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Por Oceana México
ATARRAYA publica temas sobre océanos, diversidad marina, protección y restauración de los mare... ATARRAYA publica temas sobre océanos, diversidad marina, protección y restauración de los mares de México, así como temas de la agenda pública del sector pesquero nacional. Twitter: @OceanaMexico (Leer más)
Pescar no es tan fácil como pensaba
No les haré la maldad de hacerles la historia larga. Pasaron dos horas y no agarré nada. Lancé mil veces el anzuelo; para un lado, para el otro, movía a la gente de la panga, cambiaba de carnada, de piola, me paraba de cabeza y así estuve probando de todo y nada.
Por Oceana México
2 de julio, 2019
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La mayoría de las personas viviremos una vida sin saber de dónde viene nuestro pescado. Damos por sentado que alguien lo pesca o cría y no pensamos en lo que pasa en medio del camino, tampoco cómo son las personas que pescan y cuáles son los retos que enfrentan día a día para llevar a nuestra mesa la proteína animal más deliciosa del mundo: los pescados y mariscos.

Confieso que hasta hace un año yo tampoco tenía mucha idea. En los últimos meses he ido conociendo la belleza de esta actividad productiva, la gente que dedica una vida a pescar y que hereda uno a uno los secretos de la pesca a la siguiente generación.

Confieso también que siempre pensé que era una actividad no tan difícil, tanto que, con una caña o una piola, se podía sacar pescado sin mayor problema… Hasta que el mes pasado visité una comunidad de pescadores en medio de la nada, en la península de Baja California.

Una querida amiga, defensora de los mares y los pescadores, me ayudó a hacer realidad este viaje. Llegamos por la tarde a la comunidad pesquera que está a varias horas de La Paz, Baja California Sur. Los últimos 100 kilómetros el camino es de terracería y sinuoso, lo que llevó alrededor de dos horas.

Yo quería observar un arribo de pesca, pero la jornada había terminado así que decidimos ir a pescar para probar suerte. Ya me saboreaba yo un buen jurel, un delicioso pargo o hasta con una palometa me conformaría.

Navegamos mar adentro 20 minutos en una panga (embarcación menor a motor usada por la pesca ribereña), agarré una piola (una tablita con un hilo de nilón amarrado a un anzuelo) y con mi carnada puesta sonreí al horizonte que comenzaba a devorarse al sol.

No les haré la maldad de hacerles la historia larga. Pasaron dos horas y no agarré nada. Lancé mil veces el anzuelo; para un lado, para el otro, movía a la gente de la panga, cambiaba de carnada, de piola, me paraba de cabeza y así estuve probando de todo y nada.

Era ya casi de noche cuando Joel con una sonrisa a media cara dijo que era tiempo de regresar a la playa y preparar algo de lo que habíamos, mejor dicho, él había, pescado ese día.

Esa noche comí el más delicioso sashimi de jurel que jamás he probado. Y lamento decirles que, de manera muy desafortunada, muchas de las personas que esto leen no lo probarán nunca. En parte, porque es un pescado que casi no llega a la Ciudad de México, solamente conozco a una comercializadora que lo trae… Y ¡no saben lo que se pierden!

La mañana siguiente fue otra historia. Observé, con lujo de detalle, la llegada de los pescadores con todo su pescado. Cardenal, huachinango de diferentes tamaños y de un rojo intenso como jamás lo había visto, jurel, pargo amarillo y cabrilla, entre otros. Un orgullo en el rostro de los pescadores por la hazaña de traer a puerto el producto de su esfuerzo, de toda una noche o hasta de más de un día en el mar.

Foto: Renata Terrazas.

La comunidad de pescadores que visité se organiza en cooperativas. Gracias al trabajo de una organización de la sociedad civil local, Niparajá, y del compromiso de los pescadores, han creado formas de darle mayor valor a su producto y de proteger la vida en el mar al crear zonas de refugio a petición de estos mismos pescadores.

Fueron un par de días los que estuve en este bello lugar, y, sin embargo, me bastaron para conocer muchas de las penurias de esta comunidad, pero también el orgullo con el que se lleva a cabo esta actividad que nos permite, a ti y a mí, comer pescado de alta calidad.

De ahí me fui con la convicción de que en México tenemos pescadores que hacen bien las cosas y protegen a los mares. También creo que es importante contar sus historias. Para que cada que uno o una de ustedes, cuando vaya a un restaurante y pida un pescado, piense en las historias detrás de quienes hicieron posible que ese pescado llegara a su mesa.

Y no, pescar no es nada fácil. Afortunadamente para nosotros los mexicanos, tenemos a miles de pescadores que conocen bien su oficio y hacen posible que podamos comer pescado.

Foto: Renata Terrazas

* Renata Terrazas lleva más de 10 años trabajando en organizaciones de la sociedad civil, se especializa en temas de transparencia, rendición de cuentas y participación ciudadana. Actualmente es directora de campañas de transparencia en @OceanaMexico, organización internacional centrada en la conservación de los océanos; la protección y restauración de los mares del mundo, y en cambios de política pública para aumentar la biodiversidad y la abundancia de la vida marina.

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