas y todos queremos que en los mares mexicanos siga habiendo pulpo en abundancia, ya sea para que sea pescado o para que complete su ciclo de vida naturalmente. A veces el depredador será el tiburón, otras el ser humano, lo que debemos cuidar es que se mantenga el equilibrio en el mar.

@OceanaMexico

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