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Por Oceana México
ATARRAYA publica temas sobre océanos, diversidad marina, protección y restauración de los mare... ATARRAYA publica temas sobre océanos, diversidad marina, protección y restauración de los mares de México, así como temas de la agenda pública del sector pesquero nacional. Twitter: @OceanaMexico (Leer más)
Una de bacalao por tres de tiburón
En diciembre de 2018 hicimos pruebas de ADN en pescado ofrecido como bacalao en la Ciudad de México. En los restaurantes nos engañaron 40% de las veces, y en pescaderías 55%. Casi siempre fue un tiburón o una raya la que nos vendieron como si fuera bacalao.
Por Renata Terrazas
26 de noviembre, 2019
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Debo confesar que aun cuando mi trabajo trata de proteger los mares mexicanos y reestablecer su abundancia, tengo animales del mar favoritos entre los que se encuentran los pulpos, la orca, tortugas y el majestuoso tiburón martillo.

Amo tanto a los tiburones martillo que desde hace tiempo me acompaña uno de peluche de nombre Martin. Así, sin acento al final. Lo encontré en algún museo de historia natural y desde entonces adorna el cuarto donde duermo; me produce fascinación observarle su carita.

El tiburón martillo es gregario, por eso luego vemos fotos de ellos nadando en grupo. Es una imagen hermosa, ver a ese depredador nadando en libertad entre tantos otros tiburones martillo. Aunque la imagen es de una falsa abundancia. Vemos muchos tiburones, pero la realidad es que no hay tantos.

Según la lista roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), estos tiburones se encuentran en peligro. Lo que significa que están a dos pasos de estar extintos.

Todavía los podemos encontrar en las costas de varios países, México no es la excepción. Tanto en el Pacífico como en el Atlántico podemos ver a estos majestuosos animales nadar y ayudar a mantener el equilibrio del océano.

Me gustan por muchas razones, pero la verdad es que esa extrañeza de cráneo me parece fascinante. No hay nada igual. Y llevan siendo así millones de años. Me gustaría que continuaran millones de años más.

Mi amor por este animal me lleva a no comerlo, a pesar de que en México y en muchas partes del mundo su pesca es legal. Tan legal que de todas las especies de tiburón que se pescan en México sumamos más de 40 mil toneladas anuales. Aún así, yo no lo como; sería el equivalente a comerme un perro, gato, caballo, tigre o elefante.

Pero incluso cuando he decidido esto, mi decisión no se respeta, no importa.

En diciembre del año pasado hicimos pruebas de ADN en pescado ofrecido como bacalao en la Ciudad de México. Fuimos a supermercados, pescaderías y restaurantes para saber si nos estaban dando bacalao y si no, qué era.

Fui a muchos restaurantes, me habré comido unas 15 tortas de bacalao, unas más ricas que otras. Tomé la prueba, la puse en el frasco para que nuestro científico pudiera extraer el ADN y continué mi camino a la espera de los resultados.

Cuando recibí los resultados, casi seis meses después, me llenó de rabia saber que una de las tortas que comí era de un tiburón martillo. Ese animal que desde niña admiro por su rareza, su fuerza y su gregarismo me lo sirvieron en una torta, como si fuera cualquier otra cosa, como si fuera bacalao.

Quiero explicarme bien. Pescarlo y comerlo es legal, como legal es comer caballo y de la misma forma me llenaría de rabia comerme a uno de esos animales majestuosos. El problema no es la legalidad de su pesca y su comercio, sino el engaño del que somos sujetos todos los consumidores en un país que se niega a construir una política de trazabilidad que nos permita rastrear el pescado del barco al plato.

En esta investigación disponible en gatoxliebre.org, descubrimos que en los restaurantes nos engañaron 40% de las veces, y en pescaderías 55%. Casi siempre fue un tiburón o una raya la que nos vendieron como si fuera bacalao. Siete de los tiburones que encontramos están en una situación delicada, sus poblaciones no aguantarán más si en el mundo los seguimos pescando sin control.

Es triste observar que estos grandes depredadores terminan en una torta con otro nombre, como si no importaran. Otro nombre porque poca gente va a un restaurante o mercado a pedir tiburón. Esas más de 40 mil toneladas al año se tienen que vender y para hacerlo recurren al engaño del consumidor.

Pero nosotros, ¿qué podemos hacer?

Lo primero y muy importante es seguir comiendo pescado. Necesitamos que a toda esa gente que le importan los mares y los animales que ahí viven, continúen siendo la voz de quienes no pueden decir nada.

Y exijamos a la Comisión Nacional de Acuacultura y Pesca (Conapesca) y a su comisionado, Raúl Elenes, que avance en la construcción de un modelo integral de trazabilidad, como lo prometieron en abril de este año.

Desde Oceana les hemos compartido nuestras propuestas para garantizar que no nos darán más #GatoXliebre mediante una política de trazabilidad. La mesa está puesta y sólo estamos a la espera de una respuesta.

Nuestros mares no están para que les demos la espalda. Ahí vive la esperanza de un mejor planeta y no podemos abandonarlos. Nosotros no estamos dispuestos a dejarlos a su suerte, ¿tú?

Nota: si te gustaría compartirnos tu experiencia comiendo bacalao, escríbenos a: [email protected]

* Renata Terrazas (@Renaterra_zas) lleva más de 10 años trabajando en organizaciones de la sociedad civil, se especializa en temas de transparencia, rendición de cuentas y participación ciudadana. Actualmente es directora de campañas de transparencia en @OceanaMexico, organización internacional centrada en la conservación de los océanos; la protección y restauración de los mares del mundo, y en cambios de política pública para aumentar la biodiversidad y la abundancia de la vida marina.

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#YoSoyAnimal
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