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Por Oceana México
ATARRAYA publica temas sobre océanos, diversidad marina, protección y restauración de los mare... ATARRAYA publica temas sobre océanos, diversidad marina, protección y restauración de los mares de México, así como temas de la agenda pública del sector pesquero nacional. Twitter: @OceanaMexico (Leer más)
Revertir el deterioro de la pesca
Aunque desde hace 40 años se conocen los impactos adversos de la pesca y contaminación en los mares, el escenario para éstos no ha cambiado e incluso ha empeorado.
Por Esteban García-Peña
17 de septiembre, 2019
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Cuando niño, fui atrapado irremediablemente por el interés hacia la vida y los fenómenos naturales que rodean a los seres vivos. Tanto una lombriz de tierra cuando jugaba con lodo, como el ave que se alimentaba con el alpiste que le ofrecía, siempre había algo que llamaba mi atención.

En particular, eran los peces y animales acuáticos los que mas ocupaban mi tiempo. Lo mismo la tortuga que mis abuelos me obsequiaron a los 3, como el pez Beta que pude comprar con mi primer domingo, eran motivo de total abstracción durante horas y horas de observación. 

Pero fue a los 5, cuando ocurrió algo que cambiaría mi vida: tuve entre mis manos uno de los tomos de la colección del “Mundo Submarino” de Jacques Cousteau, y desde entonces, mi principal objeto de uso cotidiano. En él, además de la gran biodiversidad de los océanos, se hablaba de la importancia de las redes alimenticias en los ecosistemas marinos, y de cómo el océano significaba una vital fuente de alimento para la humanidad.

Efectivamente, a principios de los años 70, ya se escribía y hablaba sobre la importancia de los procesos oceánicos en la vida de la gente, y de cómo las actividades humanas generaban impactos adversos, como la contaminación y la sobre pesca. Imaginen mi confusión a esa edad: ¿Por qué si es tan importante, no lo cuidamos, no lo reparamos?

Finalmente, un par de años después, a la edad de 7, pudimos adquirir la colección completa de Cousteau en casa y fue cosa de unas semanas en que, metafóricamente, devoré aquel arsenal de ideas, conceptos y conocimientos sobre la vida en el mar, sus perspectivas y los grandes retos que implica su deterioro.

A más de 40 años de distancia y tantos procesos sociales de por medio, los escenarios no han cambiado mucho para el océano. Desde mi parecer, han empeorado. Imagine cuántos informes, convenios, leyes y tratados nacionales e internacionales de protección y restauración de la vida se han suscrito. 

Desde el famoso informe de la Comisión Brundtland sobre desarrollo sostenible en 1987 y la Cumbre de Río de Janeiro en 1992 (donde por cierto, participó el mismísimo Jacques Cousteau); la Convención sobre Diversidad Biológica (1992) o el Protocolo de Kyoto (1997) sobre cambio climático; y no podía faltar la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (1982) que ordena el uso del mar y los mecanismos para el aprovechamiento sustentable de sus recursos. 

En fin, tantas leyes, acuerdos y mecanismos para aprovechar y conservar los recursos oceánicos, que parece absurdo que hoy por hoy, las tasas de contaminación y degradación sean peores. 

En México, la cosa no se ve mejor. La sobre explotación pesquera (incluyendo la pesca ilegal), la desmedida construcción de infraestructura en costas y mares, y la contaminación por fuentes urbanas, petroleras, mineras y agropecuarias, amenazan la vida de miles de especies marinas. En nuestro país, al menos el 25% de las especies pesqueras se encuentran deterioradas y un 17% en proceso de colapso, sin olvidar aquellas especies que se encuentran en peligro o que incluso han desaparecido.

Centenares de comunidades pesqueras de todo el litoral mexicano, viven cotidianamente dramáticas pérdidas en sus ingresos y en su calidad de vida por la reducción en abundancia y disponibilidad de las especies que pescan. Por esta situación, mas de 250 mil pescadores y sus familias se encuentran en riesgo y la seguridad alimentaria de las y los mexicanos se torna incierta.

Si bien, México cuenta con un andamiaje jurídico e institucional pesquero/ambiental relativamente robusto, la corrupción e impunidad, aunadas a la incapacidad e inoperancia del aparato gubernamental, tienen al sector pesquero al borde del abismo. 

Si esta situación es preocupante, más preocupante es que las acciones para revertirla han sido aisladas, desarticuladas y en la mayoría de los casos, inexistentes. No se han llevado a cabo procesos de restauración pesquera, que por una parte reviertan las causas de la degradación marina, y por otra, recuperen la abundancia y disponibilidad de la pesca. 

Un muy buen ejemplo de restauración pesquera, sucedió en la Ensenada de La Paz, B.C.S., donde un grupo de pescadoras y pescadores, con el apoyo de Noroeste Sustentable, A.C. restauraron la pesquería de challo de hacha, que años antes, había colapsado por la sobre explotación. 

Las autoridades del sector pesca, deben estar a la altura de estos retos, y asegurar que el país contará con recursos marinos suficientes para nuestro desarrollo y bienestar, contando con el apoyo y colaboración de los sectores de la sociedad.

En este sentido, es indudable que el gobierno tiene la obligación de diseñar y ejecutar estrategias y programas orientados a restaurar la abundancia de las especies marinas y asegurar que haya disponibilidad en la pesca. 

La implementación de una política pública y una reforma que obligue la restauración pesquera, es un buen comienzo. 

* Esteban García-Peña Valenzuela es director de campañas en pesquerías en Oceana México, la organización internacional más influyente centrada en la conservación de los océanos, la protección, restauración de los mares del mundo y en cambios de política pública para aumentar la biodiversidad y la abundancia de la vida marina.

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