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Por Oceana México
ATARRAYA publica temas sobre océanos, diversidad marina, protección y restauración de los mare... ATARRAYA publica temas sobre océanos, diversidad marina, protección y restauración de los mares de México, así como temas de la agenda pública del sector pesquero nacional. Twitter: @OceanaMexico (Leer más)
No eres tú, es el plástico
Si la solución para la basura es levantarla y ponerla en “su lugar”, la solución para la contaminación es no emitirla. ESA es la razón por la que la industria del plástico se resiste a enmarcar a su producto como contaminación.
Por Pedro Zapata
15 de octubre, 2019
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En estos días, alrededor del mundo, el plástico es un tema controversial. Nuestra sociedad es adicta a su consumo y, como con otras adicciones, no parecemos listos para dejarlo aun sabiendo el daño que nos hace.

La industria del plástico, en México y en el resto del mundo, defiende su actividad y su sustento; lo hace con una serie de argumentos probados ya en distintos países. Los ejecutivos y ejecutivas del plástico se defienden en México con el guión de sus contrapartes en Colombia, Estados Unidos, Brasil, Tailandia y Egipto.

La avalancha de noticias, anuncios, entrevistas, videos y tuits sobre el plástico a veces hacen pensar que se trata de un debate nuevo y, por lo tanto, que los argumentos deben ser nuevos. Pero no es así. La industria del plástico lleva muchos años preparándose para este momento y ha construido, como su mejor arma, una poderosa narrativa cuya piedra angular es una idea tan sencilla como peligrosa:

Que el plástico es basura y no contaminación.

¿Pero cómo? Basura y contaminación son sinónimos ¿no? No lo son, y la confusión entre los dos conceptos ha sido una de las bases de la estrategia del plástico.

La basura es transitoria, es una molestia, pero no una tragedia. La basura es un problema porque está fuera de “su lugar”, ya sea en el piso, el río, la playa, o en el mar. En cuanto la basura llega al basurero, parte del problema se termina, luego veremos qué hacer con ella.

Más allá de eso, cuando la basura está fuera de “su lugar” la culpa naturalmente es de quien la puso ahí; de quien tiró la bolsa de papas desde el carro o de quien aplastó la colilla en la acera.

En esta historia, esa bolsa de papas no era un problema cuando fue fabricada, ni cuando estaba en la tienda, ni cuando una persona la compró, la abrió y comió las papas. Sólo se volvió un problema cuando se tiró en la calle.

La historia del plástico como basura es atractivísima, porque no cuestiona la buena voluntad del fabricante y porque le ofrece una salida simple: recoger la basura o responsabilizar al consumidor por no hacerlo. No es casualidad que las grandes empresas que hacen o consumen plástico dediquen tantos recursos y tiempo a financiar y organizar limpiezas de playa o campañas de reciclaje.

La contaminación es algo mucho peor. Es algo que hace daño y pone en riesgo nuestra salud, que impregna nuestro cuerpo y cada fase de nuestra vida cotidiana. No podemos escapar. La evidencia de que el plástico ES contaminación es abrumadora. Los impactos sobre nuestra salud cada día son más claros.

El efecto que tiene el microplástico sobre ecosistemas enteros, como arrecifes de coral, está bien documentado. Y estos pequeños enemigos están en el aire, en el agua y eventualmente en nuestra sangre.

El plástico no nada más es contaminación, sino que, al ser prácticamente indestructible, es un tipo de contaminación que no habíamos enfrentado nunca y que perdura a lo largo del tiempo después de su producción. Ya más de un académico se ha comenzado a referir a esta época como “la era del plástico”.

Con pocas excepciones, la contaminación es algo que los ciudadanos sufrimos y que requiere soluciones de más largo plazo para resolverse. Es un mal a veces necesario y es fácil llegar al consenso de que, si pudiéramos, lo mejor sería no tener nada de ella.

Si la solución para la basura es levantarla y ponerla en “su lugar”, la solución para la contaminación es no emitirla, hacer tan poca de ella como sea posible. ESA es la razón por la que la industria del plástico se resiste a enmarcar a su producto como contaminación.

Por si fuera poco, uno de los preceptos más ampliamente aceptados en el derecho ambiental, y que está presente en leyes y reglamentos alrededor del mundo es el concepto de que “el que contamina paga”.

Si el plástico es contaminación, y nos estamos ahogando en plástico, entonces lo que sigue lógicamente es que la industria del plástico es la que tiene que pagar para sacarnos de la crisis. No es extraño, entonces, que hayan invertido tanto en rechazar esta narrativa.

Hay mucho por hacer. En Oceana hemos estado y seguiremos trabajando con el Congreso de la Unión para tener legislación a la altura del problema en el que estamos; legislación que reduzca significativamente la cantidad de plástico que se produce en México o que importamos y que coloque la responsabilidad del problema en dónde debe estar, en el productor del plástico.

Esta es la prioridad inmediata, pero hay una pelea -quizá la más importante- que no ocurre en el Congreso, sino en nuestras conversaciones cotidianas, en nuestro lenguaje. Es una batalla en donde llevamos desventaja frente a una industria que ha empujado una narrativa durante años.

Pero nunca es tarde para empezar, y la mejor forma de empezar es llamándole a las cosas por su nombre: el plástico es contaminación, no basura.

* Pedro Zapata (@pedrobisonte) es director de Oceana México, la organización internacional más influyente centrada en la conservación de los océanos, la protección, restauración de los mares del mundo y en cambios de política pública para aumentar la biodiversidad y la abundancia de la vida marina.

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